En el cierre del enjuiciamiento por prevaricato del juez Baltasar Garzón por sus investigaciones y causas contra los crímenes durante la Guerra Civil y el franquismo ante el Tribunal Supremo español, éste hizo uso de su derecho a la última palabra, y citó al filósofo alemán Immanuel Kant: “El tribunal del hombre es su conciencia”. Agregó que la suya estaba tranquila. Si bien fue finalmente absuelto, su victoria como infatigable luchador de los derechos humanos fue pírrica: el Tribunal sentenció que él no cometió prevaricato sino un error, y con éste dictamen clausuró la oportunidad de que otro juez español pretenda en un futuro continuar con sus investigaciones.
Por otro lado, en un caso no directamente vinculado, tenemos las declaraciones que hizo el exdictador Videla en la segunda entrega de la entrevista al semanario español Cambio 16. Allí reafirma nuevamente el accionar del Proceso de Reorganización Nacional. Narra algunos acontecimientos con una esmerada precisión y otros con una esmerada imprecisión. Algunos de sus argumentos presentan importantes contradicciones y lagunas, cuando no perversión.
En uno de ellos, relata que en 1975 en una reunión del presidente interino Luder con los Comandantes, él mismo expuso un menú de cuatro opciones de cursos de acción, “que no viene al caso detallar ahora” (sic), “los cursos de acción del 1 al 3 eran más contemplativos, pautados con el fin de evitar errores”, y el doctor Luder eligió el cuarto, “que era el más riesgoso en cuanto que confería más libertad de acción, pero garantizaba que en no más de un año y medio el terrorismo sería derrotado”.  ¿Qué habrá significado para Videla “ser más contemplativo” y “evitar errores”? Saberlo puede llegar a producir escalofríos. Con estos dichos intenta deslindar las responsabilidades en Luder, pero, ¿será que el plan 4 que él mismo expuso, tenía implícito su oscuro objetivo de derrocar al gobierno constitucional? Es sabido que hay dos decretos secretos de 1975 del Gobierno Constitucional que ordenan ejecutar “las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos”. Aniquilar el accionar no necesariamente significa aniquilar a los subversivos. En cambio, hay órdenes secretas del Ejército Argentino de los comienzos del Proceso que ordenan “aplicar el poder de combate con la máxima violencia para aniquilar a los delincuentes subversivos donde se encuentren”. Aquí, por un lado, cabría la duda sobre el significado del sintagma «delincuentes subversivos» y, por el otro lado, sorprende que ex post facto decidieran que se trataba de una guerra, cuando el «enemigo» de esa guerra había sido llamado «delincuente». Por suerte o por desconocimiento, sus excesos discursivos no llegaron tan lejos como para utilizar la frase de Kant que expresó Baltasar Garzón. Pero, tan sólo la reafirmación por parte de Videla de los actos que llevó a cabo implicaría la tranquilidad de su conciencia.
Ambos casos se encuentran en las antípodas en lo que se refiere a derechos humanos, en ambos el tribunal de la conciencia kantiano ha cumplido con su tarea, y ello está explícito en un caso y estaría implícito en el otro. ¿Cómo funciona para Kant el tribunal del hombre que es su conciencia moral? Lo describe en detalle en su Metafísica de las costumbres de 1797. Tomada una decisión que puede ser moralmente buena o moralmente mala, adrede o sin quererlo, hay una instancia de reaseguro que es el enjuiciamiento que se produce en el tribunal de la conciencia del acusado –aquél que tomó la decisión-. Este tribunal es la conciencia moral.
Kant afirma que “el asunto consiste aquí en llevar una causa jurídica ante un tribunal” y agrega que aunque se trate de un quehacer del hombre consigo mismo, a los efectos de que no se presenten contradicciones, la razón del hombre acusado por su conciencia moral tiene que crear a un otro real o ideal que opere como juez. Remarca la extrema escrupulosidad del juicio y alerta que “una conciencia moral ancha es lo mismo que decir que no tiene conciencia moral”.
Continúa explicando que una vez realizado el acto moral, “se presenta en la conciencia moral primero el acusador, pero a la vez con él también un abogado (defensor)”. El juicio se resuelve según el rigor del derecho. Le sigue “la sentencia de la conciencia moral, con fuerza de ley, de absolver al hombre o condenarlo, sentencia que constituye la conclusión”. La absolución tan solo produce “el sosiego tras la inquietud anterior”.
Es solo del conocimiento de cada uno saber si efectivamente su conciencia está sosegada o no. No tener este conocimiento implica no tener conciencia moral.
Alejandro Fidias Fabri
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