maquiaveloEn un principio fue bellum omnium contra omnes, la guerra de todos contra todos. El uso de la razón llevó a la renuncia de los particulares a la potencia y al estado de naturaleza, con el consiguiente advenimiento de un orden beneficioso para todos, la sociedad civil. De esta manera, la violencia que fundamenta a la comunidad queda reducida a la oposición constitutiva entre «los que desean mandar y oprimen, y los que no desean ser mandados ni oprimidos», o, en terminología maquiaveliana «los Grandes y el pueblo», o «la elite económica y la clase dirigida».
Se conforma así una dinámica pueblo (ciudadanos) – Grandes (elites) – Príncipe (Gobierno). El filósofo francés Claude Lefort, en clave maquiaveliana afirma que “en el origen del poder principesco, y subyacente a éste una vez establecido, se encuentra el conflicto de clase”. Esto es, el antagonismo entre el pueblo y los Grandes.
¿Cómo es la dinámica? En una sociedad, el poder es detentado por los Grandes –las corporaciones, el empresariado, las elites extractivas, los poderes económicos. Estas elites por naturaleza quieren perpetuarse y ejercen el poder mediante la explotación y la extracción de los recursos de la población. Paralelamente, el pueblo procura escapar al deseo de este Otro que lo domina y explota. Pero el conflicto irreductible entre el pueblo y los Grandes que desgarra a la sociedad, “es susceptible de modificarse bajo el efecto de la intervención del príncipe”, pero no será la solución. Es así como entra en juego el Príncipe –el gobierno- que para los Grandes no es visto como “un árbitro” sino que lo ven como “su igual, de suerte que éste no puede mandar sobre ellos, ni manejarlos a su antojo” -recordemos la anécdota de cuando Menem le preguntó al CEO del Grupo Clarín en broma ante algunas exigencias: “¿Usted quiere ser presidente, entonces?”, a lo que Magnetto respondió: “Puesto menor.”. El antagonismo entre el Príncipe y los Grandes es un enfrentamiento entre Amos. Para poder confrontar, el Príncipe sólo adquirirá poder mediante la amistad del pueblo. En el intercambio con el pueblo (el esclavo), el Príncipe le garantizará «no ser oprimido» por los Grandes, aunque luego, como mal menor, pase a ser él quien los oprima.
Nuestras sociedades son un tanto más complejas que las que presenció Maquiavelo, pero, podemos considerar que la facción de los Grandes también contempla a aquellos ciudadanos directamente beneficiados por éstos y que le son ideológicamente funcionales. De la misma manera, el pueblo no está únicamente compuesto por oprimidos puros, sino también por otros ciudadanos comprometidos con las situaciones de vulnerabilidad de éstos (salud pública, educación, seguridad social, red de protección de los excluidos, etc.) y que visualizan al Estado Benefactor como la solución practicable. En esta situación está claro que el poder del Príncipe (el Estado) ha de estar suficientemente centralizado como para evitar el dominio de los Grandes (las minorías). A su vez, deberá gobernar la delgada situación de estimular la economía con estas minorías emprendedoras detentadoras de poder, y evitar que se apropien de toda la prosperidad, con instituciones que tengan la función de equilibrar la distribución de riquezas.
A los ojos de Claude Lefort, la insoluble solución es la oscuridad de la unión del no-poder (el pueblo) y del poder absoluto (el Príncipe). Agrega que “el pueblo que cree encontrar en el Príncipe a un defensor en la lucha contra su adversario de clase (los Grandes) se pone bajo la férula de un nuevo amo, y se aboca así a una sumisión por la que sentía repulsión”.
Alejandro Fidias Fabri
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