Un ejercicio de imaginación para las elecciones del 2015…

A once meses de las elecciones presidenciales, vivimos hoy situaciones dinámicas en la política, en las84b64-borgen2bthird2bseason cuales podemos ver rápidos tránsitos de los políticos desde un partido a otro. Un caso podría ser el del diputado Insaurralde, que pareciera estar deshojando margaritas. Otro, el de Lilita Carrió, quien el pasado mes dio un portazo y se retiró de la mesa de presidenciables del FA-UNEN. Quizá no debiera sorprender en una época de modernidad líquida, en la cual los lineamientos ideológicos no están explicitados como antaño, y los posicionamientos relativos dependen más de la calva ocasión, u oportunidad. Esto no quiere decir que no haya ideologías, solo que se encuentran implícitas en las acciones de gobierno. Ahora hay que deducirlas y no están grabadas sobre mármol.
Tal como adelantara dos posts atrás, la serie política danesa Borgen terminó atrapándome. Es así que llegué a la tercera temporada, en la cual ocurre una interesante dinámica de armado de coalición política, ejercicio normal en Dinamarca. El caso en cuestión particularmente difiere del nuestro en el aspecto de que los partidos que se presentan sí exhiben explícitamente sus posiciones ideológicas y políticas en lo que respecta a los temas centrales que interesan al electorado: Estado Benefactor o neoliberalismo, políticas de inmigración, adhesión automática o no a las guerras de EEUU, grado de integración con la UE, industrias ecológicas o no, etc. Por supuesto que también influyen en los votos las acciones personales de los candidatos ya sea en sus vidas privadas o en las entrevistas intimistas que se hacen en los medios. También están a la orden del día la corrupción, la extorsión, el oportunismo, los vínculos y el poder de los medios, y los saltos de un partido a otro. Tal es así que uno de los capítulos de la última temporada comienza con el reconocido quiasmo enunciado por Churchill “Algunos cambian de partido para defender sus principios, otros de principios para defender su partido”. La serie exhibe de manera atractiva la inestable dinámica entre idealismo político y realismo político.
Es así que me resonaron de manera diferente las palabras de Lilita Carrió luego de su portazo. Ella adujo en un programa televisivo que se retiró de la mesa presidenciable de Frente Amplio-UNEN porque hay sectores del Radicalismo que le están haciendo el juego a la candidatura de Scioli. Y afirma que el Partido Radical y los Socialistas están impidiendo una alianza más amplia para que Scioli gane en la primera vuelta con el 45 %. Dice con palabras pensadas que “A algunos radicales lo que les importa es su guetto local, a mí lo que me importa es la República, no me importa ganar o perder, pero mi lucha ha sido la República como lo ha sido para los Radicales de sangre. Mantengo buena relación con Sanz, con Aguad. Pero no estoy dispuesta a vivir la entrega. Esto es una parodia, es una parodia de presidenciales al servicio de Cristina Kirchner y al servicio de la impunidad, que también es la parodia de Scioli. Si esta situación cambia el año que viene, yo reveo mi posición. […] Así que si el pueblo me apoya más, seguramente podernos conducirlo, y podrá haber acuerdo con Macri.”
Esto que ella describe es comparable con la tercera temporada de Borgen. Por supuesto que hay que tener la imaginación de trasladarlo a nuestro sistema. Los mecanismos políticos de Dinamarca favorecen a las coaliciones: una mayoría de diputados o el Primer Ministro con mayoría puede llamar a elecciones fuera del calendario cuando considere apropiado o necesario. De alguna manera esta situación garantiza los pactos entre partidos: si un partido minoritario que le permite llegar al poder a un Primer Ministro se ve avasallado en sus principios o lineamientos, inmediatamente le retira el apoyo y deja al oficialismo sin mayoría o puede realizar una coalición con la oposición para remover el gobierno.
Desde otra óptica, me parece que salen fortificadas las instituciones y la República cuando se ingresa en una dinámica de un cierto bipartidismo fuerte, que solo puede alcanzar el poder mediante el pacto con partidos minoritarios. También estimo que saldríamos fortificados con una cierta alternancia en el poder. No pareciera ser muy sano ningún humano que pretenda adueñarse del poder político durante décadas. Un presidente con mayoría en ambas cámaras y con el artilugio de los Decretos de Necesidad y Urgencia es lo más parecido a un absolutismo. Quizá sus políticas puedan ser sanas para la República durante un tiempo. No para siempre ni por siempre.
Por ello creo que más allá -o más acá- de Lilita, sus palabras aclaran hacia dónde debiera dirigirse el electorado que no está de acuerdo con el actual oficialismo, y los desprendidos pasos que debieran jugar los políticos opositores de aquí en más. Por supuesto que entre los múltiples escollos que deben superar está el timing para decidir quién podrá liderar esta coalición, y quién podrá operar de garante. También deberán hacer el ejercicio de exhibir sus plataformas políticas con claridad –algo difícil en la oportunista política de hoy día- para poder cambiar figuritas y que los votantes conozcamos la fuerza resultante y los compromisos contraídos. Vale agregar que en la serie danesa en cuestión, la protagonista principal sobre el final se ve en la situación fáustica de retomar el poder como PM o de dar un paso al costado y operar de garante de los pactos, algo más sano para el Bien Común.
Alejandro Fidias Fabri®

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