Alexis de Tocqueville
Alexis de Tocqueville

Recuerdo que cuando yo era un adolescente mi padre leía diariamente cinco periódicos nacionales. Su obsesión lo llevaba hasta el detalle de ver todos los avisos fúnebres. Es así que junto con mis hermanos no faltó la oportunidad en que alguno lo haya interpelado preguntándole por tamaña dedicación. Distraídamente respondía: “Toda persona sociable tiene la obligación de leer los avisos fúnebres”. A continuación esbozaba una sonrisa y mirando pícaramente por sobre sus anteojos, agregaba: “además, si no me encuentro a mí, me quedo tranquilo”. Luego del ejercicio de la lectura, venía el de rearmado y apilado en orden de los periódicos. Cuando se le presentaba una cierta disponibilidad de tiempo, una vez por semana se dedicaba a hacer recortes a tijera de los artículos que le interesaban por sus negocios o apetencias políticas e intelectuales, a fechar y escribir la fuente con una birome, y clasificar y archivar en carpetas temáticas. Todo esta tarea la había convertido en una suerte de ritual que acompañaba con una gran tetera preparada con Orange Pekoe Tea y agua hirviendo –si no estaba hirviendo, no la aceptaba-, y un enorme tazón. Diariamente completaba esta información con sus diálogos con los conductores de los taxímetros que tomaba, portavoces –según él- de lo que ocurría en la calle. Los dichos de un taxista podían llegar a estar a la altura del mejor de los periodistas de opinión. Tuvieron que pasar varios años para que yo comprendiera este ritual. Mi padre, con algún extraño algoritmo, armaba así su propio análisis de la situación general que enmarcaba las decisiones que debía tomar en su situación particular. En cambio para mí, en un pensamiento juvenil y reduccionista, los periódicos transmitían verdades (desconocía aun lo que significaba el punto de vista, la parcialidad, los intereses, etc.) y en consecuencia, con leer uno era suficiente. Así, llegué a leer “El Diario”. Hoy leo superficialmente por internet cuatro nacionales y cuatro o cinco extranjeros. Aun así sé que estoy lejos de estar informado. ¿Es entonces una pérdida de tiempo? A la manera de Maquiavelo, vamos a recurrir a las enseñanzas de la historia.
Alexis de Tocqueville fue un pensador y político francés de la primera mitad del siglo XIX. Realizó un viaje a los Estados Unidos de Norteamérica para analizar el funcionamiento de esa emergente democracia y poder compararla con Francia. Entre 1835 y 1840 escribió su famosa obra La democracia en América, en la cual le dedicó cierto espacio a la prensa en los Estados Unidos. Narró el impacto que le causó la libertad de prensa americana y como se asombró al ver en el primer periódico que tuvo en sus manos el lenguaje virulento utilizado para con el presidente Andrew Jackson. Este era calificado de déspota sin corazón, interesado sólo en conservar su poder, ambicioso, intrigante, corrupto y jugador desenfrenado. Tocqueville realizó observaciones interesantes, tales como: primero, en América había una gran cantidad de periódicos con un poder distribuido o atomizado, mientras que en Francia el poder estaba concentrado (consideraba que en Francia requería estar concentrado para enfrentar tamaño enemigo como el Estado, mientras que en América era un axioma político que la neutralización de la prensa se lograba con la multiplicación de su número); segundo, la prensa americana dedicaba tres cuartas partes a avisos comerciales y el resto a noticias políticas o meras anécdotas, mientras que en Francia, las discusiones políticas eran la parte vital, las noticias eran poco numerosas y, los avisos comerciales tenían un espacio reducido; tercero, en América los periodistas atacaban groseramente a los políticos, aún en sus vidas privadas, en Francia el espíritu era el de discutir violentamente pero de manera elevada los intereses del Estado; cuarto, en América, los periodistas eran de menor posición social y poco atractivos de leer, por ello utilizaban como subterfugio en sus artículos el alterar y desnaturalizar los hechos.
Aún con las diferencias presentes en ambos países, para Tocqueville, la prensa cumplía la importantísima función de ser el tribunal de la opinión. ¿Por qué tribunal? Porque era el último resguardo del pueblo cuando fallaba el tribunal de la justicia. La libertad de prensa y la soberanía del pueblo eran dos cosas correlativas. Advierte finalmente que la libertad de prensa produce bienes inestimables, pero para poder recibirlos hay que someterse también a los males que produce. No se puede “querer los unos sin soportar los otros”.
Retornando a nuestra pregunta original, los grupos de multimedios son hoy en día mucho más poderosos y muy vinculados a intereses económicos, pero, son nuestro cuarto poder, nuestro tribunal de la opinión. Sus formatos, estilos, voces, silencios e intereses son diversos. Su capacidad de imponernos opiniones es tremenda. Aún así, hacer el intento de separar la paja del trigo es una tarea necesaria del ciudadano. Es mejor estar mal informado e intentar remontar esa situación a no estar informado.
Alejandro Fidias Fabri

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