Es sabido que la democracia moderna se funda en los tres principios exhibidos por la Revolución Francesa:¿Hacia una «política de la fraternidad»? Libertad, Igualdad y Fraternidad. A lo largo de la historia se le ha dado centralidad a los dos primeros y se ha despreciado al tercero. Si bien parecieran soplar vientos distintos, vamos a invertir lo que se ve hoy día: ha arribado al escenario del poder mundial el Papa Francisco para enseñarle con sus actos a la humanidad lo que significa fraternidad, lo que significa amar al prójimo como a ti mismo, pero bien podría ser que Franciso sea simplemente un hombre que personifique aquello que los hombres estemos demandando de nuestras clases políticas y de nuestros congéneres. Más que una relación vertical entre partes, se trataría de una relación horizontal en la cual hay un encuentro entre el deseo íntimo de los seres humanos y una persona que puede encarnarlos. Esto, en vista de un mundo que mientras formalmente crece en derechos, sustancialmente crece en desigualdades.
Pero, ¿cómo es posible la categoría teológica secularizada de la fraternidad si en la base de la política está el antagonismo? ¿Acaso esto implica una política del consenso? En efecto, en la base de la política está el antagonismo y, de acuerdo con varios pensadores de la política, éste se reduce al antagonismo entre clases. Aquí debiéramos, por un lado buscar quizá una imposible solución estructural y, por otro lado, dirigirnos en el mientras tanto al otro desposeído, al otro necesitado. Por otra parte, podríamos entender a la política del consenso como aquella que arriba a soluciones estructurales mediante la incorporación de varias verdades disímiles en una única verdad superadora. Lógicamente, ello no es estructuralmente posible por cuanto hay políticas equivocadas y hay políticas correctas que tienden al bien común. Unas no pueden contener a las otras. Pero si puede haber consenso y debe haber consenso en que nadie quiere que haya desposeídos y nadie quiere que haya daños colaterales. El cómo es lo difícilmente consensuable.
Por otra parte, los conceptos de Libertad e Igualdad conforman un par antitético. Equivale a la irresolución entre igualdad y desigualdad. Imaginémonos una escala horizontal que tiene en un extremo a la Libertad y en el opuesto a la Igualdad. Las distintas posiciones en la escala corresponderán a una mezcla de ambos conceptos, todas ellas inestables e irresolubles. Si nos desplazamos en la escala hacia la Igualdad (por ejemplo, “la igualdad de todos en todo”), ello será a costa de las libertades. Si nos desplazamos hacia la Libertad, ello será a costa de la Igualdad social. Es una mesa de dos patas a la cual sólo podrá coadyuvar a su sostenimiento una tercera categoría política en el lugar de la la tercera pata: la Fraternidad. Así, podemos pensar al Liberalismo como la ideología que tiende hacia la Libertad y al Socialismo como la ideología que tiende hacia la Igualdad.
Entonces, ¿qué nos aporta la Fraternidad? Pensándolo a la manera virgiliana, el amor necesario para cohesionar al par antitético. “El amor todo lo vence” (Omnia vincit amor).
La otra cara de la moneda de la Fraternidad la encontramos en los fundamentos de la política: Rómulo y Remo y, Caín y Abel, representaron los fratricidios fundacionales sobre los cuales se construyeron las comunidades políticas y la cultura. Estas muertes fundacionales hicieron emerger el factor cohesionante de fraternidad que permitió las condiciones de comunidad. Resulta paradójico: hemos visto y seguimos viendo fratricidios que pueden seguir multiplicándose o utilizar esas energías en la búsqueda del ideal límite de una paz perpetua (que no sea sólo la de los cementerios). Debemos bregar por convertir los antagonismos en agonismos políticos. Esto no implica negarlos sino darles un cauce político superador. Es la tarea que nos corresponde como seres racionales y emocionales, y podríamos pensarla como una «política de la fraternidad»: reconocer y aceptar el factor irresoluble y necesario de lo político, fundándonos en el tríptico conceptual «Libertad-Igualdad-Fraternidad».
Alejandro Fidias Fabri

Anuncios