Always Franco, por E. Merino

Imaginémonos como ejercicio una tarde libre en Madrid en la segunda quincena de febrero. Ideal para visitar la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCO Madrid 2012. Una vez adentro, con catálogo en mano, ir a paso relajado viendo las últimas propuestas en arte. Algunas resultan atractivas como para detenerse y disfrutar estéticamente, otras para conceptualizar, otras para seguir de largo. De pronto, en el rincón de una sala, donde se ubica la galería barcelonesa ADN, un amontonamiento de personas cuchicheando. Invadido por la curiosidad, atravesar esa marea humana a los codazos, alcanzar la primera fila y…quedarse estupefacto. ¡Joder!¡El mismísimo cadáver del Generalísimo Franco embalsamado adentro de una vitrina! Sorpresa, horror, estupor y sobresalto. La experiencia sensible deja paralizado. Una vez recompuesto, se entera uno de que se trata de una provocadora obra de arte del joven artista madrileño Eugenio Merino, titulada “Always Franco”. No es el cadáver embalsamado sino una muy buena reproducción de Franco, en tamaño real, realizada con materiales sintéticos, cabello humano, ojos de cristal y uniforme de tela. Este cuerpo sintético se encuentra en posición vertical, encerrado en una refrigeradora-expendedora de Coca Cola, con el frente de vidrio. ¡Es humor negro! Pregunta obligada: ¿Qué habrá querido significar el artista? ¿Acaso esto es arte? Para intentar comprender, vamos a realizar un compacto análisis desde diversas ópticas:
Primero, y no por ello lo más importante, el artista declaró en el periódico El País que con “Always Franco” “quería reflejar cómo es España, cómo tenemos en la cabeza esa imagen, que es nuestro ícono, y que está como congelada en nuestro cerebro. […] Franco es como un Walt Disney”. Agrega que el hecho de haber retirado monumentos del Generalísimo de emplazamientos públicos, no ha retirado su presencia en la consciencia colectiva, “es un problema conceptual, no visual”. Su crítica es desde el humor negro a aquellos que han querido invisibilizar lo visible.

Segundo, entendiendo que se trata de una obra con contenido de humor negro, vamos a recurrir a Kant, quien, al referirse a la risa/humor explica la teoría del sinsentido (porque el discernimiento no logra encontrar satisfacción) en su Crítica del discernimiento . Dice que “la risa es un afecto a partir de la repentina transformación en nada de una expectativa en tensión”. Podemos pensar entonces que el observador pasa por distintas etapas emocionales en su exposición a la obra: primero, la experiencia sensible deja estupefacto; segundo, la estupefacción genera expectativa; tercero, la expectativa en tensión se transforma en nada; cuarto, la nada se resuelve en sonrisa; quinto, se conceptualiza la obra. Claramente hay un desarrollo emocional desde que se genera una expectativa truculenta hasta que ésta es disuelta y conceptualizada.
Tercero, nos encontramos, a partir de los ’80 en lo que el teórico del arte Arthur Danto clasificó como «arte posthistórico». Esto es, el fin del relato único, el paroxismo de estilos y el “giro desde la experiencia sensible hacia el pensamiento”. Danto afirma que “sólo cuando quedó claro que cualquier cosa podía ser una obra de arte se pudo pensar en el arte filosóficamente”. Esto significa que la obra sólo opera como disparador para conformar un concepto pensado que la trasciende (¿Acaso esto implica que el artista piensa la obra desde el concepto, o que el concepto es un subproducto de la obra?). La obra “Always Franco” es un excelente ejemplo de arte posthistórico, pues la ausencia de unidad estilística permite la «imagen apropiada». Explica Danto que “el «apropiarse» de imágenes con significado e identidad establecidos y otorgarles nueva significación e identidad” es la característica que demuestra la validez de la multiplicidad estilística. Aquí lo apropiado fue, por un lado la imagen de Franco, y, por otro lado, la refrigeradora-expendedora de Coca Cola. La unión de ambos fue una resignificación. Esta resignificación tendrá diversos valores de acuerdo con la significación que cada observador le de a los componentes. Podemos agregar que «Always Coca Cola» fue el eslogan utilizado en 1993 por la empresa.
Si bien hay muchas más aristas para investigar, el espacio lo hace imposible y quedará para sucesivas entregas. Respecto a la opinión de los miembros de la Fundación Franco, es capítulo aparte.
Alejandro Fidias Fabri
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