El panoptismo volador con drones policiales.

El “Metrocóptero” de la Metropolitana.

Los drones para uso civil han llegado a la Argentina. Si bien nos encontramos en una etapa germinal e incipiente del mercado, y aún no hay un marco regulatorio que ampare a dicha actividad, ya los ciudadanos hemos sido objeto de publicidad a través de los medios de comunicación masiva por parte de entidades estatales tales como la ARBA (cada tanto invadealgún country con un dron buscando detectar construcciones no declaradas), las fuerzas de seguridad del Partido de Tigre, la Policía Metropolitana de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Policía de la Provincia de Buenos Aires (cubriendo las redadas al narcotráfico), y otras tantas. Digamos que esta tecnología de los drones es una ampliación de la moderna sociedad de disciplinamiento descripta por Michel Foucault, y su “huevo de Colón”, el Panóptico de Bentham, llevado al aire libre. Y es también una extensión a la sociedad de control (donde ya la vigilancia no se ejercita solo por medios visuales (pan)ópticos, sino que es postpanóptica: entran a jugar todas las modernas tecnologías de la información, tales como la tarjeta SUBE, las tarjetas de crédito y débito, la lectura de e-mails, la documentación de identidad Biométrica, etc.). Pero no tenemos que adjudicarle al dron la carga de ser una tecnología que viene a exacerbar el control y la vigilancia sobre nosotros, los ciudadanos. Bien reflexionó el pensador galo Gilles Deleuze que “Es sencillo buscar correspondencias entre tipos de sociedad y tipos de máquina, no porque las máquinas sean determinantes, sino porque expresan las formaciones sociales que las han originado y que las utilizan”. Digamos que no seremos ahora más y mejor controlados porque hay drones, sino porque está contenido en la ideología del gobierno de masas la utilización del Panóptico volador, el dron. Es la vigilancia de las masas traducida a una tecnología que algunos interpretarán como avasallante de los derechos y libertades civiles –y aún los constitucionales-, y otros la interpretarán como un refuerzo a su seguridad ciudadana. Unos tendrán la “sensación” de menor seguridad jurídica (a sabiendas de que se ceden derechos civiles en tanto que se está hipervigilado y controlado), otros tendrán la “sensación” de mayor seguridad física. Un ejemplo es la manifestación de la CGT del 18 de mayo ppdo. en Plaza de Mayo, sobrevolada y filmada por un dron de la Metropolitana.

Un reconocido penalista argentino explicó días atrás que para mantener bajo control a las sociedades de hoy día, es necesario un determinado porcentaje de criminales y delincuentes. Estos crímenes y estos delitos, cuanto más radicalizados y publicitados sean, serán los mejores garantes del sistema de justicia que avasalle derechos y libertades civiles con la aceptación de la sociedad -es más, no solo con la aceptación sino con la demanda. Un clima más policial será un clima más apacible. Esta es la percepción del ciudadano medio. Pero este poder requiere de un enemigo interno. Y además de ello, no es despreciable el hecho de que el rubro seguridad y vigilancia se convierte en un enorme y excelente negocio funcional al sistema imperante. Es así que en un Estado policial todos aceptamos ser sospechados criminales en potencia para dejar de ser supuestas víctimas en potencia. Como ejemplo radicalizado, se me ocurre la humillante revisión y control que un viajero tiene que vivir al embarcarse en un aeropuerto norteamericano: hay que colocarse junto a una cinta transportadora, dejar los zapatos y el cinturón en un canasto, vaciar el contenido de los bolsillos en el mismo, ingresar en un habitáculo de acrílico transparente, pararse en el centro, levantar los brazos y mantenerlos levantados mientras  pasa por el perímetro una especie de cabezal sensor. Uno se siente como si fuera pasado por una fotocopiadora. Al fin de este proceso solo queda la revisión policial con un detector, y luego uno puede retirar su canasto de la cinta transportadora. Cualquier semejanza con la imagen que se tiene del ingreso y la salida de un calabozo, es mera coincidencia. Esto, en el país de la libertad. Una especie de fordismo invertido.
Bien, retornando al tema drones en la Argentina, y específicamente a aquellos de vigilancia y control, en ciudades que carecen de marco regulatorio, dos son los temas relevantes a tratar: por un lado, legislar para hacer más seguros los espacios aéreos y limitar los accidentes con las plataformas drones; por otro lado, salvaguardar los derechos civiles y las garantías constitucionales del ciudadano (en lo referente al Derecho de Imagen, a la Privacidad, a la intimidad, a la libre circulación, etc.). Un Estado de Derecho debe proveer Justicia y Seguridad. Aún así, nuestras experiencias frustrantes ya nos han llevado a la famosa pregunta de la Sátira Sexta de Juvenal: ¿Quis custodiet ipsos custodes? (¿Quién vigilará (efectivamente) a los propios vigilantes (que nos vigilan)?). ¿Contemplará la legislación el procedimiento y la autorización judicial para las misiones policiales con drones, contemplará el tratamiento y posterior destrucción de todas nuestras imágenes relevadas?
Quizá mi apreciación sobre el escenario del Panóptico volador sea demasiado pronta para la Argentina, pero que va a llegar va a llegar, más temprano que tarde. Es así que a partir de ese instante, mientras andemos por la vía pública, nuestros pescuezos nuevamente se endurecerán de mirar para arriba (esperando que no se nos caiga un dron encima), contrariamente a los dichos de Larralde en Herencia para un hijo gaucho (“de mirar pa’arriba se me endureció el pescuezo, ¿De ahí?…de ahí aprendí a mirar pa’abajo”).
Alejandro Fidias Fabri
Link a artículo de Noticias Urbanas Nro. 463: la legislación de los drones. El Espía perfecto.
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2 pensamientos en “El panoptismo volador con drones policiales.

  1. Así es, Susana! Digamos que el Panopticon de Bentham se refería a una estructura carcelaria con una torreta central que permitía ver la totalidad sin ser visto (instalación de la díada ver-no ser visto). Supuestamente el guardia podía durante las 24 horas ver al reo sin que éste lo pudiera ver, pero sí supiera que lo estaban viendo. Aunque algunos denominan control postpanóptico al posteriormente desarrollado por las modernas tecnologías informáticas, en realidad es una metáfora del panóptico: es una ampliación al mundo virtual de la díada ver-no ser visto, del mundo real. A su vez, como novedoso le podemos agregar una forma de disciplinamiento más sutil: somos “vistos” y luego colonizados por los aparatos de propaganda.

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