Maquiavelo y el León Africano entre las sogas…

Muamar el Gadafi gobernó Libia desde 1969, año en el cual derrocó al rey Idris. Si bien instauró una República bajo un sistema socialista con un cierto grado de distribución de las riquezas –Libia es uno de los grandes productores mundiales de petróleo-, también se le imputa el haber instaurado un terrorismo de Estado, torturado y matado y, el haber tenido implicancias con el terrorismo internacional. Por algún motivo, la situación fue aceptada por la comunidad internacional hasta el 2011.

Gadafi, por su pública oposición a líderes de algunas naciones del primer mundo y por haber impulsado y presidido la Unión Africana, se ganó los motes de «León Africano» y «León del Desierto». Es sabido que, en una tradición, el león es el rey de la selva, el ostentador del poder máximo sobre los restantes animales.
El final de Gadafi es ya por todos conocido: la filmación de su asesinato y del ensañamiento fue incesantemente repetida en los medios. Eso sí, no faltó la advertencia que creara la tensión necesaria entre el voyerismo perverso del público y el exhibicionismo obsceno de los medios y los poderes detrás de éstos: “Estas imágenes pueden herir su sensibilidad”. ¿Por qué tanto ensañamiento y tanto exhibicionismo? ¿Por qué unos cadáveres se esconden (Osama Bin Laden) y otros se muestran hasta el hartazgo? En clave de Maquiavelo, es aplicable su ejemplo del hijo del Papa Alejandro VI, de Cesar Borgia,  duque Valentino, quien era reconocido por su descontrolada ambición de poder y, por ser todo un engañador, despiadado y sanguinario. Para el duque, el poder todo lo justificaba. Relata Maquiavelo en El Príncipe que este duque Valentino conquistó en 1501 un territorio conocido por su belicosidad y, puso al frente a su lugarteniente general Remino de Orco, “hombre cruel y expedito”. Así, logró la pacificación y unión del territorio. Cuando ya Orco dejó de serle útil  y, a los efectos de ganarse él mismo a los pobladores, lo inculpó de haber hecho monopolio de víveres y de haberle conjurado y, lo mandó a asesinar. Faltaba aún el aspecto mediático. ¿Para qué? Exponiendo el cadáver de un gobernante cruento, su propia maldad quedaba suavizada, atenuada. Necesariamente, por razones de Estado, el cadáver fue exhibido “partido en dos pedazos, en la plaza, con un palo y un cuchillo ensangrentado a su lado”. Narra Maquiavelo que la tamaña crueldad del espectáculo pacificó y dejó estupefactos a los pobladores. Segundo objetivo de César Borgia. ¿Qué tiene que ver esto con Gadafi? También el ensañamiento para con su cadáver dejó estupefacto al pueblo de Libia, a otros pueblos y, a otros gobernantes de la región. Pero, fue un ejemplo. ¿Ejemplo de qué? Entre otras cosas, ejemplo de que en política, siendo sólo león, no se sobrevive.

Para Maquiavelo, un príncipe debe ser mitad hombre (para saber combatir con las leyes) y mitad bestia (para saber combatir con la fuerza). El buen príncipe mantiene su poder utilizando adecuadamente ambas naturalezas. Pero, aclara que la naturaleza bestia debe tener una doble cara: el león y el zorro. ¿Por qué? De acuerdo a las circunstancias, el buen príncipe deberá encarnarse en la naturaleza de una u otra: “el león no se defiende de las sogas, y el zorro no se defiende de los lobos”. Hay que ser zorro para conocer las sogas y león para espantar a los lobos. “Aquellos que se basan simplemente en el león no entienden el asunto”. Gadafi, el León Africano, quedó atrapado en las sogas. No entendió el asunto. ¿Cuáles fueron las sogas? Seguramente un complejísimo entramado entre intereses geopolíticos, intereses locales, momento histórico y sublevación de oprimidos.

Paralelamente, no deja de llamar la atención el intempestivo comienzo de la guerra a Libia realizada por los países (sogas) de la OTAN bajo el anodino nombre de «Operativo Protector Unificado». «Operativo» enmascara «Guerra», para que «Protector» devele la verdadera intencionalidad habría que agregarle de qué o de quiénes y, «Unificado» es el término que le confiere un sentido anticrítico a la frase. Cabe la posibilidad de que el tiempo ponga luz a estos acontecimientos.
Alejandro Fidias Fabri

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