"Manifestación", 1934, Berni
“Manifestación”, 1934, Berni

La movilización del 13 de setiembre estuvo integrada en su mayoría por ciudadanos simpatizantes de partidos políticos que otrora fueran oposición activa del oficialismo. Como me expresara una lectora del blog, se debiera entender que el significado de la palabra “espontáneo” en el sintagma «movilización espontánea» no tuvo tanto que ver con el “propio, voluntario y coincidente impulso de los integrantes de la burbujeante masa”, como con que implicó que se trataba de una manifestación no dirigida por políticos y activistas sociales (aunque sí integrada: participaron, entre otros, Federico Pinedo, Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo y el rabino Bergman).
La lógica indicaría que si estos ciudadanos estaban descontentos con los desbordes presidenciales, la responsabilizan por la inseguridad, por el exceso de cadenas nacionales (no por el contenido ni por los resultados), etc., y eso los llevó a movilizarse y a proferir una variada gama de dichos devaluatorios e insultos hacia la presidenta, hay algo que está fallando. Para mi gusto, en una lectura de mayor profundidad, esta movilización indicó que los representantes políticos de los movilizados están resultando inoperantes para representarlos en sus ideales, pero que, paradójicamente, los movilizados aceptan estar representados por políticos apáticos que cobran sueldos pero no se animan a confrontar con los poderes (algunos de los cuales ellos mismos integran). La movilización sin aparente liderazgo formal, indicaría que la parte de la población que está representada por la minoría política, ha perdido toda esperanza en sus representantes. Tal es así que en lugar de reclamarles una mayor presencia, eligen interpelar directamente a quién saben se caracteriza por su gran ejecutividad, la misma presidenta. La propia inteligencia de los movilizados los ha llevado a saltar a sus representantes. ¿Para qué perder el tiempo llamándole la atención a quienes no se sienten aludidos?¿Para qué perder el tiempo en interpelar a los variados líderes opositores, quienes muy parados en sus egos, están permanentemente eludiendo el camino de formar una alianza que presente mayor fuerza frente al oficialismo? Todos pretenden ser caciques de la minoría.
Por otra parte, es de todos sabido que la toma de decisiones colectivas de un proceso democrático se lleva a cabo mediante la norma o regla de la mayoría: gana las elecciones quien obtiene la mayoría de los votos positivos del electorado, y, también es condición suficiente para la sanción de las leyes que prevalezca la regla de la mayoría. Lo mismo ocurriría si hubiera una intención de cambiar parcial o totalmente la Constitución. Por supuesto que en los diversos casos, difieren las bases que debe superar la mayoría. El destacado politólogo norteamericano contemporáneo Robert Dahl, afirma que, entre otros motivos, “la norma de la mayoría maximiza la cantidad de ciudadanos que pueden ejercer la autodeterminación en las decisiones colectivas. […] Asegura que el mayor número posible de ciudadanos viva regido por leyes que ellos mismos han elegido”. A los ciudadanos que son minoría, les queda ejercitar inteligentemente su derecho a movilizarse; a los líderes, tejer alianzas o apáticamente esperar que sus votantes hagan lo que tienen que hacer ellos. Bien afirma Dahl que “no hay mayorías ni minorías permanentes”. Eso lo conocemos muy bien los argentinos: algunos líderes de minorías se han ganado esa posición por el propio mérito de sus gestiones cuando fueron mayoría.
Alejandro Fidias Fabri

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