El trabajador, ¿un engranaje más?

Entre 1873 y 1890 tiene lugar una crisis económica en Europa conocida como la gran depresión. La gran competencia empresarial satura el mercado y hace caer los precios de los productos industriales, reduciéndose los beneficios. Se agudizan los conflictos sociales. Aparece la sociedad de clases, y los obreros se organizan en sindicatos ideologizados para reivindicar sus derechos. Son muy comunes los abusos en el trabajo: largas jornadas, trabajo infantil y femenino, condiciones de trabajo insalubres y paro.

El papa León XIII ve una sociedad inmersa en una gran crisis social, económica y de valores, que lo lleva a actuar mediante un pormenorizado análisis de la situación y a proponer directrices. Ello lo volcó en 1891 en la encíclica Rerum novarum, llamada así por ocuparse esta de las “cosas nuevas”, es decir, las situaciones sociales indeseables que afectaban a los obreros y eran producto de los “nuevos” vínculos laborales, de las “nuevas” tecnologías, de los “nuevos” mercados. La subtituló “Sobre la situación de los obreros”. 

Desde la filosofía, ya Marx, en sus Manuscritos económico-filosóficos de 1844 había señalado que la introducción de las máquinas al proceso productivo, base de las grandes manufacturas, “hace retroceder a una parte de los trabajadores a un trabajo bárbaro, en tanto convierte a la otra parte en máquina”.

La filósofa francesa Simone Weil, en el siglo XX, hacia la década del ’30, experimentó en su propio cuerpo el trabajo en una empresa metalúrgica, advirtió que el mal estaba radicado en que la identidad a lo largo del proceso la tenían las piezas producidas, y “los hombres desempeñan el papel de cosas”. Sus movimientos repetitivos frente a la máquina se oponen a la “inteligencia” que guardan ciertas máquinas automáticas. En esta desertificación de sus almas, los móviles que los sacan del aletargamiento y paradójicamente les extingue las conciencias, son “el miedo a las reprimendas y el despido, el deseo ávido de acumular céntimos y, en cierta medida, el gusto por los records de velocidad”. La filósofa no es pesimista ni revolucionaria. Entiende que el peso de la relación empresa-trabajador-consumidor deberá desplazarse hacia el trabajador para que humanice su situación. Es una visión teñida de realidad: ya no cree en la quimera marxiana del progreso indefinido de las ciencias sino que pretende soluciones parciales y efectivas. En esta posición, tampoco cree en una liberación o emancipación del trabajador ni en un retorno al trabajo artesanal, sino en mejorar las condiciones de inserción del trabajador en el sistema moderno de fabricación.
Hoy en día vemos, en general, que se ha realizado mucho en aras de una mejora en las condiciones del trabajador. Esto no se ha logrado sólo merced a las tecnologías, las legislaciones, la medicina, y a los estudios de psicología ambiental o laboral, sino también al advenimiento de la ética en las empresas americanas a partir de los ’70, como una disciplina necesaria. Esto no ha implicado sacar la rentabilidad como eje propio de los negocios, sino contextualizarlo en un entramado de otros ideales tales como la dignidad, el respeto, los derechos humanos, el cuidado del medioambiente, y otros tantos. Estos operan sólo como ideales reguladores que proporcionan una meta a alcanzar. Sabemos que en muchos casos la meta es lejana, sabemos que en algunos casos es un maquillaje sólo volcado en los códigos de ética de las empresas y en otros, además, se trabaja sobre ellos.
¿qué ética empresarial?

Asimismo, en ausencia de una ética empresarial, se requiere de un Estado presente para la regulación de condiciones humanas mínimas. Actualmente, la Cámara de Diputados está tratando un proyecto de ley para darles condiciones dignas, evitar los excesos y establecer algunas garantías a los 60.000 trabajadores de los call centers (Página 12, 30/08/2011). En Francia, luego de la ola de suicidios que viviera la empresa France Telecom entre el 2009 y 2010, ha ocurrido ultimamente el suicidio de dos empleados de  la banca Societé General, en restructuración, llevados a cabo dentro de la misma empresa -algo pleno de simbología-.

Puede tratarse de llamados de atención a la imperiosa necesidad de éticas más inclinadas al respeto por la dignidad del ser humano y no sólo a la protección legal de la empresa.

Para pensar…

Alejandro Fidias Fabri

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