¿Jura decir la verdad, toda la verdad…

En los últimos meses las noticias que son tradicionalmente clasificadas dentro del rubro «Policiales» han ganado espacio en los medios. Entra en juego en ellas un tercer tipo de verdad (en escritos precedentes hemos visto la verdad como desocultamiento o develamiento del ente y, la verdad como adecuación del enunciado a la cosa –veritas est adaequatio intellectus ad rem-). Esta es la verdad que denominaremos «verdad jurídica» y se corresponde con la verdad alcanzada en un tribunal como resultado de un proceso jurídico. Se trata de una forma moderna de la verdad que estuvo presente en la Grecia Clásica, para permanecer en la oscuridad hasta pasado el Medioevo. Como ejemplo de la antigüedad, podemos recordar el proceso a Sócrates, descripto en las Apologías de Platón y de Jenofonte. Como uno de los varios y variados ejemplos de la historia en los que estuvo ausente este tipo de proceso Foucault señala que “en algunas regiones del norte de Francia, durante el Imperio carolingio, había una prueba célebre que se imponía a quien fuese acusado de asesinato: el acusado debía caminar sobre hierro incandescente, y si se comprobaba dos días después que aún tenía cicatrices, perdía el proceso”. Digamos que se trataba de una cruenta y paradojal forma de buscar la verdad, con un resultado más cercano al abuso de poder que a la búsqueda de justicia.
Pasada la Edad Media, ocurre un renacimiento de la práctica social de las formas racionales para producir la verdad, tanto como las técnicas, conocimientos, normas y reglas que han de aplicarse para ello.
Si bien el objetivo de un proceso judicial es que se haga justicia de acuerdo con la ley, va de suyo que la verdad ocupa un lugar central. Cuando un juez dicta sentencia, no sólo está enunciando la verdad producida por el proceso, sino que está haciendo la verdad. Es una expresión realizativa: en palabras del filósofo británico J. L. Austin, “emitir la expresión es realizar una acción y ésta no se concibe normalmente como el mero decir algo”. El enunciado, por el solo hecho de declararlo, se convierte en la verdad, la verdad jurídica.
Si bien es de esperar que la «verdad jurídica» sea coincidente con los acontecimientos reales, de entre los varios problemas que se presentan para ello, hay dos que son inherentes al sistema y al ser humano: a los efectos de dar su veredicto, en la figura del juez convergen dos tipos de “verdades”, la quaestio facti (la cuestión de hecho, material, los testimonios, las pruebas, las indagaciones) y, la quaestio iuris (la cuestión jurídica, las leyes, normas, reglamentaciones). La verdad está en juego entre estos dos aspectos: las cuestiones de hecho que deben acordar con las cuestiones jurídicas. Debemos agregar a esta situación las apelaciones y elevaciones de las causas a tribunales superiores.
Podemos concluir que la «verdad jurídica» está tan vinculada a un proceso bajo cumplimiento de determinadas reglas como al ajuste o concordancia con los acontecimientos reales.
¿Qué pasa con los medios? De entre el amplio espectro de acciones que existe, puede darse el caso de que algunas veces los medios operen en el camino de la búsqueda de la verdad real (como adecuación a los hechos) y, puede darse el caso de que simplemente tomen al proceso jurídico como un medio más de producción de “noticias mercancía” que ingrese en la babélica lógica de la opinión pública.
Entonces, ¿qué es la verdad? Seguiremos abriendo el concepto.
Alejandro Fidias Fabri
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