Me gustaría poder decidir como Messi

El siguiente artículo es una colaboración propia con el blog  ¨El punto de equilibrio¨ del equipo Bulat.

Días atrás se publicó un Tweet muy replicado y de gran repercusión en las redes sociales titulado ¨Un argentino, un uruguayo y un español encuentran un obstáculo¨. La situación objetiva de lo que se ve en el GIF es que por los pasillos de Camp Nou vienen caminando los jugadores Luis Suárez, Leo Messi y Jordi Alba. Se dirigen hacia el terreno de juego, próximos a jugar un partido. De pronto se encuentran con una baranda a cuya izquierda hay una columna y la entrada. Suárez y Messi enfrentan el obstáculo de la baranda y lo sortean, pasando el primero por encima de la misma y el segundo por debajo. Simultáneamente Jordi Alba bordea la columna hacia la izquierda y pasa por la entrada.

Hay varias aristas desde las cuales leer el motivo de la viralización: por un lado, está el ingenio de la persona que tuiteó generando el chiste que asocia a estas imágenes con los estereotipos nacionales (los latinoamericanos que siempre buscamos el atajo al orden establecido y el europeo que se ajusta al mismo); otra lectura posible, un poco más apropiada para los analíticos, es el hecho de que Messi y Suárez sean delanteros y tengan internalizado el acto de vencer a los obstáculos frontalmente, cada uno desde la conveniencia de su altura física (170 cms Messi y 182 cms Suárez), mientras que Jordi Alba, como lateral izquierdo, vira naturalmente hacia la izquierda. Y a esta lectura le podríamos agregar que, si bien estas acciones dispares las decide cada uno de ellos individualmente, en la simultaneidad de las mismas también está presente la dinámica de grupo.

Sabemos que la utilización de los estereotipos nacionales, aunque atemperada por un chiste, tiene como destino final la instalación de prejuicios y actitudes discriminatorias. Pero la otra cara de la moneda es la importancia del fútbol como festividad a nivel internacional y global para fortificar las deseadas identidades nacionales. Y es una tensión irresoluble. Así que a esta lectura la vamos a dejar de lado y nos vamos a centrar en los jugadores de fútbol de elite como la excelencia dentro de la sociedad en velocidad en la toma de decisiones efectivas en entornos muy complejos. Y con esto no pretendo decir que pasar por una baranda sea un entorno complejo, pero sí que al estar ya mentalizados para el partido que van a jugar, están operando bajo la condición de entorno complejo. Todo para ellos tiene que ser resuelto en milésimas de segundos, y dentro de esas resoluciones estará el comportamiento individual y la lectura que cada uno de ellos haga del comportamiento de sus compañeros y del entorno en general, lo que les aportará la información a ser procesada en milisegundos para sus rápidas decisiones.

En sus tomas de decisiones frente a un determinado entorno, la velocidad de respuesta de un jugador de fútbol profesional está muy por encima de la de la mayoría de los mortales, y hasta quizás también sea mucho más rápida que la de nuestros ansiosos dedos cuando deciden retuitear y viralizar una publicación. ¿Por qué? Es ampliamente sabido que la antigua forma de medir la inteligencia estaba solo vinculada al saber académico. Esta concepción ya quedó perimida y hoy en día se habla de múltiples inteligencias. El jugador de fútbol de elite combina de manera extraordinaria a varias de estas: una refinadísima capacidad espacial-situacional, una insuperable coordinación entre su cuerpo y sus decisiones y, una velocidad de respuesta envidiable hasta por el buscador de Google. Y la situación de alta complejidad a que se ve sometido el jugador es que, dentro del marco de los límites de un sistema de reglas, y en milésimas de segundos, tiene que ¨leer¨ la posición de los jugadores propios y opuestos que se encuentran dentro de su espacio de acción, simular mentalmente todos los movimientos y jugadas posibles de cada uno de ellos, conocer los comportamientos de cada uno y asociarlos a las jugadas posibles, prever las jugadas posibles, y coordinar mente, cuerpo y racionalidad para llevar a la acción sus hipótesis. Y por supuesto que es la eficacia de este proceso cognitivo la que nos lleva a considerar a la situación como de altísima complejidad.

Es posible que esto también nos lleve a plantearnos el dilema de larga data: se trata de talento natural o de educación. Entiendo que en la complejidad del mundo actual y, más aún, en la complejidad del fútbol de elite, ambas van de la mano: hace falta talento y hace falta educación. Y qué significa educación en este caso: miles de horas de entrenamientos individuales y grupales para introyectar y automatizar las velocidades de respuesta de coordinación propia y organizacional.

Para concluir, podemos pensar que al momento del GIF los tres jugadores ya estaban en situación espiritual, emocional, mental y física para ingresar a jugar. Esa era su actitud. Eran como máquinas perfectas que procesaban información a velocidades inimaginables y actuaban en consecuencia. Y esa suerte de automatización, sumada a la economía de movimientos, los llevó a operar de la manera señalada. Y en principio, todo esto ocurre más allá de sus nacionalidades…y del chiste.

Alejandro Fidias Fabri

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