La política como una justa de caballeros…

Justa de caballeros

Justa de caballeros

Aquellos que ya tenemos algunos años, hemos tenido la experiencia de sufrir las cruentas repercusiones en la economía argentina de las crisis denominadas el “Efecto Tequila” en 1994, la crisis asiática de 1997, el “Efecto vodka” de 1998, y otros tantos. Hoy en Europa están intentando superar una probable caída al abismo económico de Grecia, España e Italia. Mientras tanto, en el marco de esta situación internacional de complejidad, nuestro gobierno está tomando algunas medidas de prevención que no son bienvenidas por algunos sectores de la población, pero que de no tomarlas, podríamos llegar a sufrir una importante crisis. Digamos que es una situación delicada. En medio de esta situación no se está discutiendo cuántos trabajadores despedir sino, por el contrario, se están negociando los incrementos salariales del año en curso. Moyano no podría haber elegido un momento más sensible para intentar paralizar el país mediante un paro de transportes y luego mediante un Paro Nacional. A nosotros, el pueblo espectador, no nos causa mucha gracia ver cómo somos tomados como rehenes de una lucha política y/o personal de poderes. Pensando desde el bien común, no es racional en un momento así, agregarle al país la carga de crisis internas provocadas.
Foucault plantea que la política es la continuación de la guerra por otros medios. No solo invierte el principio de von Clausewitz sino que advierte que lógicamente es anterior a éste. Es claro que primero tuvo que haber una guerra para luego, a través de la política, transformar en agonismo el antagonismo presente entre los enemigos. Dentro de esta línea, en términos psicoanalíticos podríamos pensar a la política como la sublimación de la guerra. Esto es, bajo una máscara racional están agazapadas las pulsiones de vida y muerte. Es así que el teórico político Carl Schmitt pensó que “la diferenciación específicamente política, con la cual se pueden relacionar los actos y las motivaciones políticas, es la diferenciación entre el amigo y el enemigo”.
En un análisis reduccionista, podemos pensar que la construcción de poder del kirchnerismo se basó en una estratégica definición del amigo mediante la articulación de sus demandas y, en la confrontación permanente con el enemigo (político) que le ayudó a conformar su propia identidad. Durante la primera etapa, Hugo Moyano, primeramente en su función de Secretario General de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte y, posteriormente de la Confederación General del Trabajo, fue funcional a esta construcción política dentro de la categoría «amigo». Como resultado de los logros del primer gobierno de Cristina Kirchner y de su aplastante triunfo electoral para el segundo mandato, la presidenta vio la necesidad de reorganizar sus propias fuerzas. Es aquí donde entra a jugar la categorización política de Julien Freund, continuador de la teoría schmittiana. Para Freund, el objeto de la lucha política es arrebatarle el poder al enemigo, no es la destrucción de éste. En esta acción también queda conformado el espacio de poder. Para él, otra noción que es condición necesaria de lo político es la del par «mando-obediencia». En la reconfiguración que se está dando dentro del propio espacio político del kirchnerismo, entra en conflicto esta categoría. Hay intereses por desplazar poderes, intereses por mantenerlos e intereses por acrecentarlos. Aquél que no obedece, indefectiblemente pasará a ser un enemigo. A su vez, este conflicto, por la propia dinámica de interacción, provocará un reordenamiento «amigo-enemigo».
Por otra parte, Argentina es un país de corte presidencialista: en la teoría vemos mal los desbordes del poder ejecutivo por sobre los restantes dos, pero en los actos dejamos que ocurran –aunque los critiquemos. Schmitt es reconocido como el teórico del decisionismo político que cuestionó como antipolítico el debate racional legislativo, y propició la toma de decisión ejecutiva para lograr aprehender los conflictos reales de lo político, que suelen superar al marco formal legal. Tanto Cristina como Moyano son dos decisionistas, cada uno con su propia personalidad y con las limitaciones que las funciones les imponen.
Pareciera que en la confrontación de dos decisionistas no hay lugar al empate. Como en el caso de una justa de caballeros, uno debe ser derribado. El menor costo para nosotros ciudadanos rehenes es que lo sea Moyano. Esta visión no implica la justicia o injusticia de los reclamos sindicales. Se trata de un hecho puramente político.
Para terminar, en la antigüedad, mientras cronos era el vocablo griego que designaba al tiempo, kairós designaba al tiempo oportuno. Pareciera que Moyano no está sabiendo captar el kairós para confrontarse y convalidar su propio poder con un gobierno que ganó por el 53% del electorado neto. Esto es solo desde mi visión de espectador rehén y probable daño colateral.
Alejandro Fidias Fabri

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s