Tengo una simpática amiga que, ya acostumbrada a que le impongan límites a sus conversaciones, comienza lasDime cuál será el tópico del diálogo y te diré que puede llegar a ocurrir charlas -medio en broma y medio en serio- diciendo: “Para ahorrarme problemas, díganme antes de empezar qué temas puedo tocar y qué temas no puedo tocar”. Probablemente tenga mucha experiencia de vida o una sabiduría intuitiva.
Hay un clásico ejemplo pedagógico que utilizan algunos filósofos: van dos personas a comer a un restaurante y de antemano deciden que cada uno pedirá el menú que quiera y finalmente le sumarán a la cuenta un 20 % de propina por el servicio y dividirán el total por dos. Les llega la cuenta por un total de $ 90 -sumándole el 20% y dividiendo por 2 da $ 54-, uno pone $ 55 y el otro pone $ 53. Hay un desacuerdo. Uno de ellos o los dos se han equivocado. Una salida sería la llamada «consensual», que implica partir la diferencia por la mitad (siendo la diferencia de $ 2). Así, cada uno pondría $ 54 –uno resta $ 1 y el otro suma $ 1-. Pero, la búsqueda del consenso no necesariamente implica que la cifra alcanzada sea la correcta –en este caso particular sí lo es-. Frente a este desacuerdo, tratándose de un simple hecho matemático e intrascendente, cada uno por su lado da por sentado que puede haberse equivocado y que sea el otro el que tenga razón. Recalculan el número y concluyen que ambos se habían equivocado y la cifra correcta era de $ 54. De este ejemplo podemos sacar al menos dos conclusiones: primero, frente a un desacuerdo de partes, no siempre consensuar una posición intermedia es la solución correcta y, segundo, la buena voluntad y la primer intención de autoinculparse por el posible error no ocurre en todos los tópicos que usualmente nos llevan a desacuerdos. Sí en este caso. ¿Por qué? En un principio puede tener ver con la ciencia que esté vinculada al problema en cuestión, con la emocionalidad que involucre, con los intereses que involucre, etc. Por el momento, vamos a acotar el tema a los intereses intelectuales.
El desacuerdo planteado en el caso expuesto tiene una particularidad: podemos clasificarlo como bajo el paraguas de las ciencias formales –la matemática- y tan sólo haciendo bien los cálculos, el resultado correcto será único. Ese resultado dejará al descubierto a aquella o aquellas personas que hayan cometido un error. No habrá discusión posible. Probablemente de allí surja la humildad en la intención de cada uno en recalcular el número asumiendo su posible equivocación.
Un segundo caso es cuando en un diálogo se tocan temas vinculados a las ciencias de la naturaleza –física, química, biología, etc.-: el epistemólogo Thomas Kuhn lo trató en el texto de 1962 La estructura de las revoluciones científicas. El llamó período de ciencia normal a aquél que se desarrolla en la comunidad científica bajo un determinado paradigma –entendiendo por paradigma al conjunto de creencias, modelo teórico universal de resolución de problemas, prácticas consensuadas por la comunidad científica, equipamientos, textos, etc. -.
O sea, hay un único paradigma que avala a la comunidad y todas las discusiones vinculadas a las ciencias naturales se pueden dar bajo este paraguas. Entre «pares epistémicos», difícilmente haya lugar a conflictos. Sí pueden plantearse conflictos entre participantes que tengan desniveles ya sea en el conocimiento, la teoría, etc. Cualquier conflicto entre partes que se pudiera plantear, será fácilmente dirimido por un experto en el tema en cuestión.
Un tercer caso es el de los tópicos vinculados a las ciencias sociales –economía, política, sociología, etc.- y a la religión: así como en las ciencias naturales se opera bajo un único paradigma, las ciencias sociales son multiparadigmáticas. ¿Qué quiere decir esto? En un mismo período coexistirán paradigmas y teorías que pueden llegar a oponerse, porque se fundan en supuestos diferentes (por ejemplo: el hombre es altruista o el hombre es egoísta). Las supuestas verdades pueden ser varias. Es así que habrá seguidores del neoliberalismo, otros del Estado Benefactor, otros del Marxismo, la izquierda política, la derecha política, etc. Aquí difícilmente se logre acuerdo alguno, aún entre pares epistémicos. Bien sabemos que suele ocurrir que cuando la razón no alcanza, rápidamente da lugar a la emoción y hasta se puede llegar a la agresión. La única opción que queda en un caso así será de corte ético: aun no estando de acuerdo con el interlocutor, comprender que ninguno es portador de una verdad absoluta y, respetar la visión del otro.
Dado que el tema es bastante más complejo, seguiremos en próximas entregas.
Alejandro Fidias Fabri
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