En el último post nos referimos a una posible vinculación entre la tríada de principios democráticos aportados por la Revolución Francesa (liberté-egalité-fraternité) y la videocámara de vigilancia (como una metáfora de la necesidad de controlar y vigilar a la ciudadanía). Vamos a dejar de lado momentáneamente el concepto de fraternidad y avanzar con los dos restantes. Es sabido que el requerimiento de «libertad» se fundó contra el absolutismo de Luis XVI, y que el requerimiento de «igualdad» se fundó contra una sociedad desigual, estructurada sobre privilegios aristocráticos. También es sabido que esos dos principios, en las sociedades democráticas liberales -en todas sus variantes- de hoy día, presentan no solo un equilibrio inestable sino hasta una discordancia. Si nos preguntásemos quiénes son los sujetos y cuáles son los objetos de esa libertad y de esa igualdad, rápidamente caeríamos en la cuenta de que es tan imposible la libertad de todos en todo aspecto, como la igualdad de todos en todo aspecto. En el primer caso se alcanzaría una situación de bellum omnium contra omnes  -si todos gozáramos de un tipo de libertad natural, e hiciéramos lo que nos viniera en gana, terminaríamos peleándonos entre todos, o siendo dominadores y dominados-, y en el segundo caso alcanzaríamos un estado totalitario que permanentemente controlara y compensara las desigualdades naturales y culturales. Ambos casos extremos serían absolutamente indeseables. Quiere decir que la libertad total prácticamente anularía a la igualdad, y la igualdad total prácticamente anularía a la libertad. Es así que las diversas mezclas posibles de ambos principios –la coexistencia en diversas proporciones de libertad e igualdad- serán todas inestables. Habrá un intercambio permanente: obtengo mayor libertad a expensas de la igualdad, y obtengo mayor igualdad a expensas de la libertad. Además, habrá períodos históricos en los que se buscará profundizar la libertad y otros en los que se buscará profundizar la igualdad. Por supuesto que siempre tenemos que considerar el contenido de cada uno de estos dos conceptos: libertad en qué sentido y de quiénes, e igualdad en qué sentido y de quiénes.

Bien. En un segundo recorte nos vamos a ocupar de la libertad en un régimen de democracia liberal. Y aquí veremos la necesariedad o no de adosar una cámara de videovigilancia al concepto: esto es, libertad “con” videovigilancia, o libertad “sin” videovigilancia. En un principio pareciera ser que la libertad también es antagónica con lo que la videovigilancia representa -por el simple hecho de que la vigilancia es una coacción o un limitante de la libertad. Pero no es tan así. ¿Por qué? Cuenta Foucault que la razón de la democracia liberal es la de producir y administrar libertad. El costo de producción de libertad es la seguridad. Son las dos caras de la misma moneda. Quiere decir que para que haya libertad, esta deberá ser “fabricada” con el costo de también “fabricar” seguridad (nos referimos aquí a todo tipo de seguridad, no solo a la física). El punto óptimo de libertad y seguridad que una democracia liberal debe encontrar y producir dependerá de cuáles sean las limitantes (o coacciones) individuales que deba construir para no hacer peligrar el interés de todos, o más bien el de la mayoría. También dependerá de la historia propia de esa sociedad, y del contexto político regional y global. Podríamos decir que si bien se trata de una decisión política, también es una decisión de mercado (habrá una oferta y una demanda). Es como que cada Estado (y sociedad), en cada momento histórico, decide o elige los procedimientos de coacción y coerción que generará como contrapartida de las libertades que producirá. Y ese será el punto adecuado (e inestable) de ese momento para el supuesto bienestar de la mayoría (y no de todos).
Para cerrar, pensemos en la reversión de la operación: recuperemos el concepto de fraternidad. Quizá sea este concepto, históricamente relegado a la religión y no exitoso en la política, el que favorezca o permita la connivencia de los antagónicos conceptos de libertad e igualdad. En su defecto, nos queda la propuesta de Balibar de egaliberté (algo así como “equilibertad”) que sería un concepto que encerraría la idea de que libertad e igualdad van hermanados, no puede haber más igualdad a costa de libertades fundamentales, y no puede haber más libertad a costa de igualdades fundamentales. ¿Cuáles son fundamentales? Ese será tema de otro escrito.
Alejandro Fidias Fabri
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