Creo que una de las miradas más críticas que uno puede tener sobre el problema de las drogas es al visitar una de las tantas clínicas de rehabilitación de adictos –especialmente aquellas que se dedican a los adolescentes. El ver jóvenes en plena edad de desarrollo literalmente arruinados, caminando como autómatas desafectivizados, y anhelando salir para volverse a drogar, es una imagen que marca a fuego. De cualquier manera, vamos a corrernos de esta mirada dolorosa para dirigirnos al ángulo mercantilista (y algo deshumanizado) del problema de las drogas. Michel Foucault describió a la lógica del pensamiento neoliberal norteamericano como el análisis “en términos económicos de relaciones que hasta el momento eran propias del ámbito de la demografía, la sociología, la psicología, y la psicología social”. Esto significa que el principio de inteligibilidad de todo acontecimiento relacional (la familia, la educación, el amamantamiento de los hijos, el problema de las drogas, etc.) está regido por cuestiones netamente de mercado. Un caso paradigmático e inmediato es el del tratamiento que un Estado/sociedad le da al “problema de las drogas” (por ser este un fenómeno de mercado en sí mismo).
Como en cualquier análisis de mercado, el caso de las drogas ilícitas se compone de una Oferta (circuito de producción, logística y comercialización, venta minorista) y una Demanda (los consumidores). Si un Estado pretende reducir el consumo porque lo ve dañoso para la comunidad, tiene tres estrategias relevantes posibles: operar sobre la oferta (endurecer o no a la guerra contra el narcotráfico), sobre la demanda (criminalizar o no a los consumidores), o sobre ambas simultáneamente.
Foucault narra el caso de la proliferación del consumo de drogas ilícitas en los años 60, que fue combatida por una política de enforcementde la ley centrada en reducir la oferta (operar estrictamente sobre el narcotráfico y la distribución). “Demostró ser un fracaso sensacional”: como resultado, hubo un aumento unitario de los precios de las drogas (por la tarifa de criminalización), se favoreció y fortaleció la situación de monopolio u oligopolio, y hubo un incremento en el nivel de criminalidad debido a la inelasticidad de la demanda de los adictos graves (se vieron obligados a delinquir para acceder a los mayores precios). Agrega que como producto de este fracaso, Eatherly y Moore propusieron una nueva estrategia en 1973: observaron que la limitación de la oferta de la droga era una política absolutamente necia, y propusieron que fuera menos costosa y más accesible. Según este análisis la demanda real de drogas está compuesta por dos categorías o segmentos: aquellos que comienzan a consumir (su demanda es elástica, un precio elevado puede actuar como elemento disuasorio), y aquellos consumidores asiduos (de demanda inelástica, por elevado que sea el precio no dejarán de consumir). ¿Cuál es la política “comercial” que emplean los narcos? Con precios bajos “pescan” al nuevo consumidor, lo transforman en consumidor habitual, para luego incrementarle los precios -aquellos de la droga que ya consume o lo inducen a drogas de mayor “rentabilidad”. De este modo, los consumidores transformados en habituales son inducidos a la criminalidad para poder sustentar sus vicios. ¿Cuál debiera ser la política del enforcement de la ley frente a este fenómeno? La contraria: intervenir en el mercado para incrementar los precios de entrada para los nuevos consumidores (y disuadirlos), y bajarlos para no obligar a los consumidores habituales a delinquir. Se trata de una segmentación de mercado no ya en lo referente a la diferencia entre drogas blandas y duras, sino por los tipos de consumo (elástico e inelástico).
Bien. Podemos ver entonces que las miradas sobre el problema de las drogas son varias y variadas. Por el momento no hay evidencias contundentes de que un paradigma sea ni marcadamente mejor ni marcadamente peor que los restantes. Víctimas humanas sigue habiendo en todos. Quizá habría que pensar en una verdadera instancia superadora.
Alejandro Fidias Fabri
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