El gran triunfo en las elecciones presidenciales y departamentales del 7 de Octubre en Venezuela, fue de la democracia. Es sabido que el régimen de gobierno democrático no es perfecto, pero que es el menos malo de los conocidos. En este caso en particular, el triunfo objetivo es el del cumplimiento de las reglas que comportan a las elecciones. De aquí en más seguramente sean los defectos propios de un sistema de hombres mortales los que dejen a la vista los puntos complicados del sistema: por un lado, un partido ganador con el 55,25 % (Hugo Chávez) antagonizando con un partido perdedor que es una gran minoría, el 44,14 % (Henrique Capriles) y, por otro lado, la implicancia que puede tener tantos años de ejercicio continuo del poder presidencial. Desde lo ideológico, este resultado asegura el modelo de UNASUR.
¿Qué significa que la democracia sea el menos malo de los sistemas?¿Desde qué óptica? Para responder a estas preguntas vamos a hacer un pequeño recorrido teórico.
Tanto por lo planteado por innumerables pensadores de la política a lo largo de la historia, como por nuestra propia experiencia práctica, no nos debiera caber duda alguna que es merced al vivir en sociedad que podemos desarrollar al máximo nuestras capacidades naturales. Asimismo, el hecho de pasar a vivir en ella implica tanto asumir ciertos deberes y obligaciones (por ejemplo, el pago de impuestos, cesión de libertades individuales, etc.) como obtener ciertos derechos (por ejemplo, a elecciones imparciales y libres, a seguridad, etc.), ciertas libertades (por ejemplo, libertades personales más amplias que bajo otros regímenes) y oportunidades (al desarrollo personal).
En su texto La democracia y sus críticos, de 1989, el politólogo contemporáneo norteamericano Robert Dahl afirma que nosotros, por el hecho de convivir en la asociación de una sociedad, requerimos de un proceso para la toma de decisiones colectivas obligatorias (de gobierno). Estas son las normas, leyes y procedimientos que debemos cumplir. Agrega que la democracia, poder del pueblo, se refiere más acotadamente al gobierno de los miembros considerados iguales en lo referente a la toma de decisiones (por ejemplo, los ciudadanos que tienen derecho a voto en las elecciones). Estamos ya en el fundamento de la democracia: la idea de igualdad intrínseca (por lo menos para la toma de decisiones colectivas). Es así que Dahl denomina a esta característica «Idea de la Igualdad Intrínseca». También lo podemos ver desde su opuesto: “nadie es intrínsecamente superior a nadie”. Esta idea deriva históricamente de la igualdad de los hombres en las doctrinas de las llamadas Religiones del Libro (cristianismo, judaísmo e islamismo), e implica el pasaje desde el gobierno de pocos (aristocracia) al gobierno de muchos (democracia).
Desde otra óptica, democracia representativa y libertad están vinculadas por ser el régimen que “expande al máximo la oportunidad de cada ciudadano de vivir bajo el imperio de la ley que él mismo elige” (tenemos que pensarlo kantianamente: el legislador legisla como si legislaran los ciudadanos). Es así que el obedecer leyes autoimpuestas (por la vía de nuestros representantes) maximiza la libertad de autodeterminación.
¿Acaso la Voluntad General es la voluntad de todos? No, es la voluntad de la mayoría. Por ello, “la minoría que perdiera la votación no sería regida por leyes que ella misma habría escogido” y, en conclusión, tendrá menores grados de libertad que la mayoría.
Otro problema: ¿estamos todos igualmente calificados para autogobernarnos (por ejemplo, para votar)? Para la democracia teórica, la gran mayoría sí lo estamos, seríamos una suerte de pares epistémicos políticos. Por otra parte, agrega Dahl que ninguno está tanto más calificado que los otros como para decidir por ellos y sus bienes (si así fuera, el mejor régimen de gobierno sería el de los pocos).
Una de las defensas más importantes de la democracia es que es el medio que conduce a las mayores libertades –a comparación de otros regímenes-. En este punto tenemos que considera que en todos los países del mundo que son gobernados por sistemas democráticos, hay y habrá siempre un hiato entre lo ideal y lo real, entre lo que debe ser y lo que es. Más aún, además de no ser el sistema perfecto, jamás se logra su ideal.
Continuaremos en próximas entregas con temas de la democracia.
Alejandro Fidias Fabri

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