Sobre sospechadores y sospechados.

El filósofo francés Paul Ricoeur señaló a Freud, Marx y Nietzsche como los tres “maestros de la sospecha”. Con ello se refiere a que los tres integrantes de la “escuela de la sospecha”, cada uno desde su propia vertiente, sospechan que a la noción cartesiana del sujeto racional y pensante le subyace un significado oculto. Si bien “en cada caso se trata de un ejercicio diferente de la sospecha”, lo que tienen en común es que consideran “en primer lugar la conciencia en su conjunto como conciencia «falsa»”. Se alinean con la duda cartesiana para inmediatamente atacar el núcleo de la fortaleza cartesiana, su sujeto cogitante. En el caso particular de Freud, se trata del planteo del inconciente que rige los actos de conciencia y, que por debajo del sujeto racional se hallan las pulsiones inconcientes. Afirma Ricoeur que más que una sospecha se trata de un ardid, el ardid del desciframiento de la conciencia “falsa” y de revelar el verdadero sentido de lo oculto que hay en lo manifiesto, de exhibir la relación oculto-mostrado.
Freud ingresa “en el problema de la conciencia «falsa» por el doble pórtico del sueño y el síntoma neurótico”. El Freud que sospecha actúa como un detective de la psiquis. En su texto derivado de una alocución dirigida a futuros jueces y abogados, titulado La indagatoria forense y el psicoanálisis (1906), hace una analogía entre la búsqueda de la verdad en una indagatoria forense a un sospechado de delincuencia y, la búsqueda de la verdad de la conciencia «falsa» para liberar al paciente del psicoanálisis de los complejos que fueron reprimidos a consecuencia de sentimientos displacenteros.
En el escrito se refiere al problema común de “la inseguridad de las declaraciones de testigos” que constituyen “la base de tantas condenas en querellas judiciales”. Al respecto trata “un nuevo procedimiento de indagación” que es un experimento psicológico del cual supuestamente se deducen signos objetivos (de la verdad o la mentira). El sistema utilizado es el «experimento de la asociación» que reside en la libre asociación de palabras: “consiste en proponer a una persona una palabra –la palabra estímulo-, a la que ella debe responder lo más rápido posible con una segunda –la llamada reacción– sin que nada la limite para elegirla”. Esta asociación libre exhibe el determinismo existente entre la palabra estímulo y la reacción, que deja al descubierto un contenido del inconciente que conecta con el «complejo» escondido de la persona en cuestión. Como en el caso detectivesco que tratamos en posts anteriores, habría una relación causal. Por ejemplo, frente a la palabra estímulo «mujer», la reacción «madre» implicaría una determinada estructura del psiquismo del interrogado.
Freud, en realidad, se muestra reticente a la aplicación sin más de la “libre” asociación de palabras en la técnica indagatoria judicial. Entiende que hace falta juntar mucho historial y experiencia con situaciones reales (no simuladas) de indagatorias hasta arribar a conclusiones objetivas. Es así que afirma que hay similitudes y diferencias entre la situación de la indagatoria para arribar a la verdad sobre el delincuente, y la del psicoanálisis para descubrir las represiones que permanecen ocultas. El juez, para decidir sobre el complejo que busca en el delincuente, se centrará en determinadas situaciones, en indicios que demuestren la presencia de algo perturbador. Estos serán:
1.      Un contenido inesperado de la reacción, que requerirá de esclarecimiento.
2.     Una demora nítida en el tiempo de reacciónpara responder a la palabra estímulo.
3.  Un error en la reproducción: al repetir las palabras estímulo, cambiará las palabras vinculadas al complejo esperado.
4.     La perseveración: el efecto producido por alguna palabra acción «crítica» (directamente vinculada al complejo esperado), afectará a las respuestas siguientes no críticas.
Si bien el procedimiento utilizado en las terapias psicoanalíticas es similar, hay que considerar que, por un lado, el supuesto criminal y el paciente histérico son portadores de un secreto, de algo escondido; por otro lado, el criminal, a diferencia del paciente, tiene “un secreto que él sabe y oculta ante los demás”. El criminal oculta de forma adrede, el histérico lo desconoce (al secreto que está reprimiendo). Además el paciente del psicoanálisis busca cooperar en la lucha contra su propia resistencia al tratamiento -pues busca su beneficiosa curación-, mientras que el criminal no presta su colaboración para no inculparse. A su vez, cuando en la terapia sólo se requiere que el paciente esté convencido (convicción subjetiva), en la indagación judicial se busca obtener una convicción objetiva (probatoria científica). Es así que la tarea del psicoanálisis se mostraría menos dificultosa que la indagatoria.
Freud concluye recomendando experimentar la técnica de indagatoria judicial en cuestión por varios años “sin que los resultados de ellas puedan ejercer influjo alguno sobre la instancia juzgadora” (las itálicas son del texto original).
Alejandro Fidias Fabri
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