Las contradicciones de este tiempo…

Coro de esclavos hebreos, Nabucco, G. Verdi
Días atrás, un grupo de manifestantes fanáticos irrumpieron en la Catedral Metropolitana durante la celebración ecuménica en memoria  de “La Noche de los cristales rotos” – el trágico inicio de la persecución y exterminio de los judíos en la Alemania nazi-, con el objeto de impedir ese acto en un templo católico. Realmente se trata de un grupo de inadaptados, que no han comprendido las épocas que corren y que por mero desconocimiento tienen sus corazones llenos de odio. Citando al erudito renacentista Giovanni Pico della Mirandola, “hay muchos que, como los perros que ladran siempre a lo desconocido, así también condenan y odian lo que no comprenden”.
El domingo pasado tuve la oportunidad de ser conferencista en la Primera Jornada de Kabalá y Misticismoen el Centro de Espiritualidad Judía Mishkan. Mi  ponencia, “El momento kabalístico del cristianismo: un deber moral para la comprensión del hombre”, trató esencialmente del momento histórico del humanismo en la Florencia del Quattrocento cuando el Cristianismo recepcionó a la Kabalá Hebrea, a través de pensadores de la talla de Giovanni Pico della Mirandola, Egidio di Viterbo, y otros tantos. Me pareció verdaderamente particular exponer sobre la  importancia histórica del pasaje de la cosmovisión teocéntrica del medioevo a la antropocéntrica del humanismo. El hombre se ubica en ese momento en la centralidad y se hace responsable del deber moral de realizarse como tal: si los seres humanos hemos sido puestos en la Tierra como animales racionales, como tales debemos buscar nuestra perfección. Claramente es un deber moral. Giovanni Pico della Mirandola narra en su “Discurso de la Dignidad del Hombre” que Dios hubo creado el Universo y todo cuanto él contiene, dotado cada uno de su propia naturaleza y función. Luego de ello pensó en alguien que pudiera admirar y amar tan vasta belleza y pudiera comprender la razón de tamaña obra. No teniendo ya arquetipos disponibles para modelar al hombre, pero pretendiendo no decaer en su Creación, eligió que “aquel a quien no podía dotar de nada propio le fuese común todo cuanto le había sido dado separadamente a los otros”. Puso entonces como centro del mundo al hombre así construido. Éste, dotado del libre albedrío, queda así en capacidad de elegir dentro del amplio espectro de naturalezas que comparte: puede degenerar en los seres inferiores que son las bestias o regenerarse en las realidades superiores que son divinas. Una atractiva alegoría para comprender la finalidad del hombre.
Como contracara de lo ocurrido en la Catedral, tuve la oportunidad de vivir esta grata experiencia en la Sinagoga Mishkan, mi primera visita a un templo judío. Sentí verdaderamente aquello de estar en la casa de nuestros hermanos mayores y disfruté muchísimo el interiorizarme en temas de la Tradición Judía. Como momento culmine emocional de la Jornada nos deleitaron con música sacra judía interpretada por un coro y una orquesta de cámara. El comienzo fue mágico: el Va pensiero (“Coro de esclavos hebreos”) del Nabucco de Verdi. En suma, un día de verdadera conexión con lo trascendente.
Las contradicciones de este tiempo…
Alejandro Fidias Fabri
PS: Les dejo un fragmento de la conferencia y una versión del coro de esclavos hebreos del Nabucco de Verdi:


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