Justa de caballeros
Justa de caballeros

Días atrás, ya un poco cansado de recibir fanáticas cadenas de mails de contenido soez (y clasista y semianónimo y quizá hasta con alguna discriminación de género) anti-oficialista, se me ocurrió juntar algunas y responderles conjuntamente (pero de manera individualizada). En general se trataba de personas de mi conocimiento. Mi respuesta fue la siguiente: “Visto que se trata de personas que han tenido la oportunidad de recibir buenas educaciones y han tenido vidas relativamente acomodadas, esperaría de ustedes algo más inteligente que el mero reenvío de cadenas anónimas que critican de manera soez a todas las acciones de gobierno (¿no será mucho pensar que TODAS las acciones son repudiables?). Desde mi punto de vista, ese acto encierra cobardía desde dos aristas: primeramente, está la cobardía de quien diseña arteramente el contenido insultante del mail, y que luego lo envía por diversos canales, sin firmarlo. Hasta es posible que dicho mail vaya acompañado de instrucciones precisas sobre cómo debe ser reenviado para mantener el anonimato de la fuente original y de los subsiguientes eslabones de la cadena. Este comienzo anónimo es la primera cobardía. La segunda cobardía está presente en aquellos que reciben esta cadena y la reenvían. En sus actos está implícito este pensar: “Yo no lo escribí, fue otro, yo solo la reenvié”. Quiere decir que la cobardía estaría presente tanto en la fuente de la cadena de mails, como en los eslabones que solose limitan a su reenvío. Firmado: Alejandro F. Fabri.”

Bien. Como es de suponer, recibí alguna que otra respuesta elevada de tono. La que más llamó a mi atención fue la de una pareja de conocidos, ambos recientemente jubilados (uno de ellos merced a la legislación de la última década), y con un digno pasar. Se trató de un amenazante llamado telefónico de ellos en el cual era increpado por adjudicarle cobardía a los que reenvían cadenas anónimas de insultos opositores a TODAS las medidas de gobierno. Tuve que escuchar no solo la ratificación de los insultos de sus cadenas de mails sino con un incremento de tenor, para finalizar con inquietantes (y autoritarios) dichos: “¡Te falta tino. Tené cuidado porque así te estás ganando muchos enemigos!” Me quedé pensando si solo hablaban desde el lugar que los afectaba a ellos (el de ser reenviadores seriales de cadenas de mails insultantes) o se creían que eran portavoces de algún colectivo.  También me quedé pensando en un aspecto paradójico: muchas de las cadenas que recibí de parte de ellos se refieren a un presunto ejercicio deplorable del oficialismo, el de clasificar las relaciones bajo la categoría amigo-enemigo. Cómo puede ser entonces que estas personas ahora me tilden de enemigo. ¿Acaso será que en sus actos adhieren a lo que con palabras (de otro, anónimo) repudian?
En cuanto a las respuestas escritas que recibí de los restantes destinatarios, fueron meras (y poco reflexionadas) justificaciones olvidables. Al repensar lo sucedido, hacían eco en mi mente las palabras “…así te estás ganando muchos enemigos…”. No estoy seguro si me hacían acordar la época del Proceso, el autoritarismo que viví en el colegio secundario (bajo épocas del Proceso), o el que viví en la conscripción, o a personas clasistas que conocí a lo largo de mi vida. O todas estas circunstancias. Al final de este pensamiento, debo confesar que solo emergía de mí una sonrisa irónica. No podía ser de otra manera.
Bien. También se me dio por preguntarme cuál podría ser el origen de este fenómeno de las cadenas de mails insultantes. Y, aunque lo desconozcan por ausencia de reflexión, claramente son funcionales a la desazón de los grupos opositores y futuros candidatos presidenciales, por la centralidad política del oficialismo. Los norteamericanos llaman lame duck (pato cojo) al presidente que no puede ser reelecto y que está en su último año de mandato. Aunque mal les quepa, CFK no solo no está en ese lugar de pasividad sino que continuamente sigue ejerciendo acciones políticas de enorme contenido y significancia que dejan paralizada a la oposición y la convierten en una oposición lame duck (tengamos presente que también la oposición podría estar en su último año de “mandato”). Es así que cabe esperar que cuando no hay ni representatividades ni acciones opositoras recordables, solo queda el lugar del insulto (y del anonimato). Qué bueno sería recibir cadenas de mail con propuestas (creativas), y nominalizadas.
Alejandro Fidias Fabri
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