Entrada al Credit Municipal de Paris
Me hago la pregunta como ciudadano: ¿Y si acaso no brillara el sol?  Pero, ¿A quién le pido la respuesta? A la política (refiriéndome a «los políticos») o a nuestra ciudadana politicidad. Cuando se la dirijo a «los políticos» me estoy refiriendo a los funcionarios públicos y a los políticos profesionales, en ambos casos, una mala traducción de public servants, servidores públicos. Quizá antes de querer operar una transformación sobre estos elegidosque nos representan, debiéramos operar una tranformación sobre el lenguaje. Quizá si  nuestros funcionarios públicos se llamaran a sí mismos servidores públicos comprenderían desde su esencia que su función no es enriquecerse ni acaparar poder por el poder mismo, sino simplemente servir a lo público y al público. Pequeña diferencia (en cuanto a que solo se trata de una reforma lingüística), pero enorme diferencia (en cuanto que se trata ni más ni menos que de servir a la ciudadanía). Estamos mal acostumbrados a recibir presentes griegos: hermosos caballos de madera (los políticos) recubiertos de hermosas promesas (las campañas) que tarde o temprano, actuarán con furtividad, se descolgarán del mismo (caballo) para defraudarnos y engañarnos. Mientras tanto, en lugar de funcionar los mecanismos legales de vigilancia a nuestros servidores públicos, somos nostros los ciudadanos de alguna manera empobrecidos los que somos más y mejor vigilados (y no cuidados).
La fotografía agregada a este artículo opera de metáfora de los modernos dispositivos disciplinarios de gobiernos “democráticos”: en este caso, se trata del Banco Crédit Municipal de Paris, conocido desde hace más de 350 años como el banco de los pobres (por haberse originado en los préstamos  a los pobres a bajas tasas con bienes en garantía), que tiene dos columnas laterales a su portal de la entrada principal, cada una con la inscripción de la divisa revolucionaria liberté-egalité-fraternité. Es sabido que en sus orígenes esta divisa se completaba con la opción ou la mort (o la muerte), impuesta por el terrorismo de Estado liderado por Robespierre. En el juego de la fotografía podemos pensar en la tríada formal de la divisa (los valores perseguidos por la Revolución Francesa), acompañada contingentemente por una de las modernas cámaras de vigilancia. También accidentalmente podemos pensar a esta cámara ocupando el lugar que dejó libre el sintagma ou la mort. ¿Qué tendrían ambos en común? Por un lado, la herencia del absolutismo francés; por otro lado, la vigilancia del ciudadano, para matarlo físicamente en épocas de Robespierre, para coartar sus libertades en épocas actuales (podríamos pensarlo como una muerte espiritual). En el código técnico de la cámara de vigilancia está inscripta la mirada del Rey que mira sin ser visto, está inscripta la asimetría del poder regio, y en cierta forma está tenuemente inscripto el terror.
Para comprender la estructura de la vigilancia y el disciplinamiento de la mirada del Rey, Foucault realizó un análisis del famoso Panopticón de Jeremy Bentham y de su antecedente, la Menagerie Real de Versailles construida en 1662 por el arquitecto Louis Le Vau para el Rey Sol, Luis XIV. Esta casa de fieras del Versailles, para el entretenimiento real, era todo un símbolo del proceso absolutista de racionalización cultural y del dominio de los hombres y de la naturaleza. Los avances científicos del s. XVII iban en esa dirección: primero cuadricular, para luego dominar. Los animales exóticos y salvajes, previamente sueltos por los jardines reales, fueron sectorizados persiguiendo una supuesta lógica racional, e instalados bajo una lógica de poder furtivo.
La Menageriefue la primera edificación del predio real de Versailles, un modelo en pequeño de lo que luego sería el Palacio de Versailles. Se trataba –ya no existe- de un edificio central octogonal rodeado perimetralmente de siete áreas de contención de especies. Esta estancia-observatorio que era el salón octogonal, presentaba siete lados que daban cada uno a una zona de exposición delimitada o cercada, y un octavo lado que era la entrada al salón. Estaba inscripta la asimetría del poder del soberano por sobre el de las especies ubicadas en su disposición analítica del espacio. Estos animales estaban objetivados por el Sujeto (el Rey, único sujeto no sujetado) que es la mirada regia. Según Foucault, este puede haber sido el sistema en el cual se basó posteriormente el Panopticón de Bentham, donde el animal es cambiado por el ciudadano y el rey por la maquinaria furtiva de ver sin ser visto.
Pareciera ser que el sol no brillara en esta cuestión. Ahora en lugar de profundizar un análisis que pudiera llevar más justicia (en lo distributivo) a la sociedad, cada vez se concentra más la riqueza, y los gobiernos se remiten principalmente a reproducir los sistemas coactivos de vigilancia, ahora no solo con videocámara sino también con drones. Las realidades van lentamente hacia el camino de convertirse en distopías. ¿Y qué del ciudadano de a pie? Seremos cuadriculados y vigilados. ¿Por quién? Y, por los poderes. Siempre que no brille el sol, seremos el pato de la boda.
Alejandro Fidias Fabri

 

Reconstitución virtual de la Menagerie del Versailles.
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