La solución: un mundo ciego…

Policía arrojando gas pimienta a la “sentada”

Es de público conocimiento que días atrás, más precisamente el 18 de noviembre, las fuerzas de seguridad atacaron con gas pimienta a un grupo de estudiantes que realizaba una “sentada” en la Universidad de California protestando contra decisiones del gobierno del Estado y adhiriendo a las demandas del Occupy WS. Dicho gas provoca una ceguera temporal. Podríamos comprender la acción como una metáfora del vínculo que se quiere perpetuar entre el gobierno y el gobernado, entre el opresor y el oprimido, entre la violencia monopolizada y la no violencia. Los dos agentes ejecutores, muy probablemente hayan actuado cumpliendo un mandato inconciente de sus mandatarios: “¡Enceguece al pueblo de manera tal que no pueda ver las injusticias de las que es víctima!” Pero es también una metáfora contradictoria: en el mismo acto le están poniendo “pimienta” al conflicto.

Si bien Thoreau fue el ideólogo de la desobediencia civil, éste la pensó desde las acciones de protesta individuales (por ejemplo, no pagar sus impuestos). Con Gandhi evolucionó la teoría para convertirse en movimientos colectivos que mantuvieron como fundamento la ética individual de la no violencia.
En la segunda mitad del siglo XX, el filósofo John Rawls, hombre preocupado por la justicia social, define a la desobediencia civil “como un acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido habitualmente con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno”. Agrega que este acto civil de desobediencia no necesariamente viole la ley contra la que protesta, lo que la convierte en desobediencia directa (cuando viola la ley que ataca) o indirecta (cuando viola una ley distinta a la que ataca). Por ejemplo, el movimiento Occupy WS, al ocupar espacios públicos y generar problemas de salubridad, estaría violando leyes o regulaciones que difieren de sus reclamos (sintetizados en el 99% versus el 1%).
El reclamo regional que hacían los alumnos de la Universidad de California era: por un lado, el Estado de California anuncia recortes presupuestarios a la educación pública –ergo, un pueblo con menor acceso a la educación-, mientras que por el otro lado pretenden incrementar los incentivos fiscales a los ricos –ergo, perpetuar la desigualdad- y ampliar los servicios penitenciarios –ergo, tener apartada y vigilada a la creciente población que se vaya excluyendo del sistema-. Solución: gas pimienta.
Mahatma Gandhi
Aquellos que adhieren a estos movimientos de desobediencia civil, adhieren también a su esencia, que es el reclamo sin el uso de la violencia. Quieren cambios pero no a través de la fuerza. Norberto Bobbio, pensador italiano, refiriéndose a la desobediencia civil, afirmó que su objetivo es el de “poner en dificultades al adversario en lugar de […] destruirlo. No ofenderlo, sino volverlo inofensivo. No contraponer un poder, sino dejar al poder impotente”. Pareciera que el miedo a la impotencia estuviera produciendo un desasosiego tal que lleva al gobierno a incrementar la violencia. Lo lleva a la única lógica que conoce. Mientras tanto, somos testigos de otro paradigma de inducir cambios: a más violencia, más no violencia.
Veremos…
Alejandro Fidias Fabri
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