Uno de los afiches virtuales publicados por los ciberorganizadores del 8N lleva como título la frase “PARECE QUECacerolazo 8N: una hermenéutica de Amos y Esclavos… NO NOS ESCUCHARON!!!”. Particularmente llama la atención porque no se trata de una frase neutra. Más bien exhibe cierta prepotencia. Ésta, por su contenido, por el uso de la mayúscula y por sus tres signos de exclamación, sugiere una recriminación del colectivo 8N hacia el gobierno (o más precisamente a CFK) por no haber dado curso a la variada (y algo abstracta y babélica) cantidad de demandas realizadas en el cacerolazo 13S. Es así que la nueva estrategia adoptada por los ciberorganizadores es la de haber reducido las demandas a cuatro: “no a la reforma constitucional”, “no a la inseguridad”, “no a la inflación” y “no a la corrupción política”. Son consignas de una entidad que con cada movilización pretende incrementar su peso propio (el colectivo opositor cacerolero) dirigidas a otra entidad que ya tiene peso propio (el gobierno). En terminología hegeliana, es el enfrentamiento entre dos pretendidos Amos. Uno exige que el otro, que no lo ha escuchado, lo reconozca como Amo y, consiguientemente, acate las demandas exhibidas (transformar al gobierno en Esclavo de una minoría pretendidamente Amo). Es lo que se llama “la Dialéctica del Amo y del Esclavo”.
Para Hegel, el hombre se diferencia del animal por ser consciente de su realidad y de su dignidad humana y, por ser sujeto de Deseos que superan a los meros instintos biológicos (animales) de preservación de la vida. A los efectos de facilitar la interpretación de esta dialéctica expuesta en su Fenomenología del Espíritu (1807), vamos a utilizar la interpretación que le diera en el siglo XX el filósofo francés de origen ruso, Alexandre Kojève. Es así que lo característico del hombre son los Deseos que superan a los de los animales. Y, es el Deseo del hombre el que lo lleva a la acción para intentar darle satisfacción. Agrega el filósofo galo que “el hombre no se «considera» humano si no arriesga su vida (animal) en función de su Deseo humano”. A su vez, este riesgo es el creador de realidades.
Desde otro ángulo, nuestros Deseos se entrecruzan y superponen con los Deseos de otros. Deseamos los Deseos de otros. En esta dinámica, la última instancia es que el otro, en su Deseo, me desee a mí como su valor, como su arquetipo. En otras palabras, que el otro me «reconozca» como un valor autónomo, como un Amo. Es así que nos constituimos como hombres en la dinámica de la lucha a muerte con los otros por recibir el «reconocimiento» -por puro prestigio-.
Ahora bien, si estos enfrentamientos se llevaran hasta el límite de la muerte, no habría ni humanidad ni realidad (cultura). La supervivencia de ambos es condición para que haya realidad humana. Para que ello ocurra, uno debe ceder ante el otro. De esta manera “debe «reconocerlo» sin ser «reconocido» por él. Pero «reconocer» así implica «reconocerlo» como Amo y reconocerse y hacerse reconocer como Esclavo del Amo”. El elemento de Dominio es la existencia autónoma; el elemento de Esclavitud es la existencia dependiente. En la dinámica de la existencia, o se es Amo o se es Esclavo.
Es así que podemos pensar como algo plausible que la confrontación del colectivo 8N con el gobierno es un tema de poderes. Se trata de quién reconoce al otro como Amo y se autoconstituye en su Esclavo. Muy probablemente, el gobierno siga sin escuchar a esta minoría opositora.
Alejandro Fidias Fabri

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