Reconozco una cierta adicción al café. Es así que hoy, movilizado por una oferta de precio de un 20 % por debajo del usual, junté fuerzas y me fui a un renombrado supermercado a comprar dos frascos de un también renombrado café. Había muy poca gente, quizá por las vacaciones de invierno, quizá por nuestro registro de los abusos de algunos comercios. Tomé un canasto y me dirigí directamente a la góndola de infusiones. Estaba el cartel con el precio de la oferta, pero no había stock. No me extrañó. Así, me dirigí a la salida, dejé el canasto, y me fui sin café. El supermercado especula y malinforma y yo ejercito mi derecho de consumidor, y elijo no consumir y no discutir. Elijo vivir y dejar vivir. A la salida me crucé con Oscar, mi conocido vecino del barrio, quien me invitó a tomar un café. Fuimos a un bar nuevo, y una vez sentados, pedimos nuestros respectivos cafés.
-Qué bueno que te encontré, Alejandro, -me dijo Oscar, y agregó- tenía muchas ganas de verte. Necesitaba hablar con alguien sobre el caso de Griesa y los fondos buitres. No entiendo lo que está pasando. Yo creía que hoy entrábamos en default. Me acordaba de las veces anteriores y veo que no hay corridas bancarias como en esas épocas. Y, la verdad, entiendo menos. Para mí casi no hay diferencia entre Mascherano arengando a Romero en el partido contra Holanda y Kicillof discutiendo en Nueva York con los fondos buitres. ¿Vos qué opinás?
– Mirá, Oscar -le respondí mientras disfrutaba del excelente café con crema- yo tampoco soy un experto en el tema, pero al igual que vos veo la situación como algo épico. Es verdad que la presidenta dijo en su discurso de hoy que ella no se ve reflejada en ninguna épica ni quiere ninguna estatua ecuestre como San Martín. Incluso llegó a decir “No me voy a subir a ningún caballo”. Por supuesto que no lo compararía con Mascherano en el partido contra Holanda: en este caso hay connacionales que pueden llegar a situación de hambre, y hay generaciones que pueden llegar a ser hipotecadas. Es un tema mucho más serio. A mí la situación me resulta al menos paradójica: por un lado se ve que solo unos pocos políticos y economistas que están más a la derecha de la derecha han estado de acuerdo con una postura de cumplimiento con las exigencias de los fondos buitres y la decisión de Griesa, y por otro lado se ve que aún con los problemas de inflación y quizá de estanflación, el país sigue andando, no hay corridas bancarias, no hay remarcaciones de precios descontroladas, y ha habido un importante movimiento turístico interno en las vacaciones de invierno. Es como si de alguna manera todos, oficialistas y antioficialistas, nos sintiéramos bien representados en la defensa de este caso.
-¿A vos te parece, Alejandro?- me preguntó Oscar algo sorprendido. Y continuó diciendo –yo te hacía que estabas más crítico del gobierno.
-Mirá, Oscar, finalmente me he colocado en una posición más neutral. Creo que solo desde ese lugar se puede pensar. Ni fanatismos a favor ni fanatismos en contra.-le respondí a Oscar con ciertos visos de seriedad. Y agregué –Verdaderamente creo en una mejora continua de la democracia. Iterativamente la iremos perfeccionando. Mientras tanto te puedo decir que después de finales del 2015 sí vamos a extrañar la ejecutividad y el discurso de Cristina. Dejo de lado las acusaciones de corrupción y, por supuesto que me gustaría que no fueran verdad. Me pregunto cuál puede ser la justicia social de un gobierno que es sistémicamente corrupto. Pero, debo confesarte que con los años que tengo de vida no he visto a ningún presidente que tuviera la efectividad política de éste. Día a día me sorprende más cómo le pone el cuerpo a los conflictos políticos y la creatividad que demuestra. Es más, si bien muchas de las piezas retóricas de Cristina son paradigmáticas, aprendí a medir al kirchnerismo más por sus actos. Hasta es más, sus discursos quizá no reflejen sus actos porque también son actos. Y efectivamente veo que estamos haciendo historia con el tema de Griesa. También creo que cualquiera de las dos opciones va a tener un costo en la población. Pero se trata más de una ética deontológica y no consecuencialista. Para decirlo en criollo, “sea pato o gallareta”, la del gobierno es en este caso particular una acción ética. Para terminar, te agrego que me gustaría que el próximo gobierno tenga al menos la capacidad de gestión de éste y que además lograra erradicar la pobreza. Perdón, y si es posible que también erradicara a la corrupción.
-¿Entonces a vos te parece bien la postura del gobierno con los fondos buitres?¿Vos creés en el eslogan que compara el antagonismo «Braden o Perón» con «Griesa o Cristina»?- me preguntó Oscar mientras pedía la cuenta.
-Dejá, Oscar, ésta la pago yo- le dije mientras le daba un billete de $ 100 al mozo. –Te cierro con una opinión respecto de la mediatización del conflicto: Yo no creo que sea «Griesa o Cristina», ni creo que sea «Griesa o el Pueblo argentino». Mi querido Watson, hay que seguir la pista del dinero: se trata de una pocas personas que viven de la especulación y que no les importa en lo más mínimo el prójimo. No les importa si se trata de dejar a un país o a millones de personas en la calle. Quizá podría pensar el antagonismo como el que se popularizó durante la crisis financiera mundial del 2008: es el 1% o el 99%. Estaría bueno que algún día fuera el 1% “y” el 99%.
-Bueno, Alejandro, muchas gracias por el café. No estoy seguro de agradecerte por tus opiniones. No sé si me voy más tranquilo o más intranquilo.-me dijo Oscar mientras se despedía con un abrazo.
Alejandro Fidias Fabri
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