Mascarón de proa de la Fragata Libertad
Mascarón de proa de la Fragata Libertad

Nuestra nación ha pasado de ser históricamente asediada por leones y águilas a serlo ahora por buitres. El águila y el león han sido y son símbolos regios e imperiales. Tal es así que en épocas de nuestra emancipación del imperio español, la letra original de nuestro himno incluía en su octavo verso la frase “A su planta rendido un León”. Este León rendido representaba a la España vencida. El 9 de julio de 1816, con la Declaración de la Independencia, adquirimos nuestra propia soberanía y nos vimos investidos “del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli […] y toda otra dominación extranjera”. Si bien aún quedan en el mundo remanentes de aquellos tipos de colonialismo –tal es el caso de Malvinas-, las contemporáneas y subrepticias formas de ataque a las soberanías estatales no son ya equiparables. Éstas se condicen más con la afirmación que Karl Marx hiciera en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte: todos los grandes hechos de la historia universal aparecen dos veces, “una vez como tragedia y la otra como farsa”.
Es así que hoy vemos el intento grotesco de encadenar nuevamente a la Libertad. Nuestra soberanía es ahora acechada por un nuevo soberano simbolizado no ya por animales excelsos como el león y el águila, sino por un ave carroñera como el buitre. La gran metáfora está en registro de farsa: el acontecimiento del buque escuela de la Armada Argentina -la Fragata ARA Libertad-, retenida en el Puerto de Tema de la República de Ghana, por un recurso judicial presentado por el grupo NML Capital Limited (“fondo buitre” que compró bonos defaulteados de deuda soberana a precios viles para luego reclamarlos a su valor nominal). No se trata ya de un estado soberano intentando oprimir o colonizar a otro, sino de un grupo económico, sin bandera ni escrúpulos, con las características encarnadas por el buitre: la codicia, la avaricia y la crueldad. Aquellos “eternos laureles que supimos conseguir”, están puestos hoy en juego por un grupo carroñero que simboliza una nueva soberanía: no ya aquella que otrora fuera derivada de la propia del “Eterno que preside el universo”, sino por el poderoso caballero don Dinero.
Tengamos presente que el concepto de soberanía es de orden teológico-político y tiene sus orígenes en el atributo de Dios explicitado en las Sagradas Escrituras: su poder absoluto de gobierno del mundo. Esta característica fue luego encarnada por todas las expresiones monárquicas –incluida la Iglesia-, cuyos poderes eran derivados de Dios y legitimados por Él. Hoy, la soberanía, ya escindida del poder espiritual y sin tutelajes externos, es el poder supremo de una Nación jurídicamente independiente y no derivado de ningún otro.
Corren épocas degradadas en las cuales un buitre carroñero pretende también erigirse en soberano. Se les ha hecho carne la inscripción de la moneda norteamericana (“In God we trust”) y, además de “creer en Dios”, pretenden también poseer sus atributos. Debieran considerar que no en vano nuestra Fragata Libertad posee ese nombre y no en vano tiene un mascarón de proa que representa la imagen de la República Argentina y su sentimiento arraigado a la libertad.
“Sean eternos los laureles que supimos conseguir”.
Alejandro Fidias Fabri

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