"La verdad, ¡faltan huevos!"

Cuando comencé en mi juventud a trabajar como ingeniero, mi padre me dio un único consejo: “Cuando des una"La verdad, ¡faltan huevos!" orden a un colaborador y tengas dudas sobre si la entendió bien, pedile que te la repita y que te explique cuál será su plan de acción a partir de la misma”. A su manera, me estaba alertando sobre la ambigüedad y la falsa ilusión de transparencia del lenguaje en los actos del habla.
El enunciado del título contiene ex profeso una falta de cooperación conversacional mía para con ustedes, mis lectores: si bien provocativo, es un enunciado ambiguo y sin referente (no se sabe a qué huevos me estoy refiriendo). Podría tratarse de la expresión de algún hincha de fútbol mientras está viendo jugar a la Selección de su país o, de algún ciudadano al referirse a algún líder de la oposición política o, a la corderil reacción del pueblo de algún país europeo frente a los radicalizados recortes presupuestarios o, como es el caso, a la escasez de huevos que hay actualmente en Méjico debido a un brote de gripe aviar en Jalisco (cliquear aquí para ver la noticia).
Dada la escasa información del título, cada lector, parado en su ego, conjetura sobre el enunciado desde su propia perspectiva. Habría sido más colaborativo de mi parte el haber escrito: “Debido a un brote de gripe aviar en Jalisco, hay escasez de huevos en Méjico”. Este ejemplo nos servirá para exponer un problema que suele presentarse en los diálogos que no llegan a buen puerto: el anclaje a los propios egos de parte de los interlocutores. La ausencia de “ponerse en los zapatos del otro” cuando diseñamos y cuando recepcionamos los enunciados conversacionales.
El Principio de Cooperación Conversacional de Grice recibió el posterior aporte de estudiosos que agregaron que “para que una conversación sea verdaderamente cooperativa, la producción y comprensión de enunciados lingüísticos debe estar gobernada por un conocimiento en común –una información que los interlocutores saben que comparten-“. Consideraron que los interlocutores tienen que diseñar los enunciados teniendo en cuenta los pensamientos, creencias y presunciones del otro (el oyente). A esta consideración de la perspectiva del otro en el diseño la llamaron “Principio del diseño óptimo”. De la misma manera, el oyente, en la decodificación del enunciado del locutor, también tiene que tener en cuenta la perspectiva de éste. En la práctica, pocas veces aplicamos este Principio del diseño óptimo y, en su lugar nos vemos obligados a utilizar procesamientos heurísticos – estrategias (deliberadas o no) que se basan en una valoración natural para producir predicciones- para resolver las ambigüedades contenidas en los enunciados.
Es así que el diálogo entre dos interlocutores –dos egos- se desarrolla desde dos posiciones egocéntricas (ancladas a la perspectiva del ego, la propia) que se van ajustando hacia el otro con el avance de la conversación. Hay un permanente pasaje de la perspectiva propia al intento de alcanzar la perspectiva del otro. A este proceso iterativo lo han llamado “Teoría del ajuste de perspectiva”. Aun así, los malentendidos seguirán existiendo. Nunca alcanzaremos la perspectiva del otro.
Agreguemos como problema que el lenguaje que tomamos como un transparente reflejo de las cosas e ideas, es en realidad portador de diversos grados de opacidad (pensemos en dos enunciados: “le duele la cabeza” y “faltan huevos”). Tenemos la falsa ilusión de que las expresiones son transparentes y nuestros actos del habla suelen basarse equivocadamente en esta presunción.
Tengamos presente esos inusuales diálogos en los cuales el oyente, frente al enunciado recepcionado, da una pitada al cigarrillo, recorre el techo con la mirada y, luego responde con su propio enunciado. Podemos entonces plantear otro enemigo del diálogo con enunciados diseñados óptimamente: el tiempo. Cuanto más presionados estamos por el tiempo, menos podemos recurrir a buscar la optimicidad en el diseño, la eficacia, y nos dirigimos hacia la eficiencia que se logra sólo parándose más en el ego y con rapidísimos procesos heurísticos en los que muy probablemente se radicarán malentendidos.
Creo que el tema es algo complejo y no es mi intención embarullar más al lector. Por ello, considero apropiado dejar el tema aquí.

Alejandro Fidias Fabri

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s