Una historia urbana (presuntamente antipolítica) más …

Barrio Once, martes a las 11:30 de la mañana. Estaba yo en la parada de Avda. Pueyrredón entre Avda. Córdoba y San Luis, dispuesto a tomar el colectivo 118 o el 41 con destino Plaza Italia. De pronto veo venir hacia mí a un señor anciano, bastoneando la calle. Daba pasos cortos, moviendo sus piernas de una manera maquínica. Su andar se asemejaba al de un juguete eléctrico. Al llegar a mí, alza un poco la cabeza y me mira por encima del marco de sus anteojos, preguntándome: -Perdón, ¿Aquí para el 118?
Le contesté que sí, ante lo cual me agregó –Me podrías avisar cuando viene y me podrías ayudar a subir.
-Por supuesto, ¡despreocúpese!- respondí de manera contenedora.
A los pocos segundos de estar parados el uno junto al otro, me puse a observarlo disimuladamente: tenía un elegante sombrero negro y también un alguna vez elegante sobretodo color gris oscuro. A este último se le veía el borde del bolsillo derecho desgastado y deshilachado hasta llegar al forro del mismo. Seguramente era el resultado de los varios inviernos en que había estado amparado por él, de las varias veces que habría abrigado su mano en el mismo. Los anteojos los tenía colocados casi en la punta de su nariz, a la manera del Gepetto de Pinocho. Sus ojos eran de un celeste muy clarito, con una mirada que entremezclaba zonas chispeantes con zonas seguramente veladas por unas incipientes cataratas.
–Vine hoy porque dicen que posiblemente mañana haya un paro de colectivos. Yo tengo más de 90 años y no puedo andar arriesgándome. La verdad que esta ciudad y este país se han convertido en un caos. Lo que ocurre es nunca visto. Yo viví la Argentina de los años ´40. No te imaginás el país que era. Uno de los más ricos del mundo. Hoy, si uno cree que lo peor ya ha pasado, es un engaño, el gobierno siguiente lo va a superar. ¿A vos te parece que se puede andar tranquilamente en una ciudad con piquetes, paros, inseguridad…? Todos los políticos son unos sinvergüenzas, todos roban, todos son corruptos…tanto el oficialismo como la oposición, la izquierda, el centro, y la derecha. Cristina, Macri, Scioli, Massa,…son todos iguales. Yo a esta altura de mi vida estoy decepcionado. –me dijo mirándome fijamente a los ojos.
Tamaño pesimismo me dejó boquiabierto.–Pero, ¿usted me está queriendo decir que no debiéramos ser gobernados? – le respondí intentando buscar una salida a su desazón.
-No, no es eso lo que te estoy queriendo decir. Los seres humanos somos tan difíciles y tan volubles que no nos queda otra opción que la de ser gobernados. En el fondo, lo que te estoy queriendo decir es que los políticos que se ven ahora, de todos los colores y partidos,  solo nos van a llevar cada vez a una peor situación. Yo a esta altura de mi vida no creo que pueda ver algo distinto a eso. – me respondió a la manera de un diagnóstico tan preciso como el de un cirujano.
Para salir de la encrucijada a que su discurso nos había llevado, solo atiné a preguntarle: -¿Usted está jubilado? Entiendo que antes no era algo tan fácil de obtener.
-Sí, estoy jubilado. Pero con la inflación que hay y los precios de los medicamentos, me alcanza para poco. Sabés que yo tengo una prima que vive en Israel que me cuenta que allí un jubilado gana 1.400 dólares por mes. Entonces, entre el ingreso de ella y el del marido, viven dignamente. Además, allí no hay inflación y el dólar está hace 30 años al mismo valor.- me dijo manteniendo el ceño fruncido y sosteniéndome su mirada de manera profunda, como reafirmando la sabiduría que los años le habían dado.
-¿No me diga?-atiné a responderle en desconocimiento del tema.
-Sí, es así. Además aquí ha habido en los últimos años una políticas inmigratorias que nos han terminado de arruinar. Todos los argentinos son unos sinvergüenzas. Y súmale que han dejado entrar lo peor de los peruanos, los bolivianos, los uruguayos, los paraguayos. ¡Nunca visto! Hasta han traído africanos que los suelo ver por el barrio como manteros. ¡A vos te parece!- finalizó así su monólogo y se quedó mirándome. Mientras tanto yo no sabía que responderle, solo atinaba a pensar por qué se habría convertido en una persona tan discriminadora. Al ver que no me salían las palabras, agregó: -Pero yo, por mi edad, te puedo decir cuándo se arruinó el país. Fue a mediados de los ´40 con Perón.
Para mí su discurso ya era «cartón lleno», pero por respeto a su edad y como actitud de contención decidí seguir escuchando su catarsis.
-¿Usted es argentino?- le pregunté.
-Sí, nací en el Once. Conocí épocas mejores, en las cuales daba gusto viajar en ferrocarril.-me respondió el anciano.
De pronto alcé la vista y vi venir a un colectivo 41.
-Perdón, ahí viene un 41 que es el que yo debiera tomar.- le dije.
-A mí también me deja. Por favor ayudame a subir.- me respondió el anciano como pidiéndome que no lo dejara solo.
Mientras yo pagaba mi viaje, él directamente se sentó en el asiento de discapacitados y ancianos. A las 5 cuadras le pidió al colectivero que le parara en la esquina de Arenales. Así lo hizo y lo ayude a bajar, subiéndome yo nuevamente para seguir mi trayecto.
Me quedé pensando en este buen señor. En su discurso centrado en la corrupción y el robo de parte de los gobernantes. Para Hannah Arendt, es un prejuicio que inaugura la antipolítica porque “saca la pelota de la cancha” para reflexionar sobre la política. La obtura, la anula. Me quedé reflexionando sobre el pasado mítico dorado de los años ´40 –en realidad inexistente- a que se refirió el anciano, que habrá tenido que construirse a sí mismo para darle un sentido a las cosas y para sobrellevar todas las veces que en este país su economía personal se habrá hecho girones. Pero, también pensé en la paradoja entre su discurso tan pesimista y el hecho de pedirle a un conciudadano desconocido que lo ayudara a esperar el colectivo y a subirse al mismo. Su desconfianza en el resto de los argentinos no es tan grande como la expresa. También me quedé pensando en que él pudo viajar gratis por ser jubilado y que yo pude pagar con la tarjeta SUBE, que aunque mal nos quepa, junto con el Metrobus ha sido uno de los mayores logros de la década en lo referente al transporte de los ciudadanos de a pie en Buenos Aires.
Mientras hacía equilibrio colgado del pasamanos para no caerme con las bruscas frenadas del colectivo, recordé la frase con que cerraba una serie policial de mi infancia titulada La ciudad desnuda: “Hay ocho millones de historias en la ciudad desnuda, y ésta ha sido solo una de ellas”.
Alejandro Fidias Fabri
PS: Agradezco a mis lectores la paciencia que han tenido durante el lapso que dejé de escribir en el blog. Algunos seguidores me llegaron a preguntar si ya no lo hacía más. Tan solo se trató de un proceso interno y de darle una cierta prioridad al ganarme el sustento.
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4 pensamientos en “Una historia urbana (presuntamente antipolítica) más …

