He recibido con beneplácito el hecho de que el artículo “¿Será suficiente con la ética de la mamá?” haya generado un cierto interés entre los lectores. Éste se ha centrado primordialmente en la curiosidad que despertaron los dilemas planteados por el psicólogo Marc Hauser en sus encuestas y en la omisión de las soluciones. Me han enviado comentarios tales como: “no pusiste cuál es la solución”, “dejaste el tema abierto”, “yo elegiría tal opción, pero no sé si está bien”, “no entendí cuál fue el resultado de la encuesta”, y otros tantos.
Me aventuro a pensar que aquellos lectores que me hicieran notar la omisión pueden haber pensado en un descuido mío, o, hasta quizá, en una próxima entrega en la cual los resultados serían develados. No es así. Hubo una intencionalidad filosófica.
Normalmente, en nuestras acciones cotidianas nos manejamos en un nivel de ética prerreflexivo, nivel en el cual de una manera casi automática respondemos con una normatividad sin mayores cuestionamientos. Los ejemplos de las encuestas están recreando situaciones radicales a los efectos de econtrarnos con dilemas que requieren ya de un cierto nivel de reflexión. No es para nada casual que haya cerrado el escrito con la frase “para reflexionar…”. Ya no es suficiente con la prerreflexión.
Los seres humanos contamos con un saber prerreflexivo y con lo que podríamos llamar un «mecanismo engañador»: cuando no podemos o no sabemos qué acción tomar desde la óptica moral, ajustamos la moral a la acción mediante argumentos que tienen por objeto tranquilizar nuestras conciencias, no el actuar moralmente.Aquí es donde aparece la ética filosófica, con una función casi detectivesca: hacer una desagregación sistematizada de la situación y preguntarse no ya sólo “¿qué debo hacer?” sino también “¿por qué debo hacer X?”.
Por otra parte, la desagregación consiste en abrir las etapas que componen el hecho: “evaluación de la situación”, “intencionalidad”,”toma de decisión”, “acción”, “consecuencias”. Quizá, otro tema a tener en cuenta sería el de contemplar cuáles son  los fundamentos de cada una de las etapas, qué supuestos consideran, qué implicancias tienen.
Visto que la finalidad del artículo fue llevar a los lectores del nivel cotidiano de prerreflexión al nivel de reflexión, continuaré omitiendo las respuestas. Sí me parece oportuno plantearles que en una primera instancia no hay respuestas buenas o malas, correctas o incorrectas, siempre que uno se tome el trabajo de justificarlas racionalmente. En ese caso, no debieran presentarse inconsistencias entre las respuestas del primer nivel y las del segundo. Si las hubiere, hay que preguntarse por qué. Ingresando ya en este grado de profundidad, podemos entender que nos estemos moviendo en el terreno de la ética filosófica. Es aquí donde podemos ya empezar a discutir.
Alejandro Fidias Fabri
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