London riot 2011

Cuando meses atrás hemos visto parte de las poblaciones de algunos países árabes utilizar los medios de comunicación más avanzados y las redes sociales para incentivar sus movilizaciones de protesta, el mundo occidental habló de medios liberadores que coadyuvaron a propagar el mensaje de libertad. Cuando en China el gobierno filtra o prohibe determinadas páginas web de occidente, se les imputa el avasallar los derechos individuales y los derechos a la información plural. Cuando en Londres ocurren revueltas -“London riots”- con un cierto grado de violencia, funcionarios de Scotland Yard responsabilizan a las redes de Twitter y al servicio Messenger de Black Berry (The Guardian, 08/08/11). Para estos funcionarios, en concordancia con la genealogía de la moral nietzscheana, los instrumentos de comunicación son «buenos» cuando son funcionales al proveedor monopólico de noticias (el amo) y «malos» cuando se le oponen (el esclavo). Los usuarios, aquellos que le dan el contenido, son instrumentales, no fines en sí mismos. El solo hecho de categorizar al contenido como «liberador», «violento» o «activador» sólo muestra el intento de manipulación lingüística y, quizá una ceguera de las implicancias que tiene lo que podemos denominar la «política 2.0», esto es, una política donde tienen protagonismo la mayoría de las tecnologías de comunicación presentes que nuclean o intercomunican a grupos de ciudadanos. Hay un desplazamiento de la concentración de la comunicación y sus contenidos desde la tríada gobierno-medios-grupos de poder hacia la ciudadanía. La ciudadanía ya no es sólo un espectador pasivo de la lúdica y banal emisión de mensajes de los funcionarios públicos sino que está tomando conciencia que son los funcionarios quienes se ven obligados a seguir los mensajes y contenidos que emanan de grupos sociales. Una suerte de democracia directa 2.0. Un retorno a los griegos. Tengamos presente que siempre la resolución de problemas políticos (“la política”) será insuficiente frente a la existencia de problemas políticos (“lo político”). Hay una falta que le es esencial. En términos de comunicación, siempre serán más los mensajes con contenidos que reflejen problemas existentes en la sociedad que los mensajes que informen soluciones concretas. En terminología weberiana, con los nuevos medios, la política está excediendo a los políticos profesionales y está ampliándose hacia grupos de políticos ocasionales.

En Argentina, hacia fines de 2001 hemos sido protagonistas de la eclosión de lo que se dió en llamar la visión “pospolítica”, la cual, globalización y operaciones mediante, naturalizó un mundo de pensamiento único, democracia liberal, horizonte sin hipótesis de conflicto, esperanzas de prosperidad, y ciudadanos transformados en apáticos consumidores. La situación provocó la emergencia de lo que el sociólogo Beck llamó la «subpolítica», esto es, “lo político irrumpe en lugares muy diferentes” y surje un variado tipo de demandas, las que son amplificadas por los nuevos medios de comunicación. Desde un lado podemos verlo como un desacoplamiento  de política y gobierno. Desde otro, como una ampliación de la política hacia grupos no institucionalizados. Los argentinos hemos aprendido algo y nos hemos repolitizado.
Podemos pensar que lo que está ocurriendo ahora en los países centrales, en términos generales, es el agotamiento del modelo pospolítico, el agotamiento del ciudadano transformado en apático consumidor, la demanda de políticos que gobiernen para que el pueblo esté mejor. Las medidas que hemos presenciado en estos últimos días tales como el Congreso americano alargando las negociaciones por el techo de la deuda, con aparente indiferencia a las urgencias del pueblo, los recortes presupuestarios de Inglaterra, España, Italia y otros, que finalmente repercuten y repercutirán en la caída de puestos de trabajo,  parecen dirigirse aceleradamente a la emergencia de grupos sociales con mayor involucramiento en las políticas de Estado. Ya no es suficiente con el voto.
Pareciera que los políticos actuales de estos países están incentivando las rentabilidades deTwitter y Black Berry…y la política 2.0.
Alejandro Fidias Fabri

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