Digamos que en la Argentina está vigente la Ley de Estupefacientes Nº 23.737 sancionada y promulgada en 1989, que podríamos calificarla como bajo el paradigma de Prohibición Estricta (están criminalizados todos los actores de la cadena del narcotráfico, incluido el consumidor). En su aplicación ha tenido diversas interpretaciones, siendo la tendencia de los últimos años la de desestimar la penalización del consumidor y de la tenencia personal, por entender que resultan contradictorias con el Artículo 19 de la Constitución Nacional. Dice el artículo en cuestión:
“Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe”.
Se trataría de un tema de interpretación, porque la frase «de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública» puede prestarse a cierta laxitud. Desde una visión estricta, cuando uno quebranta la ley por comprar droga, de algún modo estaría ofendiendo al orden (quebrantando la ley). Podría pensarse entonces como atemperador plausible el hecho que un adicto es un enfermo y, por ello, inimputable; luego, en lugar de criminalizarlo habría que institucionalizarlo (hospital, etc.). Sería una visión. Otro aspecto discutible sería el hecho del mal moral (vinculado a lo íntimo o privado): si bien el adicto puede pensar que al tratarse de un hecho privado no esté afectando a la comunidad, en la práctica no es así. El consumidor afectará tanto a su familia como a la comunidad en general, ya sea por el tiempo que se le tiene que dedicar, el dolor que produce, y los costos económicos implicados (para la familia en particular y para la comunidad en general). ¿Acaso no se trataría de una ofensa a la moral pública? El tema de las libertades individuales es un camino de doble vía: derechos, pero también deberes. Así lo señala la Declaración Universal de Derechos Humanoscuando dice en su artículo 19 que “Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que solo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad”. Ésta sería la faceta que el adicto desconsideraría: toma de la comunidad solo aquello que le conviene (el dealerque le vende droga, los derechos que lo benefician, la preocupación de su seres queridos, y los servicios médicos en caso de necesidad, pero no se hace cargo de la contrapartida de los deberes).
También podemos discutir la visión sacrosanta de las libertades individuales: es cierto que hay ciertos derechos mínimos e inviolables por el Estado, que hacen a la dignidad humana (por ejemplo, el derecho a la vida, a la libertad de opinión y de expresión, etc.), pero, ¿son todos tan sagrados? El pensador Isaiah Berlin, afirmó pragmáticamente que “los hombres dependen en gran medida los unos de los otros, y ninguna actividad humana es tan completamente privada como para no obstaculizar nunca en ningún sentido la vida de los demás”. Señaló que si en un punto “mi libertad […] depende de la miseria de un gran número de otros seres humanos, el sistema que promueve esto es injusto e inmoral”. El simple hecho de consumir drogas en mi intimidad, implica toda una cadena de ilícitos de terceros que seguramente incluya violencia, crímenes, explotación, etc. Podríamos concluir entonces que mi libertad individual y la libertad de la comunidad no son recipientes incomunicados, hay entre ellas una dinámica y un cierto conflicto. Es más, en el comienzo de la comunidad, el ciudadano hubo de ceder derechos (libertades) para obtener a cambio la seguridad y ordenamiento provistos por el Estado.
Para cerrar el tema, podemos agregar que en el caso de Uruguay, mientras por un lado la regulación del cannabis implica una despenalización acotada y una ampliación de un tipo de libertad individual, por otro lado, el hecho del registro de los consumidores sería un avasallamiento de otras libertades individuales. Por detrás de todo sistema subyace una ecuación costo/beneficio. (Continuará…)
Alejandro Fidias Fabri
PS:
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