¿Acaso ejercito mi libertad cuando fumo Cannabis? (Parte IV).

Este no es Banzai.
Realmente resulta penoso que cuando en el mundo se están debatiendo instancias superadoras respecto del problema de las drogas, en la Argentina, el SEDRONAR, entidad que se ocupa formalmente de la prevención de la drogadicción y la lucha contra el narcotráfico , presente un “panorama crítico” en su organización (La Nación, 15/01/2014). Bien, ya hemos visto que la Comisión Global de Políticas de Drogas plantea el fracaso que ha sufrido la guerra global a las drogas (bajo el paradigma de la Prohibición Estricta y sus matices), y alienta “a los gobiernos a que experimenten con modelos de regulación legal de las drogas…”. Es posible que la consideración de la existencia de solo  dos modelos (Prohibición versus Regulación Legal) en lo que se refiere a paradigmas del tratamiento del problema de las drogas, nos esté exhibiendo lo que se denomina una« falacia de falso dilema». Lógicamente hablando, es claro que cuando se piensa que un sistema fracasa, y se utiliza este hecho para inferir que la otra opción tendrá éxito, no nos estamos fundando  en una causa necesaria. Ambos pueden fracasar, y lo único que sabemos es que uno ya lo evidenció y el otro aún no. Pero, ante esta situación, y en ausencia de una solución sabidamente exitosa, solo nos  resta ser constructivos.
Yendo a nuestro tema específico, hay un argumento que a menudo hemos escuchado  -en propia defensa-: “Consumo Cannabis en ejercicio de mi libertad individual.”. Cuando un padre escucha esta frase, primeramente se le puede cruzar por la cabeza la idea de contestarle  a su hijo, que si quiere vivir su vida, haga su aporte económico a la familia, o se vaya de la casa y se mantenga por sí mismo. Es también cierto que hay padres que se dedican a tender un puente amoroso hacia el diálogo, interesándose e informándose, con la finalidad de comprender el fenómeno y ayudar al hijo.  Si bien ninguna posición tiene el éxito asegurado, sí podemos reflexionar sobre la unívoca utilización de la equívoca palabra «libertad». Para ilustrar el tema, una anécdota:
Días atrás, salí por el barrio a pasear el perro (se llama Banzai). Como está entrenado, camina junto a mí con el collar puesto, pero llevando él mismo la correa en su boca. Quiso el destino que me cruzara con un vecino adolescente llamado Pedro, consumidor de cannabis. Aprovechando la oportunidad de ir en la misma dirección, me puse a dialogar con él y le pregunté cómo asociaría «libertad» con «consumición de  cannabis». Se quedó mirándome, y al rato me respondió que entendía que al decidirse a fumar cannabis hacía uso de sus libertades individuales. Se me ocurrió en ese momento aprovechar  el ejemplo de mi perro Banzai:
-¿Vos crees, Pedro,  que Banzaies libre por no estar llevándolo yo tomado de la correa?- le pregunté, con un cierto afán pedagógico.
-Sí, creo que él camina junto a nosotros porque así lo decide. Si no, se podría ir corriendo. Nadie lo detiene.- me respondió Pedro.
-Mirá, tenés razón, pero parcialmente: es libre (de su amo, en este caso yo) en cuanto a que no está “conectado” a  mí por medio de la correa, y se podría ir a donde quisiera; pero, por otro lado, no es libre (de la correa y de sus pasiones) porque no concibe la vida sin su correa (aunque la tenga que llevar él mismo). Nos estamos refiriendo aquí a dos aspectos de la libertad: en el sentido lato, nos referimos a la libertad en cuanto a ausencia de interferencia (yo no estoy llevándolo de la correa, ergo está libre de restricciones físicas); pero en un sentido estricto, no hay un ejercicio de la libertad en cuanto a autodeterminación (esto es, obrar de acuerdo a las leyes de la razón y no a las pasiones). En el caso de Banzai, su razón está inhabilitada, y su aparente libertad solo es pensable con collar incluido. La libertad como autodeterminación o como autonomía (del griego autos y nomos, “ponerse a sí mismo la ley”) significa que el hombre, haciendo uso de su especificidad de la razón, evitará la propensión a impulsores de comportamiento pasionales y externos  (la gula, la lujuria, los celos, los mecanismos de goce que manejan la adicción, etc.). Dejarse conducir por las pasiones implica la heteronomía (una autoridad o ley externa), dejarse conducir por la razón implica la autonomía (razón versus pasiones). También podemos pensar  en un libre albedrío que es la libertad de elegir (puedo elegir fumar o no fumar), en una libertad de coacciones externas (legales o éticas), y en una libertad como autodeterminación.- le respondí mientras él escuchaba con aparente interés.
-Mirá, no sé si lo entendí mucho, pero me gustaría que en otro momento la sigamos. ¡Chau, Alejandro!- me contestó mientras se despedía para tomar un colectivo.
-Chau, Pedro, y disculpame por la lata que te di, pero es una deformación profesional.- (Continuará…)
Alejandro Fidias Fabri
PS:
Es sabido que el Cannabis es la sustancia ilícita más consumida en el planeta. Las estadísticas de la UNODC (United Nations Office on Drugs and Crime), informan que el consumo de Cannabis en la Argentina entre los jóvenes en el rango de 15 a 16 años de edad, es el siguiente:
·         %  de jóvenes que consumió alguna vez en la vida: 13.2 % (2009) y 14.7% (2011).
·         % de jóvenes que consumió al menos una vez en el pasado año: 9.5 % (2009) y 11.1% (2011).
·         % de jóvenes que consumió al menos una vez en el pasado mes: 5.7 % (2009) y 6.5% (2011).

Ver:

Cliquear para ir a Parte I.

Parte II.

Parte III.

Parte V.

Parte VI.

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