Una historia (subterránea) urbana más…

DSCN0099Días atrás me encontraba en la estación Plaza Italia esperando el subte con dirección a Congreso de Tucumán. Mientras me entretenía admirando el mural del piso, obra basada en un boceto de Quinquela Martín titulada La descarga de los convoyes, veo que del subte en dirección Catedral baja un señor con el saco en la mano, y la corbata con el nudo aflojado, muy apurado y acalorado, y se dirige hacia las escaleras mecánicas. Ante mi sorpresa se enfrenta con la escalera que desciende y da un paso como para subir, que (sorpresivamente) lo devuelve a su sitio de origen. Vuelve a intentarlo con el mismo (inesperado) resultado fallido. Se detiene unos segundos a mirar la escalera para tratar de comprender aquello que le estaba ocurriendo. Quizá solo se tratara de los caprichos de extrañas divinidades centradas en complejizar su existencia. Pero de pronto se percató de que yo lo estaba mirando, abandonó el tercer intento y con un rostro que delataba cansancio y zozobra, me preguntó: “Perdón, ¿esta estación es Plaza Italia o Palermo?”. Cuando le respondí que era Plaza Italia, me contestó: “pero entonces cambiaron las escaleras de lugar…”. Como lo noté desorientado, y cansado, y sumado a ello eran las primeras horas de la tarde con una sensación térmica de 38º C, le respondí que las escaleras estaban donde siempre habían estado, pero quizá su confusión podía deberse a estar pensando en la ubicación relativa de las escaleras en el extremo opuesto del andén –aclaro que se trató de un argumento intuitivo, solo para salir del paso y quitarle carga emocional a la embarazosa situación. (Efectivamente, si uno, desde el andén, enfrenta las escaleras que dan al Botánico, la que baja está a la derecha. En cambio, en el extremo opuesto del andén, que sale a la Plaza Garibaldi, al enfrentar las escaleras, la que sube está a la derecha y la que baja a la izquierda). Le ofrecí ayuda, le señalé la escalera adecuada, se compuso, me agradeció, y subió por la misma.
Pensé que se trataba de una situación más en donde la filosofía me podía auxiliar en comprender las contingencias del presente, los «aquí y ahora». Traté en vano de rescatar de mi memoria si en alguna alegoría o mito de Platón ya estaba planteado el tema de la subida y la bajada con respecto a la derecha y a la izquierda. No me acuerdo en qué diálogo, ni podría asegurar si siquiera existió, pero tengo presente a los muertos haciendo cola frente al tribunal del juicio final para dictaminar las próximas transmigraciones de sus almas. Si mal no recuerdo –y repito que quizá mi memoria me esté engañando-, la cola llegaba a un punto en el cual el tribunal decidía si le correspondía descender al infierno (el Hades) o ir a la Tierra de los Bienaventurados. Había una circunstancia intermedia, y era aquella de las almas que debían seguir transmigrando y corporizándose en otros seres porque aún les quedaban cosas por aprender de la vida. Es así que había dos escaleras, a la izquierda –sinistra en italiano, lo oscuro, lo siniestro- la que descendía a los infiernos; a la derecha, la que se dirigía a elegir el nuevo cuerpo con el cual progresaría en el camino para llegar finalmente al paraíso o la tierra de los Bienaventurados. Pensé entonces que la historia milenaria nos decía que frente a dos escaleras, la de la izquierda debía descender, y la de la derecha, ascender. El poder o la imaginación de los mitos. Aunque es probable que las normativas actuales de la construcción validaran este hecho. Pero la realidad de Plaza Italia, no. En un extremo, la izquierda se identifica con el descenso, en el otro, con el ascenso. ¿Acaso un detalle tan menor puede tornar la vida en caótica? ¿Es posible que cuando la realidad no se adapte a nuestras proyecciones entonces pensemos que en algún otro lugar debe darse tal como la pensamos? ¿No pueden darse las circunstancias de manera tan contingente que las concatenaciones de causas y efectos no la puedan justificar? Bienvenidos al mundo en el cual ni el pasado ni el presente ni el futuro se pueden someter a nuestra humana voluntad.
Me puse a pensar también que este buen hombre, cansado, angustiado y acalorado, había elegido esforzarse cuantas veces fuera necesario para que la realidad se adaptara a él. Pretendía convertir su vida en una distópica utopía. Quizá se trataba de un eximio lector de Platón que debiera haber respetado más su intuición (o la realidad). En este caso, la realidad se oponía a ese vago –y quizá equívoco- recuerdo que tengo de las escaleras platónicas que ascienden ubicadas a la derecha de las que descienden.
Como cierre, conjeturo sobre  cuanto más le facilitaría la vida a los ciegos el saber que siempre el ascenso es por derecha y el descenso es por izquierda… aunque, en la política pueda darse lo contrario.
Alejandro Fidias Fabri

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2 pensamientos en “Una historia (subterránea) urbana más…

  1. Hola Alex : En una antigua película – El expreso de medianoche- el protagonista intenta dar vueltas en el sentido contrario a la muchedumbre en un obelisco ( o algo así).Aún mas firme que tu personaje lo sigue intentando una y otra vez….. Mientras tanto cientos de personas intentan explicarle que el sentido que “debe” usar es el otro. Me pregunto si tu “Ayuda” se trató de un argumento intuitivo, solo para salir del paso y quitarle carga emocional a la embarazosa situación, o solamente lo ayudaste para que se uniera a la “normalidad”. Me pregunto si esta mal que la realidad se adapte a mi…… ¿ Lo pensamos un ratito mas? Un abrazo.

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    • Muchas gracias, Marcelo, por tu reflexión! En principio no está ni mal ni bien el intentar que la realidad se adapte a vos, todo depende de cuál es la realidad que querés cambiar, cómo la querés cambiar, y cuáles son las repercusiones de tu cambio en el resto de la sociedad. Desde el momento en que nacemos dentro de una comunidad, hay una transacción entre libertades individuales y Bien Común.
      Si bien es muy interesante que cada uno haga uso de su propia imaginación y desarrolle su camino de pensamiento a través del escrito, pareciera que este caso difiere del que vos te referís de la película en tanto que fue el señor el que en cierta forma requirió de mi auxilio, y yo me limité a dárselo. Igualmente la situación me llamó la atención. Voy a intentar hacerme un poco de espacio para rever la película, que la tengo olvidada. Muchos saludos, y nuevamente gracias.

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