El villano Bane
El villano Bane

En su reconocido texto Cultura y simulacro de 1977, Jean Baudrillard, filósofo y sociólogo francés, nos advierte sobre la presencia de la cultura de lo hiperreal. Afirma que no es ya lo real lo que precede al simulacro, a la simulación (el filósofo galo utiliza como ejemplo el caso del mapa del Imperio de China expuesto por Borges en su cuento Del rigor en la ciencia; un territorio precede al mapa de dicho territorio, y ese mapa será una metáfora y un simulacro del territorio), sino que es el simulacro el que precede y origina a lo que da en llamar la «hiperrealidad». Entendemos entonces por simulacro a la simulación de una realidad y, por hiperrealidad, a aquella realidad que paradójicamente es precedida por su simulacro.
En el hilo de la propuesta de Baudrillard, podemos interpretar entonces a la matanza ocurrida días atrás en Denver durante el estreno de la película de Batman -The Dark Knight Rises- como un acontecimiento hiperreal: el simulacro –la película de Batman de género ficción- engendra un acontecimiento real (ahora, hiperreal) que retoma la fábula del simulacro. Cuando el joven James Holmes ingresa a la sala encarnando a Bane -el “malo” de la película-, simulándolo con una máscara de gas tapando su rostro, arrojando gases lacrimógenos y disparando a mansalva con las armas de guerra que portaba –entre ellas un rifle de asalto AK-47- , el auditorio lo tomó en un principio como una performance que formaba parte de la película y de su marketing de difusión. Fue la sangre verdadera que emanó de los cuerpos de las víctimas que iban cayendo lo que le permitió a los asistentes discernir entre el simulacro y la hiperrealidad. El asesino James Holmes, con su acto, estaba implantando lo hiperreal. La confusión creada entre los asistentes durante el tiroteo pone luz a un hecho propio y esenciante de lo hiperreal: el intento de hacer coincidir lo real con sus modelos de simulación, lo que pone a lo hiperreal “al abrigo de lo imaginario y de toda distinción entre lo real y lo imaginario”. La cadena de efectos aún continúa: tres días después –según The Denver Post- se dio en Colorado un incremento del orden del 50% en la venta de armas respecto de las semanas precedentes. Estaríamos así frente a la simulación de tercer grado: el simulacro –la película- engendró una realidad encorsetada a él –la matanza por parte del pseudoBane- que continuó su fábula y, esta hiperrealidad engendró otro simulacro y otra hiperrealidad –el incremento en la venta de armas como prevención por parte de la población debido a la sensación de una diseminación de los varios Bane que podrían darse-. Ya está en marcha la máquina de producir hiperrealidades.
Alejandro Fidias Fabri

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