«Robotaxi»,…un poco de futurología urbana.

Llegaba tarde. Eran las 13:55 y había quedado en encontrarme a las 14:00 con María en la entrada de la Rural por Av. Sarmiento. Queríamos ir a ver la exposición ganadera, y sentir la conexión urbana con la naturaleza, con los animales. En realidad queríamos conectarnos con la vida real.
A las apuradas salí del edificio de Alvear 1807, saqué rápidamente el Smartphone, y presioné la tecla de la aplicación «ROBOTAXI». Apareció en pantalla el mapa con una flecha señalando mi ubicación y con dos teclas que indicaban las dos opciones –«robótico» o «con conductor». Con la primera opción el taxi tardaría 5 minutos en llegar a mi encuentro y, con la segunda, 23. Presioné «robótico». Inmediatamente se me indicó en el mapa una segunda flecha titilante que marcaba la posición del «Robotaxi Unidad 589». Estaba a solo siete cuadras. Podía ver en la pantalla como se iba aproximando. Eso me tranquilizó.
El «Robotaxi» estaba llegando. Puso en pantalla la imagen de todas las personas que se encontraban en esa esquina. Centraba la cámara, apuntaba a cada uno de los presentes, leía los rasgos y mediante rápidas iteraciones los comparaba con todas las fotos de cara que estuvieran en internet. Le apareció mi foto con la correspondiente ficha técnica. Ello le serviría para seleccionar el tipo de diálogos que se podría entablar.
El «Robotaxi» se detuvo junto a mí. Ingresé en el mismo. Nunca había tomado uno. Me habían dicho que tenía un sensor que detectaba la cantidad de personas que ingresaban y mediante un lector de identidad llegaba a identificar a cada uno de los pasajeros.
Cuando me senté observé la pantalla gigante HD que cubría todo el respaldo del asiento frontal. Estaba dividida en tres partes: a la izquierda había una animación en 3 D de un conductor, en el centro la imagen de lo que se veía desde el parabrisas delantero, a la derecha había un tablero digital con la imagen del mapa de donde nos encontrábamos.
Cuando cerré la puerta el conductor de imagen animada en 3D se dio vuelta y, mirándome con una sonrisa, me preguntó con voz metálica y monocorde: “Buenas-tardes, Alejandro. Bienvenido-al-servicio-de-Robotaxi. Por-favor-acerque-su-tarjeta-SUBE-al-lector-que-tiene-adelante-suyo-y-luego-ingrese-la-dirección-de-destino.”Apoyé la tarjeta en el lector y apareció por unos segundos la imagen «Procesando…» junto con un relojito de arena que giraba. Algo perplejo me concentré en observar las dos opciones que aparecían en el menú: «orden verbal» u «orden escrita». Presioné «orden verbal» en la pantalla táctil. Inmediatamente aparecieron las opciones «entidad/edificio», «calle y número» y «calle y cruces». Toqué la tecla «calle y cruces». “Alejandro-indique-el-destino-Alejandro-indique-el-destino-Alejandro-…”, empezó la imagen animada del conductor a repetir como disco rayado. Desesperado y tartamudeando le respondí “La Rural, entrada de Sarmiento”, esperando que supiera comprender la orden. Rápidamente la voz metálica y monocorde me contestó: “Calculando…La-Rural-entrada-Sarmiento…Calculando… Tiempo-estimado-de-arribo-11-minutos-13- segundos”. Me tranquilizó el hecho de que no me retrasaría tanto.
Terminada la operación me relajé en el asiento y me puse a ver las pantallas. Recordé los antiguos taxis que tenían ventanas laterales, ventana trasera y parabrisas. Me gustaba distraer mi mente viendo a través de los vidrios el ir y venir de personas y de autos. Me gustaba ese toque de «realidad» real. Ahora ya no hay más ventanas, solo hay pantallas digitales de alta definición. Solo se ven imágenes de gente feliz, y de autos lujosos. Finalmente se pudo erradicar a la pobreza. Pensé en las décadas y siglos que había llevado llegar a darse cuenta de la solución a la pobreza: mediarla con pantallas que solo mostraran riqueza y bienestar. Pensé en lo “bueno que está Buenos Aires”. Ya no hay baches, no hay piquetes, no hay basura a la vista, no hay edificios derruidos, no hay indigentes, no hay pobres, todos conducen educada y respetuosamente por sus carriles, no hay bocinazos. Solo hay pantallas digitales HD. Qué buenas han sido las últimas gestiones de gobierno. Siempre supe que la democracia iterativamente nos llevaría a una situación de confort.
Mientras viajaba cómodamente, entrecerré los ojos y me puse a pensar que “Todo es posible en la…todo es posible en la…Dimensión Desconocida”.
Alejandro Fidias Fabri
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