La «Justicia» también ha muerto…

Si bien la crítica a la religión era un tópico que estaba en el Zeitgeist del siglo XIX en Alemania, en la culturaLa «Justicia» también ha muerto... occidental ha hecho su historia la reconocida frase nietzscheana «Dios ha muerto». En el § 125 de La gaya ciencia, Nietzsche describe a un loco que andaba con farol en mano, una luminosa mañana, buscando a Dios en el mercado. Éste interpeló a un grupo de incrédulos, diciéndoles “¿Adónde se ha marchado Dios? ¡Os lo voy a decir! Lo hemos matado, ¡vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos!”.
Tal como Nietzsche lo anticipara en su Voluntad de Poder, esta muerte de Dios devino en un nihilismo generalizado que tendría dos siglos de duración (estamos más o menos por la mitad). Afirmó el filósofo: “Lo que cuento es la historia de los próximos dos siglos. Describe lo que sucederá, lo que no podrá suceder de otra manera: la llegada del nihilismo”. Este nihilismo implica el que nuestra cultura haya alcanzado la nada –lo nihil- como fundamento. Esto es, el pasaje desde un optimismo metafísico –la ficción de la proyección de nuestros deseos en un más allá inexistente- hacia un nihilismo pesimista –un mundo de cambio, de muerte, de dolor, de mentira, de nada, vacío de ideal. El quid es que en este pasaje, el mundo perdió su sentido. Y, lo que perdió el mundo ideal –el ultraterreno- no lo ganó el mundo real –el mundo sensible. La angustia producida por el derrumbe del horizonte platónico-cristiano nos llevó a buscar nuevos becerros de oro, allí donde sólo estamos los hombres sumergidos en el mundo sensible –el único mundo. Estos becerros son la Razón, el Progreso, la Felicidad, la Justicia y, otros tantos.
Es así que frente a este desencantamiento ficcionamos instituciones ideales, productos de la secularización de Dios. Por ello, en las manifestaciones ciudadanas podemos ver pancartas con los dichos «Por una justicia que no sea corrupta». En primer lugar, la justicia es un ente abstracto que no puede ser ni corrupto ni no-corrupto. Es un ideal. En segundo lugar, esta entidad está compuesta por hombres y mujeres reales, reflejo de los integrantes de nuestra sociedad. No se les puede pedir a ellos lo que nosotros no somos. Sólo nos queda darnos cuenta que la Justicia es una creación del hombre (no divina), en la cual el mismo hombre proyecta su imagen idealizada –le ha conferido las cualidades humanas, engrandecidas, potenciadas. Por ello, podríamos pensar que la muerte de Dios debe indefectiblemente devenir en la muerte de los becerros de oro. La Justicia también ha muerto. ¡Todos nosotros somos sus asesinos! Hagámonos cargo de nuestro nihilismo.
Alejandro Fidias Fabri

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2 pensamientos en “La «Justicia» también ha muerto…

  1. Alex, estoy de acuerdo en cuanto a que la caida de los valores ideales conlleva la caida de la justicia, pero no por ello voy a bajar los brazos y dejar de luchar por el retorno de esos pocos pero esenciales "ideales" que están en la base de una convivencia humana pacífica.

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  2. Gracias por tu comentario! En realidad, la propuesta de Nietzsche para salir del nihilismo es lo opuesto a un retorno a los valores perdidos. Se trata de una "transvaloración de todos los valores", que veremos con el advenimiento del übermensch, máxima realización de la vida. No de valores ultraterrenos.Cualquier valor vinculado a Dios, atenta contra esta evolución.

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