El tango de la mentira y la política…

El tango de la mentira y la política...El otro día leí un artículo de opinión escrito por un economista en el periódico de un importante grupo multimedios del país. El autor hizo una analogía entre un comerciante farsante que a fuerza de mentiras y engaños terminó quebrado y suicidado y, las mentiras y decisiones gubernamentales que conducen a un final apocalíptico. Si bien estaba escrito en registro de ironía, me hizo pensar en la escalada compaginada, en lo trágico del final, en el vínculo entre la mentira y la política, en la amplitud del significado del concepto «mentira» y, en la ingenuidad o intencionalidad de plantear semejante radicalidad y desenlace de la mentira en la política. También, desde algún lado, el artículo me recordó a la letra del tango Mentira en el cual un varón canta su decepción por las mentiras de la amada (y mala) mujer. En este caso, los argentinos –para el tango, el varón con la felicidad quebrada- declaran las mentiras de la (amada) política gubernamental. Está explícito en este tango que hubo un pasado de un amor creídamente correspondido, está implícito en el escrito que también hubo un momento de política gubernamental sin mentiras, pero, a diferencia del artículo, este tango no augura un final tan tremendo. Pasando al tema filosófico, el artículo de opinión plantea la concatenación in crescendo de una serie de mentiras y decisiones políticas que si no son asumidas como tales, concluirán en un suicidio de todos los argentinos. Vamos a considerar dos de las descriptas: la destrucción del sistema estadístico nacional (“no sólo teníamos inflación sino que se mentía a la población”) y el peligro de “creer en las propias mentiras”. No es mi objetivo emitir un juicio sobre la perspectiva e intencionalidad del artículo, pero sí rescato, como para analizarlo, el tema del vínculo entre la mentira y la política.
Para referirnos a la mentira, vamos a definir los límites entre los cuales ésta se puede presentar en una comunidad: la de máxima sería una comunidad en la cual todos los dichos fueran mentira, en ella claramente nada sería comunicable con rectitud, no habría posibilidad de comunidad; la de mínima sería la expuesta en la novela de ciencia ficción La ciudad de la verdad del escritor americano James Morrow, allí todos están obligados a decir siempre la verdad y nada más que la verdad, lo que también haría imposible la coexistencia (tan solo imaginémonos el decirle a una mujer después de tres horas de peluquería que el nuevo peinado le queda horrible). Entonces, nuestros límites son los de la imposibilidad de la comunidad: la mentira total y la verdad total. Siguiendo una senda filosófica, se impone ahora definir qué es la mentira.
Provisionalmente vamos a considerar la definición más común de «mentira», según la Stanford Encyclopedia of Philosophy: mentir es hacer una declaración tomada por falsa, a otra persona (o público en general), con la intención que la persona (o público en general) crea que esa declaración es verdadera. A esta definición se le pueden plantear varias objeciones, pero, por el momento vamos a quedarnos en ella. Vista así, se presentan cuatro condiciones necesarias de la mentira, a saber: primero, la condición de enunciación (una persona que hace una declaración); segundo, la condición de falsedad (esta persona debe considerar falsa a la enunciación); tercero, la condición de destinatario (el enunciado falso debe ser comunicado a otra persona o público); cuarto, la condición de engañar al destinatario (tiene que haber una intencionalidad).
Por otra parte, a lo largo de la historia hubo ya pensadores que observaron y definieron ciertos matices de la mentira que implicaban una mayor o menor gravedad. Así, Agustín de Hipona enumeró ocho clases de mentira en su opúsculo Contra mendacium, los cuales fueron luego reafirmados por Tomás de Aquino en la Suma Teológica. De entre ellas, las siguientes son las que nos pueden interesar: “la segunda, la que no aprovecha a nadie y daña a alguno; la tercera, la que aprovecha a uno dañando a otro; la cuarta es aquella en que se miente únicamente por el placer de mentir y engañar; la quinta es la que se dice por el deseo de agradar; la sexta es aquella que, sin perjudicar a nadie, aprovecha a alguno para asegurar sus bienes de fortuna”. Vale agregar aquí la etimología de la palabra «mentira» que enuncia el aquinense: “mentira es lo que se dice contra la mente”, esto es, el intento de falsear el pensamiento de otro.
Con las sendas abiertas, precariamente podemos hacernos al menos dos preguntas relacionadas con el artículo periodístico: primero, si el sistema estadístico ha sido adulterado por el gobierno, al menos en lo que respecta al Índice de Precios al Consumidor, es algo fácilmente ratificable (esto lo hemos visto y lo vemos en nuestras propias canastas de consumo en forma muy marcada), lo que nos llevaría a una contradicción con la definición de mentira pues, como público general la condición de engaño no existiría, no hemos sido engañados, pues, si bien no con precisión, somos conocedores de ello; segundo, si bien lo sabemos y por algún motivo lo desconsideramos, sí pueden existir casos de personas físicas o jurídicas que tengan algún tipo de contrato con cláusula de ajuste por IPC que sí se vean afectados (por ejemplo, los sueldos); tercero, ¿qué ocurre con el supuesto autoengaño del gobierno?, ¿acaso es posible la autoenunciación de una mentira?¿puede uno mentirse a sí mismo con una intencionalidad consciente de engañarse?
Me disculpo con los lectores pero, como el tema es un poco extenso, lo continuaremos en próximos escritos, agregando la lectura que algunos filósofos contemporáneos han hecho sobre el tema de la mentira y la política.
Alejandro Fidias Fabri
PS: Agradezco al economista Luis Rappoport, cuyo escrito ha operado de inspiración de estas migajas filosóficas.

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Un pensamiento en “El tango de la mentira y la política…

  1. Muy interesante la reflexion que propones Alex!!,tenes que seguir desarrollandola, porque ya que tiraste estas primeras migajas, vamos por un poco mas!! hay tela para cortar!, bss, Moni Rivera

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