Diálogo político: ¿un oxímoron?

Diálogo político: ¿un oxímoron?Somos seres-arrojados-a-un-mundo-de-ideologías: desde que nacemos nuestra subjetividad se va nutriendo y estructurando por los ideales que portan los encuentros con nuestros padres, hermanos, amigos, maestros, profesores, y el ámbito de pertenencia en general. Este ingreso al mundo social nos aporta nuestra visión del mundo. A medida que vamos creciendo, en la búsqueda de una identidad subjetiva fuerte, nos vamos identificando libidinalmente con objetos colectivos (la identidad nacional, el equipo de fútbol de preferencia, una ideología política, etc.). Llegados a un punto, no podemos discernir entre nuestra propia identidad y las diversas investiduras que la han conformado: estos colectivos se nos han hecho carne. Nuestra identidad es impensable sin ellos. Visto que no están arraigados a la razón sino a la emoción, es a partir de estas pasiones que luego hemos construido las razones fundamentadoras de nuestras creencias.
¿River se fue a la B Nacional? Lo banqué hasta que ascendió a Primera División. Cualquier discusión al respecto podía llegar a un cierto grado de enfervorización y hasta de agresión. Criticar a River era poner mi propia identidad y mi historia personal en peligro. Lo mismo ocurre con la política: hay ciertos valores e ideales que llevan a un sujeto a simpatizar con una ideología o con un líder político y eso forma parte de su identidad. Ya hemos visto que es propio de las ciencias humanas el ser multiparadigmáticas y es así que en un punto, tener una preferencia política trata de un hecho más de creencia que de razón. Es una experiencia cuasinouménica. Si radicalizamos esta construcción identitaria, podemos observar que no es casual que aún hoy en día siga habiendo luchas religiosas, luchas políticas, luchas entre naciones, luchas entre barras de fútbol, etc. No es casual que lleguen a causar muertes.
En la Argentina hemos experimentado en las últimas décadas una diversidad de antagonismos políticos (peronismo y gorilismo, democracia y dictadura, tradición y subversión, izquierda y derecha, etc.) hasta llegar a la década del 90, en la cual sutilmente los ciudadanos fuimos despolitizados y convertidos en consumidores (con un nuevo germen de antagonismo: consumidores –dentro del sistema- y no consumidores –expelidos del sistema-). El nuevo siglo hizo nuevamente emerger nuestras ciudadanas capacidades políticas, centradas hoy en el antagonismo kirchnerismo y oposición. Puede darse el caso que a un ciudadano le gusten algunas medidas oficialistas y otras no, pero la propia esencia dicotómica de la política lo arrastrará a ubicarse o en una postura o en la opuesta. La política se transforma en una suerte de sinécdoque: una parte de la ideología ya implica al todo. No hay lugar para los matices, es una trampa binaria. Es así que el terreno es propicio para que en cualquier diálogo entre sujetos de posturas opuestas donde el tópico sea la política, rápidamente caigan las máscaras de la razón para dar lugar a la emergencia de las pasiones, de las pulsiones agresivas. ¿Por qué? Simplemente porque sabemos ya que por debajo de los argumentos de razón que sostienen a nuestras apetencias políticas, está nuestra carne simbiotizada a los colectivos que favorecieron nuestras construcciones identitarias.
Alejandro Fidias Fabri
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s