Acerca del polémico escrito sobre el 13-S (Parte II)…

Arte callejero, Buenos Aires

Arte callejero, Buenos Aires

Quienes tenemos mayor disponibilidad de tiempo para el análisis de determinados fenómenos, podemos ir descubriendo las diferencias en características y comportamientos que muestran las masas que hemos tenido oportunidad de presenciar o ver por los medios de comunicación masiva. Existen diferencias entre las masas de Plaza de Mayo de Perón de los años ’70, las de nuestra crisis de diciembre de 2001, las de las exequias de Néstor Kirchner, o las de los cacerolazos opositores del 13-S. También comparten algunas características.
Los mails referidos al cacerolazo 13-S que me enviaran algunos lectores -todos ellos referidos a la Ciudad de Buenos Aires-, detallaban algunas: “no se rompieron vidrieras ni se robó nada y nadie tuvo que firmar asistencia ni nos dieron a cada uno un choripan y dinero”, “nadie nos acarreó como ganado en camiones ni nos ofreció nada a cambio”, “no hubo aparato ni grupo aglutinante”, “todo con educación y el mayor de los respetos”, “la mayoría de los que estábamos ahí, no nos sentíamos representados más que por nuestra propia discrepancia con un gobierno, que no escucha ni ve, pero que nos sigue levantando la voz cada vez que se nos ocurre no estar de acuerdo con sus doctrinas”, “esa masa era por lo menos (la del centro) de 75% mujeres”, y otras tantas. Agradezco mucho estos aportes.
Un tema que a mí sí me llamó la atención, también advertido por algún medio, fue la desmesura de ciertos insultos hacia la figura presidencial y la radicalidad en pretender comparar su gobierno con una dictadura y, hasta con el nazismo. Por un lado, habla de la enorme libertad de expresión que vivimos y, por el otro lado, habla de la intolerancia de algunas personas y, de su cierre al pensamiento de propuestas superadoras. Esto me lleva a tomar prestado un ejercicio de antropología comparada del texto de Canetti, sin la interpretación que éste le dió: durante la primer expedición a África del antropólogo Paul du Challu, en 1855, éste tuvo la oportunidad de presenciar los acontecimientos de la muerte del anciano Rey Glass de Gabón, sus exequias, la elección del nuevo rey y su nombramiento. Resulta ser que la tribu ya estaba cansada de su rey y, por lo bajo, lo odiaba. Finalmente murió y, aunque todos deseaban esa muerte, el duelo y los llantos duraron seis días. Durante este lapso, se reunieron secretamente los ancianos de la tribu para elegir al sucesor. Al sexto día se le informó al pueblo que sería el joven Njogoni. Sin que éste lo sospechara, la mañana del séptimo día fue atacado por la totalidad de la población. La finalidad de esta ceremonia preliminar era la de disuadir a cualquiera que no tuviera la suficiente ambición como para aspirar a la corona. Fue rodeado por la muchedumbre, escupido en la cara, golpeado a puño cerrado, pateado y, se le arrojaron objetos desagradables. Aquellos más alejados del centro de esta masa se dedicaron a insultarlo a él, a su padre, a su madre y, a sus ancestros. Un extranjero no hubiera apostado a que saliera con vida de esa ceremonia. ¿Por qué tanta violencia? Uno de la masa repetía incesantemente las siguientes palabras: “Aún no eres nuestro rey; por este breve lapso podemos hacer lo que queramos contigo. Al finalizar tendremos que seguir tu voluntad”. Luego fue coronado con un sombrero de seda, tomando el mismo nombre de su predecesor, Rey Glass. No cualquiera hubiera pasado esta prueba; requería de valentía, audacia y templanza, tres características necesarias para guiar los destinos de su pueblo.
Por el momento, vamos a dejar a las masas en paz.
Alejandro Fidias Fabri

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2 pensamientos en “Acerca del polémico escrito sobre el 13-S (Parte II)…

  1. “Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política nunca se llevaron demasiado bien, y nadie, por lo que yo sé, puso nunca la veracidad entre las virtudes políticas. Siempre se vio a la mentira como una herramienta necesaria y justificable no sólo para la actividad de los políticos y los demagogos sino también para la del hombre de Estado” (Hannah arendt dixit).

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