Serie «al don pirulero»
           
Cris Schiavone en la primera edición de Gallery Nights Palermo Viejo 2013
Jueves 13 de Junio de 2013 – 19 hs (hasta el 13/07/13)
Libros del pasaje – Thames 1762 – Ciudad de Buenos Aires
 “El tiempo vital es un niño
que juega tirando los dados;
el reino de un niño.”
(HERÁCLITO, Perì Physeos, Fr. 52)
Pareciera que Schiavone, titulando a la serie con el sintagma «al don pirulero», señala una paradojal situación de la sociedad: por un lado, nuestro modo de ser es el individualismo extremo, no existe el otro, cada-cual-atiende-su-juego; por otro lado, nos propone exorcizar ese individualismo mediante el retorno al niño de cada uno, la creación lúdica, socializar, confraternizar, atender-al-juego.
En la obra de Schiavone está implícita la denuncia de Nietzsche de la muerte de Dios, la consiguiente desvalorización de los valores supremos y, el advenimiento del nihilismo en la cultura occidental. Al haber quedado liberado de los grandes relatos que vertebraban la inteligibilidad de su historia, el hombre se siente indigente. Ya no hay relato cristiano de la redención, ni relato iluminista del progreso continuo de la humanidad, ni relato marxista de la emancipación de la explotación. Aún el relato capitalista de la emancipación de la pobreza se está desintegrando en nuestras manos. ¿De qué asirnos? Esta pérdida del sentido de la continuidad histórica indefectiblemente nos lleva a vivir sólo en el inestable e inaprehensible presente. El capitalismo, en su fase hedonista y permisiva –al decir de Lipovetsky-, ampara un “infierno de mónadas insensibles e independientes”. En el intento de tener algún fundamento, huyendo de “un sentimiento de vacío interior y de absurdidad de la vida”, infructuosamente tratamos de crear nuestros pequeños relatos. Ya afuera de toda fábula, el motor de la existencia pasa a ser la negación y no la afirmación.

¿Qué nos propone Schiavone? Su idea de superación es también una opción nietzscheana: retornar al niño y a su aspecto lúdico. Generar un niño interior. Con la misma inocencia del niño, crear nuevos valores. Imprimirle a la existencia humana el carácter de aventura y de juego. Transformar nuestros fútiles intentos de construcción de seguridad, de egoísta ausencia de riesgo, en un salto al abismo. En ese salto nos encontraremos a nosotros mismos, como individuos y como parte de un colectivo vital, la humanidad. Asimilaremos que el hombre está en el mundo junto con otros,  que su propia estructura existencial se funda en el «estar-con» –MitSein en palabras de Heidegger. También asimilaremos que la ausencia de fundamentos es constitutiva de la propia condición humana. Ahora nos resta armar el rompecabezas que nos exhibe la intuición pictórica de Schiavone: niños solos, juntos pero separados, una pareja que baila, la desconectada conectividad del celular, las mónadas yendo y viniendo, rostros sin rostro, figuras errantes, sus sombras, lo que nos pasa a todos.
La artista plástica, de principio a fin, nos hace caminar por sobre sus trazos de óleo pastel, sus carbones, sus nubarrones de óleo, para finalmente, también encontrarle una superación existencial al juego de la vida, tal como ella completa sus obras con un delicado y preciso cierre plástico.
Y el que no, ¡una prenda tendrá!
Alejandro Fidias Fabri
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