Los medios de comunicación y la esquiva verdad…

Los medios de comunicación y la esquiva verdad...Pareciera ser que el estar informado trata sólo de tener el suficiente tiempo disponible para leer un diario, ver un noticiero, o escuchar la radio. Puede resultar una tarea más compleja si pretendemos vincular la información con la verdad.
Hubo tiempos en los que la verdad de lo enunciado estaba garantida por las Musas del Olimpo, los dioses y las diosas. Así, sabemos que Hesíodo transmitió la verdad en su Teogonía, por estar ésta precedida por las siguientes palabras: “…me hablaron así esas diosas, las Musas del Olimpo, hijas de Zeus tempestuoso:”. Lo mismo ocurre con la Odisea de Homero: invoca a la inspiración divina comenzando el poema con “Musa, dime del hábil varón que en su largo extravío…”.
Con el correr de los siglos, la forma de garantizar la verdad cambió tanto como el mismo concepto de verdad. Es así como ha llegado a ser algo inherente a los tiempos que corren el estar permanentemente atravesados por un sinnúmero de informaciones y, nuestra tarea, el intentar depurarlas de los sentidos, ideologías, tendencias e intereses que conllevan. Desde una postura ingenua podemos considerar que el estar informado significa simplemente ejercer el derecho a conocer determinados acontecimientos de la realidad a través de enunciados que sean verdaderos. O sea, estar informado significa estar bien informado y estar bien informado significa estar informado con la verdad.
Ahora, bien. Aunque es de todos sabido que los medios de comunicación adhieren a puntos de vista, a tendencias y a posturas de ellos mismos y de sus lectores/audiencias objetivos, es de suponer que exista algún tipo de vínculo entre su contenido y la verdad.
Cuando nos encontramos leyendo, mirando u oyendo a un medio o a un informador particular es porque, primeramente, hemos establecido una relación de afinidad y, segundo, implícitamente hemos conformado un contrato de credibilidad del tipo “doy por sentado que los enunciados que este medio produce son verdaderos y representan fielmente a la realidad”. Implícitamente, también hemos dado por sentado que hay una ética periodística, que hay una ética empresarial y que hay determinadas reglas por cumplir para producir un enunciado. Esto, aún a sabiendas de la humana imposibilidad de aprehender omniscientemente la objetividad.
Vamos a ejemplificar con un enunciado producido a principios de mayo de 2011: “Osama Bin Laden fue muerto en Abbottabad en un operativo llevado a cabo por las fuerzas especiales norteamericanas”. Tenemos aquí al menos dos aspectos de la verdad a analizar: por un lado, hay un referente que es Bin Laden y, por el otro, hay una predicación de este referente (su muerte en manos de las fuerzas especiales). El primer aspecto queda englobado en el concepto griego de la verdad como aletheia, la verdad como desocultamiento, como develación de la esencia: efectivamente existe un ente que es Bin Laden y le son esenciales determinadas características. O sea, Bin Laden podría ser como un billete de 100 pesos verdadero o como uno falso. Un segundo aspecto es que el enunciado predica que este ente existente que es Bin Laden, fue muerto en un lugar determinado, de una manera determinada. Este es otro campo en donde está en juego la verdad. Al respecto, afirma Heidegger que “un enunciado es verdadero cuando lo que significa y dice coincide con la cosa sobre la que se enuncia algo”.
En esta primera aproximación al tema de la verdad, debiéramos, entonces, encontrarnos con dos concordancias: por un lado, la concordancia de una cosa con lo que previamente se entiende por ella (Bin Laden, ser humano, terrorista, etc.), y, por otro lado, la concordancia de lo dicho en el enunciado sobre la cosa, su predicación (fue muerto por las fuerzas especiales norteamericanas en Abbottabad) y los acontecimientos reales.
Ahora bien, si el hecho de informar la verdad es tan simple como cumplimentar estos dos aspectos, ¿por qué nos encontramos a menudo con versiones contradictorias, por qué distintos medios comunican distintas realidades? El tema en cuestión es complejo. De momento quedémonos con una analogía sobre dichos del filósofo Kojeve a Lacan, refiriéndose a la lectura de Platón: los medios nos ocultan tanto la realidad como nos la revelan. ¿Cómo y por qué? Lo analizaremos en futuros escritos.
Alejandro Fidias Fabri

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