La frase «cuando los acontecimientos cambian, yo cambio mi opinión», atribuida al economista John Maynard Keynes, nos revela aquello que no les fuera revelado a los funcionarios del  gobierno inglés. La revuelta social de este mes, comenzada en Londres y propagada a otras ciudades, los tomó por sorpresa -de acuerdo a sus declaraciones-. No consideraban tal hipótesis de conflicto. Seguramente pensaban en el modelo de relación gobierno-sociedad fundado en el pastorado cristiano, con ovejas sumisas, sin rebeliones de conducta.
Logo de la Marcha: trabajo, crecimiento, justicia.

En mayo de 2010, en consonancia con el paradigma neoliberal, el gobierno inglés lanzó un plan de reducción de gastos de 6.200 millones de libras esterlinas para el bienio 2010-11 (BBC News, 24/5/10). En marzo, bajo la consigna Marcha por la alternativa,  en Londres ya había tenido lugar una movilización de cerca de 500.000 personas (The Independent, 26/4/10), protestando contra el discurso gubernamental de que no había alternativa alguna a los recortes presupuestarios. Los movilizados pedían atención a dos puntos centrales: darle voz nacional a todos aquellos afectados por los recortes y, demostrar el rechazo al argumento de que no había alternativa. El plan de gobierno siguió adelante con la decisión sin alternativas. Este drástico plan de austeridad ya les está rindiendo frutos: llevan ahorrados en 10 meses unos 3.750 millones (Sustainable Gov, 1/8/11). El aspecto social, la repercusión en la ciudadanía, es harina de otro costal.

Las revueltas acaecidas este mes,  que detonaron con la muerte de Mark Duggan por manos de la policía, están atravesadas por variados componentes, tales como: afección de los sectores más vulnerables de la sociedad por los recortes presupuestarios, elevada desocupación, menor asistencia social, discriminaciones étnicas, delincuencia, y otros tantos. Podemos arriesgar a sumarles los dos puntos presentados en la Marcha por la alternativa: tener voz nacional y exhibir las consecuencias de la ausencia de alternativas al recorte.
Alguien ha comparado estos hechos con los del mayo del 68 francés. Ambos casos, si bien en su origen comparten la problemática social y económica, difieren en un aspecto capital: el mayo francés tuvo una utopía, la verdadera izquierda en sus variadas formulaciones (marxismo, maoísmo, etc.); el agosto inglés, en términos generales, sólo tuvo la desazón, el querer hacer visible a la parte invisible de la sociedad. Este oficialmente denominado “grave desorden social” carece de ideologías, carece de demandas explícitas. Su demanda implícita es que se sepa que tiene voz. Es poder ejercer lo que la democracia griega clásica denominó isonomía, tener todos los ciudadanos el mismo derecho a debatir unos con otros y a ser reconocidos como iguales. Cuenta Hannah Arendt que “los griegos decían que los bárbaros eran aneu logou, que no poseían la palabra”. La «no-parte» de la ciudadanía inglesa, los invisibles, tampoco tienen la palabra. Al igual que los esclavos griegos, no existen.
El filósofo esloveno Slavoj Žižek analizó algunas situaciones de violencia del pasado cercano europeo, y algunas de sus reflexiones son aplicables a este caso. Refiriéndose a los «revoltosos», afirmó que “su objetivo era crear un problema, señalar que ellos mismos eran un problema que no podía continuar siendo ignorado”. Una suerte de creo un problema, luego existo.

«hola, ¿me escuchás?»

Žižek hizo una analogía con el acto de comunicación formulado por el lingüista ruso Roman Jakobson: en el acto existen ciertas fórmulas ritualizadas que tienen por función comprobar si el canal de comunicación entre el emisor y el receptor está en funcionamiento. Cuando el emisor dice «hola, ¿me escuchas?», está comprobando si comparten el canal y el código con el receptor. En términos žižekianos, lo de Londres y otras ciudades inglesas, ¿no será un «hola, ¿me escuchás?»?.
No es para desconsiderar el hecho de que la policía, factor desencadenante de los acontecimientos, esté incluída en los drásticos recortes presupuestarios.
Para pensar…
Alejandro Fidias Fabri

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