Crecer a tasas chinas y la moral de los «18 peatones»…

Narra un artículo periodístico del 18 de octubre, que millones de chinos se expresaron a través de blogs y sitios web, haciendo conocer su repudio por la falta de sensibilidad que mostraron 18 peatones de la ciudad de Forshan, provincia de Guangdong, quienes pasaron caminando junto a una niña de dos años que había sido atropellada por un auto y vuelta a atropellar por otro, sin éstos brindarle ayuda alguna. Fue una humilde recolectora de basura la que alertó a la familia. La niña fue hospitalizada y falleció una semana después. El hecho trágico fue filmado por las cámaras de seguridad de la calle. Inmediatamente se instaló la discusión de si la culpa de semejante insensibilidad (tanto sea la de los conductores de los automóviles que se dieron a la fuga, como la de los peatones que caminaron junto a la herida, la vieron y siguieron caminando) se debía a la influencia comunista totalitaria o al novedoso y particular capitalismo. Las aguas se dividieron, pero casi todos estuvieron de acuerdo en que el hecho era reflejo de una inmoralidad creciente en la sociedad. Incluso, realizaron una encuesta en la que el 12 % respondió que hubiera hecho lo mismo (dejarla morir para continuar con sus propias diligencias). Con este acto, la decadente moral china quedó bautizada como la «moral de los 18 peatones».

Seguramente Confucio no estaría muy feliz de semejante situación, pero parece ser que su ética de las virtudes está quedando en el olvido. Ha sufrido demasiadas transformaciones culturales. Seguramente sea muy complejo de entender el sincretismo del Confucionismo, el comunismo de Mao, el comunismo sin Mao y el incipiente capitalismo.
¿Qué pasa con una ética racional occidental? Desde el utilitarismo del acto, muy afín con el capitalismo más radical, los hechos se condicen con la frase que lo caracteriza: “el mayor bien para el mayor número”, las 18 personas decidieron seguir de largo en aras de sus propios intereses. La cuenta matemática da 18 felicidades contra 1 infelicidad. El obrar fue correcto. Esta ética fue oportunamente criticada por Kant, pues podía llegar a justificar un hecho de estas características. ¿Cómo lo analizaría Kant? Con su ética del deber, primeramente, para el filósofo de Königsberg, todo ser humano, por tener dignidad, es objeto de respeto y es portador sagrado de una serie de derechos. Desde esta óptica, la niña no fue tratada con dignidad y no le fue respetado su derecho a la vida. No fue tratada como el valor absoluto que todo ser racional encarna. Desde una segunda óptica, los 18 peatones no actuaron con la libertad propia de los seres racionales: fueron esclavos de sus propios apetitos, lo que les impidió razonar. No razonar es no hacer uso de lo que es propio del ser humano, es actuar como animales, es no actuar con la autonomía del ser racional. Desde una tercera óptica, testeamos la acción del peatón que pasa y no se involucra con la niña herida con el imperativo categórico kantiano: “Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en una ley universal”. Esto significa que si soy peatón y me cruzo con una niña herida y no la atiendo, la máxima que guía mi acción sería: “cuando te cruces en la calle con un ser humano herido o moribundo, no te detengas”. Si esta máxima es llevada a ley universal y, consecuentemente, en el futuro tuviera un accidente algún ser querido mío o yo mismo, seríamos abandonados a la muerte. Ergo, no es conveniente universalizar una máxima de este tipo. Ergo, es un acto inmoral. Sería el fin de la solidaridad, el fin de la caridad. Por último, como resguardo ético, nos queda nuestro propio tribunal de la conciencia, el que según afirma Kant, nos censurará por el desfasaje producido entre cómo debimos haber obrado y cómo obramos. A la censura seguirá el remordimiento y el probable arrepentimiento.
Mientras escribía este caso de China, me puse a pensar en el artículo de un periódico local, que informó que hoy hay en Argentina aproximadamente 20 % de pobreza y 5 % de indigencia. Es justo aclarar que estos valores vienen reduciéndose en forma marcada. Pero, pensé que de ser así, nosotros, el restante 75 %, seríamos asimilables a los 18 peatones chinos. Tengamos presente que la indigencia es no satisfacer las necesidades mínimas alimenticias de un ser humano. Queda claro que como primer punto de lo que la presidenta llamó “profundización del modelo” para su segundo mandato, debe estar el objetivo de una Argentina con 0% de indigentes y 0 % de pobres. La indigencia y la pobreza son absolutamente inmorales.
Alejandro Fidias Fabri
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