El presunto «voto plasma» versus la presunta «oposición»…

Sobre 20.699.663 votos positivos, pensar como Hugo Biolcati, presidente de la Sociedad Rural Argentina, que la mitad fue impulsada por el «voto plasma» o por estar narcotizados por los programas de Tinelli, es una opinión que muestra un grosero desdén por los votantes, al igual que un reduccionismo feroz.
Más que incentivar líneas de crédito para TV plasma, el kirchnerismo gobernó. Gobernar el país fue adherir activamente a ciertos fundamentos filosóficos y a un cierto paradigma de política económica. Llamarlo «voto plasma» es desmerecer la tarea. Por un lado, el kirchnerismo impulsó la repolitización de la sociedad, dejó aflorar lo político, dejó aflorar las diversas demandas. Hecho esto, logró articular varias de ellas con políticas de Estado. Ello implicó una enorme tarea, implicó el tener la vocación de ver los problemas, implicó el tener la vocación de buscarle a cada uno la apropiada y posible solución, implicó el aceptar estar expuesto permanentemente a la emergencia de tensiones políticas.
Por otra parte, mediante la acción política construyó un relato heroico renovado: el relato del país que durante décadas fue víctima de diversos intereses mezquinos y, un buen día, comenzó confrontando a los países centrales y a las instituciones internacionales para renegociar la deuda en términos adecuados a sus posibilidades de crecimiento. De la misma forma, afrontó otras situaciones, no muy populares en los ámbitos del establishment, funcionales al crecimiento real y sostenido de la economía y a una cierta distribución de la riqueza.
 Algún periodista ha aventurado que «la oposición», para las elecciones de 2011, estará unida por el espanto. Pero, en las primarias ha quedado expuesto que «la oposición», colectivo ficcional necesariamente funcional al armado del kirchnerismo, en realidad está compuesto por «las diversas oposiciones», irreconciliables unas con otras. Si los políticos profesionales de las oposiciones estuvieran verdaderamente unidos por el espanto, habrían operado cohesionados como «la oposición». Ya habrían convertido la ficción en realidad. Su desunión indicaría al menos tres escenarios posibles: que no hay genuinos motivos para estar espantados, que la mezquindad de cada uno de ellos es superior al espanto o, que sus respectivas ideologías –si es que las hubiera tan marcadas- les impiden asociarse.
Están también quienes durante mucho tiempo, en la ignorancia de la filosofía que fundamentaba el accionar político del kirchnerismo, hablaron de la búsqueda de consensos. Ahora, después de las primarias, se refieren a la necesidad de «equilibrar fuerzas» en el Congreso. Digamos, una suerte de aplicación de la Tercera Ley de Newton a la política. Igualmente, con este planteo están reconociendo ya la dimensión antagónica de “lo político”.
Es sabido que la política del kirchnerismo fue construir el poder desde las comprensión de las categorías puramente políticas de «amigo» y «enemigo» teorizadas por el jurista alemán Carl Schmitt. Dice la filósofa belga Chantal Mouffe que según estas categorías “el «ellos» representa la condición de posibilidad del «nosotros», su exterioridad constitutiva”. Así, el «ellos», «la oposición», fue en un principio una ficción construída e inducida por Néstor Kirchner para crear su espacio, el «nosotros», el kirchnerismo. Ya en el gobierno de CFK, tras ciertas medidas que le otorgaron popularidad, tras la perforación de la hegemonía de medios de información contrarios al gobierno, tras la cristalización del partido con fuerza propia,  redujo la intensidad de agresión hacia la oposición, lo que le permitió dejar expuesta la realidad: la oposición era un rejunte de oposiciones. Restó sólo entregárnoslos a los votantes, quienes terminamos con el trabajo que ellos comenzaron.
Vale cerrar con unas reflexiones de la filósofa francesa Simone Weil, quien refiriéndose al fenómeno del poder, advirtió que “hay que pensar que puede extender las bases hasta un cierto punto solamente, después del cual choca contra un muro infranqueable. […] Se extiende más allá de lo que puede controlar; ordena más allá de lo que puede imponer; gasta más allá de sus propios recursos”. Agrega que todo régimen contiene su anticuerpo constituido por “la oposición entre el carácter necesariamente limitado de las bases materiales del poder y el carácter necesariamente ilimitado de la carrera por el poder en tanto relación entre los hombres”.
Los poderes personales pasan, la Nación permanece…
Alejandro Fidias Fabri
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