Pero, ¿qué es la cultura?

Vamos a continuar recorriendo el escrito de Hannah Arendt de 1961 The Crisis in Culture: its SocialPero, ¿qué es la cultura? and Its Political Significance, tomando los recaudos de que como toda buena filósofa nos va a dar respuestas a algunos aspectos, las cuales consiguientemente nos llevarán a un nuevo nivel de preguntas que probablemente quedarán sin respuesta. Igualmente, lo importante es la motorización de la reflexión sobre el tema.
En la época moderna, la sociedad estaba dominada principalmente por los llamados «filisteos burgueses». Con esta frase nominal se designaba a “una mentalidad que juzgaba todo en términos de utilidad inmediata y «valores materiales», no teniendo en consideración a aquellos objetos y ocupaciones inútiles como los que representaban la cultura y el arte”. Para los filisteos vale aquello que es útil. El objeto cultural sólo vale en cuanto a su utilidad y no en cuanto a su objeto propio y representación cultural de la época.
Después de la rebelión del arte moderno ocurrió un nuevo fenómeno: la sociedad comenzó a monopolizar “la cultura” para los fines de posicionamiento social y obtención de estatus. Cuando las clases sociales medias europeas se encontraron con una cierta riqueza y disponibilidad de tiempo de ocio, buscaron competir por la posición social con la aristocracia naturalizada. Es así que “la cultura” comenzó a jugar un rol importante como arma para “educarse a sí mismo” y emerger de los estratos bajos donde estaba la “realidad”, para dirigirse hacia las regiones sociales irreales y supuestamente elevadas, donde se alojaban la belleza y el espíritu. Pretendidamente, la belleza y el espíritu eran monopolio de esas clases altas, mientras que a ellos les era reservado el espacio del trabajo y el sacrificio físico. Es así que por medio de la cultura y el arte les queda habilitado el escape de esa “realidad”, la realidad par excellence. Paralelamente, en ese antagonismo que se produjo entre los artistas y la sociedad, los mismos se rebelaban contra sus nuevos patrones (los filisteos burgueses) porque percibían el peligro propio de ser expelidos desde la realidad hacia una esfera de refinamiento impostado en la cual lo que ellos hicieran perdería todo sentido. Ser artistas reconocidos por una sociedad devenida en “educada” se había convertido en un cumplido de dudoso valor. Corría peligro de producirse una cierta prostitución del arte.
Arendt explica que más allá del aspecto psicológico de los artistas, lo que está en juego es el estatus objetivo del mundo cultural –libros, pinturas, esculturas, edificios y música-, el testimonio duradero de la era que les tocaba vivir y en la que producían objetos culturales. Es sabido que el único aspecto no social que evaluará a un objeto cultural será la permanencia relativa y la eventual inmortalidad. Aun así, existirán fines ulteriores de estos objetos que difieran del “arrancar y movilizar al lector o al espectador a través de los siglos”.
Hemos visto que los objetos culturales fueron considerados inútiles por los filisteos hasta que el filisteo cultural los captó como bienes de cambio a través de los cuales adquirió una posición más elevada en la sociedad o adquirió un mayor grado de autoestima. Estos valores “perdieron la facultad que les es peculiar en el origen de todas las cosas culturales, de atrapar nuestra atención y movilizarnos”. Frente a esta situación, ya en el primer tercio del siglo XX se hablaba de una “pérdida de valores” generada por el filisteísmo educado.
Es así que Arendt encuentra que “la principal diferencia existente entre sociedad y sociedad de masas es que la sociedad pretendía cultura, cosas culturales valorizadas y desvalorizadas como mercadería social, usadas y abusadas para sus propios fines egoístas, pero no las “consumían””. En la sociedad permanecía, aunque desvalorizado, un cierto carácter objetivo. En oposición, la sociedad de consumo no pretende cultura sino entretenimiento. Lo que el entretenimiento ofrece es consumido por la sociedad como cualquier otra mercancía.
El desarrollo del tema por el cual nos va guiando Arendt seguramente ya nos invite a preguntarnos qué es la «cultura». A la manera socrática, en la medida en que vamos sabiendo, nos vamos dando cuenta de que no sabemos. Esta es la tarea de la reflexión.
Alejandro Fidias Fabri

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s