Sentí una mezcla de sorpresa y desazón cuando leí días atrás que en la Cámara de Diputados de la5bddb-villaitati Nación se aprobó la iniciativa del diputadoLarroque de establecer el 7 de octubre de cada año como el “Día Nacional de los Valores Villeros” (posteriormente “Día Nacional de la Identidad Villera”). Me pregunté cómo puede ser que los argentinos tengamos como objetivo la naturalización de las “Villas de Emergencia”. Cómo podemos naturalizar la “Miseria”. Esto no implica que crea que el estatus de la pobreza sea carente de valores o que de él no puedan surgir valores deseables para el resto de la sociedad. Mi sorpresa radica más bien en el hecho de pretender de alguna manera festejar el hecho de la villa miseria, de seres humanos que viven en hábitats que en algunos casos llegan a ser subhumanos.
Si bien en general tengo un cierta dosis de descreimiento de gran parte de los artículos periodísticos, llamó mucho mi atención uno que escribió Mempo Giardinelli titulado “Villa Miseria también es Argentina”. Allí describe el impacto que le causó el entrar en contacto con la Villa Itatí en Quilmes y ver las taperas en que viven las personas, los chicos desnutridos, los perros famélicos, y el grado general de degradación. La verdad que fue una lectura que me hizo doler el cuerpo. Hace muchos años que no ando por esa zona. En el entremedio de estas circunstancias, se dio el hecho del casamiento del diputado Martín Insaurralde con la modelo y vedette Jesica Cirio. Me hizo ruido no la ausencia a la fiesta de los invitados, el diputado Sergio Massa y el gobernadorDaniel Scioli, sino el espacio que ambos, junto con sus esposas, dedicaron en los medios para explicar los motivos que los llevaron a faltar. Massa porque su mujer había tenido problemas de pinzamiento de las cervicales luego de recorrer los barrios inundados durante la semana, y Scioli porque había tenido una agenda muy cargada de actividades en Mar del Plata. Me pregunté por qué dar tanta explicación pública: si son amigos de Insaurralde les hubiera bastado con la explicación privada. También me pregunté si en realidad estos dos funcionarios que trabajan en aras del Bien Común, tendrían que haber dejado pasar la circunstancia sin dedicarle espacio en los medios y solo hubiera sido necesario dar explicaciones públicas (al electorado) en el caso de que hubieran asistido a una ceremonia tan banal y dispendiosa. Es como el mundo al revés: cuando se ponen serios (porque les conviene) se disculpan por no ser banales, cuando en realidad se debieran disculpar cuando son banales y exhiben situaciones de dispendio económico frente a la pobreza estructural de una importante parte de los ciudadanos (sus representados). Al naturalizar el hecho de dar fallidas y no sentidas explicaciones de por qué no son frívolos y banales, de alguna manera están reproduciendo la injusticia del privilegio social con que cuentan estos errados políticos que leen de manera equívoca las necesidades del pueblo. Es tratar al pueblo de ignorante. Vino también a mi mente el robo de un BMW 328 modelo 2013 valuado en más de U$ 50.000 de que fue víctima este año el senador Aníbal Fernández, que casualmente o causalmente también fue intendente del Partido de Quilmes -ubicación de la Villa Itatí- por cinco años.
Toda esta situación me hizo repensar mi primera opinión negativa sobre el “Día de la Identidad Villera”. Ahora pienso que es una forma de darle visibilidad a la vulnerabilidad. Pienso que si tenemos políticos tan insensibles como para andar exhibiendo lujos en un país que tiene aún muchos sufrimientos por superar, es una manera de recordárselos. Es una manera de que se pongan como objetivo la superación de esos hábitats subhumanos. Creo que en realidad con políticos que quizá visiten asiduamente al Papa pero que poco entienden del amor al prójimo y de la categoría de fraternidad, tenemos lo que nos merecemos. Quizá Duhalde se equivocó y no es que estemos condenados al éxito sino a la proliferación de las villas miseria. Hoy por hoy, las villas forman una parte relevante de nuestra identidad argentina. Por ello me parece que tener una fecha que nos lo recuerde puede operar de inspiración para que las palabras y los actos de los políticos se alineen con las reales necesidades del pueblo. Quizá llegue así el día en que no sea necesario ni derogar la ley del “Día Nacional de la Identidad Villera”, pues ya los argentinos no nos sentiremos representados por la misma.
Alejandro Fidias Fabri

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