La (i)lógica partidaria que impera en la Argentina

Es sabido que la identidad (de un sujeto, un partido político, una religión, una nación) se apoya en la diferencia. Esto implica la inscripción de fronteras que sirvan para cercar un “adentro” de un “afuera”, un “yo” de un “otro”, un “kirchnerismo” de una “oposición”. Para Freud, el par antitético “pulsiones afectivas – pulsiones de agresión” cumple la doble operación identitaria de unir mediante lazos libidinales afectivos a aquellos que se quiere acomunar, y separar mediante pulsiones de agresión a aquellos de los que se quiere diferenciar. Son las dos caras de una misma moneda en la construcción de una identidad: lo mismo  y lo otro. Es así que la identidad de un partido político X estará conformada tanto por los lazos de unión entre sus seguidores como por la delimitación con los otros que son su complemento (el “no-X”). En esta línea, Freud afirmó que “siempre se podrá vincular amorosamente entre sí a mayor número de hombres con la condición de que sobren otros en quienes descargar los golpes”. Esto implica que simultáneamente hay una positividad -el programa de gobierno- y una negatividad –todo aquello que es “no-X”.
Refiriéndonos a la política argentina, vemos ya una primera operación: la fuerte identidad positiva del kirchnerismo implica una contracara también fuerte que en el imaginario es una entidad negativa, el no-kirchnerismo (que en lugar de ser un “yo” es un “no-otro”). Pero este no-kirchnerismo se corresponde en la realidad con una oferta de varios partidos de identidades débiles que quedan subsumidas sólo a ser “no-kirchnerismo”. Es así que sus debilidades han sido ocupadas por un único programa político que, a diferencia del kirchnerismo, opera únicamente desde la negatividad. Mientras el oficialismo plantea un plan de gobierno a través de sus actos y discursos, a la oposición le es permitido un único lugar que en definitiva es un no-lugar –ser “no-kirchnerismo”. Donde debiera haber contenidos positivos –sus propuestas-, sólo les queda el espacio de la negatividad.
Por otra parte, mientras el “kirchnerismo” delimita su identidad con el conjunto “no-kirchnerismo” (un conjunto complementario y negativo), la oposición (los “no-kirchnerismo”) delimitan su identidad negativa con un conjunto positivo (el conjunto “kirchnerismo”, que es el conjunto “no-oposición”, y también el “no-no-kirchnerismo”). Por supuesto que este mecanismo lógico no hace más que fortalecer la identidad “kirchnerismo” y debilitar la “no-kirchnerismo”. A su vez, utilizando terminología lacaniana, debiéramos reconocer que en la inteligencia de su construcción, el kirchnerismo ha realizado la importante tarea de entrelazar su propia identidad con la identidad nacional mediante experiencias fronterizas vinculadas a una jouissance (goce) parcial del cuerpo, tales como la nacionalización de empresas con fuerte identidad nacional (los casos de Aerolíneas Argentinas e YPF) y la recuperación de la embargada Fragata Libertad, y, mediante una serie de actividades de goce limitado, tales como los festejos del Bicentenario, fútbol para todos, etc.
¿Cómo deja esta situación a los partidos políticos opositores? Digamos que el conjunto “no-k” está compuesto por variados partidos políticos (por ejemplo X, Y, y Z).  A los efectos de que el electorado pueda discernir qué está votando cuando elige a X, Y o Z, cada uno de ellos debiera haber conformado una identidad positiva -su propio programa político- y se debiera haber diferenciado tanto del kirchnerismo como de los restantes partidos opositores. Tanto la propia debilidad de cada partido opositor como la de los restantes, han significado un escollo para las necesarias construcciones político-discursivas. Aún más, sólo les deja un lugar a ocupar: ser miembros del club “no-kirchnerismo”. Aunque sus identidades partidarias están absolutamente desdibujadas, quedan aún los egos y apetitos de poder de los dirigentes, quienes se niegan a perder sus protagonismos en aras de un bien mayor, una democracia de mayor solidez. Quizá debieran dejar de mirarse sus ombligos y dedicarse a analizar el camino seguido por la oposición en Venezuela.
Alejandro Fidias Fabri
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