Confusiones terrícolas…

Un malentendido

Un malentendido

La analogía del medio vulcano Mr. Spock utilizada en el escrito precedente ha resultado bien explicativa para que comprendamos la diferencia entre un diálogo entre seres totalmente racionales y lógicos y un diálogo entre seres racionales que estamos atravesados por pasiones. Igualmente, el modelo de Grice, centrado en nuestra (¿imperfecta?) racionalidad, pone luz a la lógica que subyace a un diálogo. Es así que hemos visto el Principio de Cooperación Conversacional y las máximas y submáximas que tienden a hacer racional a un diálogo. Podemos entender que cuanto más racional sea el intercambio de enunciados entre dos o más interlocutores, habrá menos posibilidades de malentendidos.
Una vez establecido el Principio y las máximas, Grice se centra en el tema que le preocupa, que son los aspectos no convencionales de la comunicación: la diferencia entre lo que una persona dice y lo que quiere dar a entender (o implicar) con su dichos. Así, Grice denomina «implicatura» al significado conversacional (como distinto del significado convencional de las palabras unidas en una oración) de lo que se ha dicho. ¿Qué significa esto? Una persona enuncia “p” para conversacionalmente implicar “q”. Un clásico ejemplo que cualquiera puede comprobar: está una persona parada en la calle, se acerca otra y le pregunta “¿señor, tiene hora?”; si la persona tiene un reloj que funciona, su respuesta ajustada al Principio de Cooperación y a las máximas debiera ser la de darle la hora (por ejemplo, “Si, son las 13.15 hrs”). En cambio, la respuesta a la pregunta tomada literalmente y no con su implicatura, sería “Si”, y se quedaría aguardando a que le repreguntara “¿Me la puede decir?”, a la que también le podría contestar “Sí”, hasta que finalmente ante la pregunta “¿Qué hora es?” le respondiera con la hora. Digamos que el interlocutor que responde a la pregunta literal y no a la implicatura estaría aportando una contribución «inconveniente» a la dinámica y a la lógica conversacional, incumpliendo con el Principio de Cooperación Conversacional y lás máximas que se desprenden de éste. O sea que Grice analiza la vinculación existente entre el contenido proposicional del hablante y el efecto implicado en lo dicho para el oyente.
Tenemos aquí dos aspectos que ya se visualizan: uno sería que es una probable fuente de mala interpretación y de desacuerdo; el otro sería cuan apegado está un hablante a su punto de vista o a la intencionalidad de acercarse al punto de vista del interlocutor. Este segundo aspecto sería la causa más usual de los desacuerdos que se producen entre interlocutores. Un hablante y un oyente fijados en sí mismos, en sus egos, o dirigidos hacia el otro. ¿Hay postura más cómoda que la de no salirse de la propia estructura de pensamiento? Dirigirse hacia el otro requiere de un esfuerzo y, es eso lo que está implicado en el Principio de Cooperación. Estamos frente a un tema ético y más precisamente a un problema de alteridad.
Alejandro Fidias Fabri

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