El filósofo norteamericano Thomas Nagel  actualmente dicta clases de Filosofía Política, Ética, Epistemología y Filosofía de la Mente en la Universidad de Nueva York. De entre sus preocupaciones filosóficas, encontramos un particular interés en la posibilidad o no del ser humano de alcanzar algún grado de objetividad. Ello atañe a los temas que venimos tratando sobre verdad y medios de comunicación. Digamos que está vinculado a la posibilidad de un periodista de aprehender al objeto (siendo el objeto el acontecimiento que será informado).

A estos efectos, nos interesa su texto La mirada desde Ningún Lugar (The View from Nowhere) de 1986. ¿De qué trata? Es sabido que la posibilidad propia del ser humano es la de alcanzar sólo el punto de vista subjetivo, no aprehender al objeto completo. Es a través de estrategias discursivas que desde el punto de vista se puede construir una supuesta “objetividad”. Podemos tomar como ejemplo que cuando ocurre un acontecimiento extraordinario con varios testigos presenciales, en términos generales, sus declaraciones suelen diferir. Sólo una mirada omnisciente divina –Dios- podría acceder a la totalidad del objeto.
¿Qué piensa Nagel? Las personas, portadoras de la perspectiva subjetiva del mundo (punto de vista), tendrían la capacidad de trascenderla y, de una manera desapegada de ellas mismas, tener una visión del mundo de mayor objetividad desde la «Mirada desde Ningún Lugar». Sería como un yo expandido. También, podemos pensarlo como ese lugar de “imparcialidad” en que se puede narrar un acontecimiento. Este tema es complejo y da para mucho, pero vamos a cambiar el ángulo para dirigirnos a una anécdota que narra Nagel en ese texto, para referirse a la vida en general, vinculándolo con el punto de vista subjetivo.
En 1979, siendo profesor en la Universidad de Princeton, encontró que adentro del mingitorio del baño del departamento de Filosofía había una araña de tamaño medianamente respetable. Cuando éste no estaba en uso, la araña se ubicaba en la base del mismo, dentro del caño de desagote. Cuando estaba en uso, la araña hacía su camino hacia arriba, hasta alcanzar la parte menos húmeda de la porcelana. A veces era arrastrada por el torrente de agua y luego bregaba por volver a subir a contracorriente. En un mingitorio que era usado cerca de cien veces al día, la vida de la araña parecía ser miserable y desgastante. Nagel pensó que la misma porcelana del mingitorio le impedía salir de esta trampa constante. Fue así que un día decidió ayudarla: tomó una toalla de papel, se la acercó y, cuando la araña se hubo subido, la retiró y la colocó en un costado, sobre el piso de cerámica. Pensó que si la nueva situación no le era atractiva, ella retornaría por sus propios medios al mingitorio. En un primer momento, la araña se quedó sobre el papel como si estuviera paralizada. Así siguió por unas horas. Al día siguiente, Nagel fue a controlarla y encontró que tenía las patas encogidas “a la manera característica de las arañas muertas”. Una semana después, alguien ya había limpiado el baño sin dejar rastros. En éste trágico final, él vio el peligro de combinar perspectivas distintas (su perspectiva y la perspectiva de la araña).
¿Cómo traslada esta experiencia al significado de la vida en los seres humanos? Generalmente estamos ubicados en lo que sería la «mirada subjetiva», para la cual, las condiciones que nos dan significado a la vida ya nos vienen dadas, “como parte del paquete”. Estas son determinadas “por el bien y el mal, la felicidad y la infelicidad, el amor y la soledad, los logros y los fracasos, y más específicamente por ser personas particulares que se encuentran en un marco social e histórico particular”. Es desde esta posición que vivenciamos la vida que nos toca llevar, con algunas cosas dadas y otras que lograremos nosotros. Desde aquí, nos preocupamos por estudiar, formar o no una familia, intentar caernos lo menos posible, intentar levantarnos cuando nos caemos, elegir una película para ver en el cine, etc. En cierta forma, estamos en la posición de la araña, cuyo equilibrio de vida estaba dado en su constante lucha por subir y caer.
Nagel ve un cierto problema sobre el significado de la vida cuando desafiamos esta mirada con una mirada más filosófica, con el «desapego objetivo» (esto es, tomar una distancia suficiente como para que nosotros sujetos nos veamos “desapegadamente” como objetos, expandir nuestro “yo”). La disparidad entre ambas visiones es enorme y “existiendo esta persona, será poco lo que pueda hacer pero seguir viviendo y así intentar obtener algún logro “por los estándares internos a su forma de vida”. Por supuesto que este “yo” expandido, con sus peligros, nos permitirá relativizar las situaciones cotidianas y quizá ajustar aquello que tomamos como sentido de la vida.
Sí queda claro que Nagel, al ubicarse en la mirada de Dios, le quitó el sentido de la vida de la araña. En tono jocoso me dijo una amiga: “la moraleja es que si alguien te quiere hacer parar sobre una toalla de papel, tenés que huir”. Profundizaremos el tema en próxima publicación.
Alejandro Fidias Fabri
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