Exposición de arte: serie «La impermanencia de la forma»

Cris Schiavone en la última edición de Gallery Nights 2011 – Palermo Viejo
Libros del pasajeMartes 6 de Diciembre – 19 hrs
Thames 1762 – Ciudad de Buenos Aires
La impermanencia de la forma nos lleva indefectiblemente al transcurrir del tiempo, condición  necesaria para  que la forma sea impermanente. Retrotrae al inquietante poema de Borges en el que se refiere a Heráclito, el filósofo del devenir, cuando éste se enfrentó al “espejo fugitivo” del río que fluía y sintió “con el asombro de un horror sagrado que él también” era un río y una fuga. El río devenía, su forma devenía, pero el filósofo también devenía. Esto le causó horror. Ese horror era sagrado. Era una cuestión relativa: ¿cuál de las formas era más impermanente? En el caso de la serie de Schiavone, bien podrían los cuadros mirarnos y, al ver nuestro devenir, asombrarse de la impermanencia de la forma. Son también efímeros, pero seguramente nos trasciendan. Es una cuestión topológica, una cuestión de relaciones en la cual los observadores somos observados por entes que cumplen la función de mojones que “ubican” nuestra identidad.
Hay un sutil artificio en esta serie: la nobleza de sus materiales, la paleta baja, discreta y disimulada, crean un simulacro que conforma el armazón de lo-que-es alrededor nuestro, de lo que en su aparente trascendentalidad nos da elementos de fijeza, puntos de referencia, que nos permiten, desde la experiencia estética, sobrellevar el torbellino de la vida y la angustia de la finitud. El simulacro: si los cuadros son, nosotros también somos. Ficción de estabilidad. Es la estética, en su función de hacernos salir de nosotros, de nuestro estado de percepción cotidiana, la que cumple este doble juego de hacer emerger  nuestra angustia existencial y, paradójicamente darnos tranquilidad y deleitarnos. Schiavone artista cumple una función sacerdotal en la conjura que establece con su oxímoron: «la impermanencia de la forma» se opone a la forma expuesta en los cuadros, a la «permanencia de la forma», a los trazos de carbonilla y tiza secos, largos, cortos, blancos, gama de grises….forma. La inquietante coexistencia de los opuestos.
En esta línea de pensamiento, se puede sospechar de esa cierta ingenuidad que presenta Schiavone en el discurso. Es posible que su mensaje la trascienda. Cuando le fuera preguntado el por qué del hardboard usado como soporte, respondió con frescura: “¡es lo que tengo!”. Bien podría haber respondido: “¡por el simple devenir, por la impermanencia de la forma!” Quizá tuvo la delicadeza de no querer turbarnos con su respuesta.
Paralelamente, en este juego de contradicciones, de artificios y de simulacros, bien sabe Schiavone que en su conexión con los observadores a través de la obra, está simultáneamente exponiendo la otra cara del devenir, el nacimiento de la experiencia de reflexión que nos invita a hacernos cargo de nuestro ser-en-el-mundo. «La impermanencia de la forma», un sutil mensaje de una profunda artista.
Alejandro Fidias Fabri
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