Nosotros, los ciudadanos-hamster.

“Como los histéricos, están pidiendo un nuevo amo. ¡Lo tendrán!” Estas palabras de Lacan dirigidas a los estudiantes “revolucionarios” del famoso Mayo francés del ’68, bien pueden resultar válidas en el actual momento o interregno electoral argentino. El Amo explícito actual, el Gobierno Nacional, ha puesto luz a muchas de las vinculaciones y redes de poder que existen dentro de la comunidad. Nos ha señalado a nosotros, los Esclavos, quiénes son los otros Amos con los cuales confronta por el poder. Pero esta acción no lo hace ni menos opresivo ni más inocente. Es una mera estrategia en la lucha a muerte  entre Amos. En esta estrategia busca nuestro beneplácito, busca que lo reelijamos como Amo.
Por otra parte, nosotros los Esclavos, tenemos un único y fugaz momento del simulacro de ser Amos: el de las urnas. Podemos allí refrendar la confianza al Amo actual, o, siguiendo el discurso lacaniano de la Histérica, denunciar su esperada impotencia y pretender un Amo nuevo, supuestamente potente. Es de todos sabido que la comunidad feliz es una utopía. Esa dialéctica ya la hemos visto en el pasado reciente cuando la dictadura debió dar paso al momento democrático, cuando Alfonsín debió entregar el poder antes de vencer su mandato, cuando Menem perdió su segunda reelección y, finalmente, cuando de la Rúa renunció a la presidencia. Pero, ya Freud nos advirtió que gobernar es una de las profesiones imposibles. Imposible en cuanto a que jamás logra el fin último de la comunidad libre de dislocaciones.  Le es inherente a la política como acción humana la imposibilidad de aprehensión de la totalidad de lo político. Jamás llega ni llegará a su estado de completud. Pero, si ya comprendemos esta imposibilidad, ¿por qué continuamos en la búsqueda? Porque estos hechos son tan sólo reales, y, lo que moviliza nuestros deseos está instalado en las instancias simbólica e imaginaria, sólo ancladasa lo real.
Sabemos al menos desde Lacan que nuestro ingreso a lo social está dado o habilitado a través del lenguaje y la ley, esto es, una instancia simbólica. Pero, le es inherente al lenguaje la imposibilidad de captar o aprehender la realidad en su totalidad. Las palabras no dan cuenta de todo lo real.  Esto implica que lo que nos posibilita el ingreso al mundo propiamente humano, el lenguaje, simultáneamente nos pide un sacrificio. ¿Qué debemos sacrificar? La totalidad de lo real. Será el mecanismo del deseo, inscripto no ya en la instancia de lo real sino en la instancia de lo imaginario, lo que motorice nuestra búsqueda de una fantasmática y ficcionada realidad superadora.  Hay un objeto-causa del deseo (en este caso, la comunidad) investido libidinalmente del fantasma que satisfará todas nuestras expectativas y necesidades –la comunidad feliz-, que nos moviliza a la búsqueda permanente.  Esta dinámica ocurre hasta que alcanzamos el momento de reconocimiento de la impotencia, el instante en que el carruaje de la Cenicienta se vuelve a convertir en zapallo.
Podemos pensar a esta dinámica como aquella del hámster corriendo en su rueda. La real falta de sentido de esta acción, al reconocerla, nos lleva a la salida de la histérica: denunciar su futilidad y responsabilizar al impotente Amo que no nos libera, para cambiar por un Amo que nos valore como objetos preciados y, seguir la eterna búsqueda corriendo en la rueda. Oportunamente también denunciaremos la impotencia del nuevo Amo. ¿Pero qué ocurre si dejamos de correr?¿Dónde estará el sentido de nuestras existencias? En lo imaginario, en la fantasía.
Alejandro Fidias Fabri
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