  1. Alex, no entiendo tu sorpresa ante los dichos del mentado viejito. Yo – que sólo estoy a un par de años de llegar a los sesenta – pienso exactamente igual que él, y mi peor pesadilla es que al paso que vamos, terminaré exactamente igual que él.

    Ni el metrobús ni la bicisenda y demás cosas que ha hecho y hace el gobierno de mi ciudad, inclinan un nanógramo (?) la balanza hacia el lado del bien.

    Perdón a Hanna Arendt si saco la pelota de la cancha, será porque yo también estoy influenciada con la publicidad con que nos machacan constantemente sobre el mundial de fútbol que se viene, pan y circo al que nos tiene acostumbrados.

    Cariños. Que conserves siempre tu sorpresa teñida de candor y optimismo. Yo, si pudiera, me iría ya de este país – ya ni digo, mi país, ni querido país, porque se ha convertido en una tierra asolada y foránea, donde homo hominis lupus es el leit motif que nos guía.

    Lucrecia Insúa

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  2. ¡Muchas gracias, Lucre, por tu rico comentario-diagnóstico! Especulo, al igual que vos, que por motivos de construcción política que intentaré explicar en algún próximo escrito, la sociedad ha avanzado hacia un semi-estado de naturaleza. En esta situación, casi alcanzamos lo que Hobbes designó con el sintagma “Homo homini lupus” (y que Freud refrendó en su Malestar en la Cultura). No creo que haya una “grieta cultural”, más bien pienso que sea un antagonismo de todos contra todos y que se trate de una falta de un sistema cultural inclusivo. Viendo la situación de manera optimista, el próximo paso de algún gobierno constructivo debiera ser el de reculturizar a la sociedad teniendo en cuenta las innumerables demandas (muchas de ellas muy valiosas) que fueron visibilizadas en estos años.

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  3. VOLVÍ A LEER TU ARTICULO, REALMENTE COMO LOS VINOS AÑEJADOS CADA VEZ SON MAS INTERESANTES Y ANALITICOS, ESA EMPATIA QUE TE CARCTERIZA Y ESE DON DE MARAVILLOSO SER HUMANO. RECUERDO TUS PONENCIAS EN EL PROFESORADO DEJABAS BOQUIABIERTA A LA PROFESORA Y NOS ILUSTRABAS A TODO EL CURSO CON TU GRAN VERBORRAGIA, PRODUCTO DE HORAS Y DIAS DE LECTURA PARA PRESENTAR TUS TRABAJOS CON ESA RESPONSABILIDAD QSUE TE CARACTERIZA Y POR SUPUESTO COMO BUEN TAURIÑNO BUSCANDO LA PERFECCION . SOLO ME QUEDA POR DECIRTE QUE ME SIENTO ORGULLOSA DE SER TU AMIGA Y UN POQUITO HERMANA MAYOR CON NUESTRAS LARGUISIMAS CHARLAS DONDE NOS AYDABAMOS MUTUAMSENTE DE COSAS QUE NOS SUCEDEN A LOS HUMANOS, GRACIAS CON TOLO MI CORAZÓN ALE Y DESDE EL CIELO ALGUIEN QUE TE CONOCIÓ Y TE AP´RECIÓ TAMBIEN SE ALEGRA BESITOS. MARITÉ

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